¡Hola, croquetillas! Hoy quiero hablaros de dos series semejantes que creo que merecen mención especial. No son shoujo ai en sí, pero tienen personajes curiosos que hay que destacar.

A mí me encanta el género este de chicas brutas pero tiernas haciendo lo que se les pone entre ceja y ceja, sin pensar mucho las consecuencias. Es lo que denomino hijoputismo adorable. Porque son cabronas, pero cuquis. Ya he comentado otras series de este tipo, Gokujou Seitokai, Non Non Biyori, Ichigo Mashimaro… Me gusta porque no se frenan por nada, no hay trabas que las molesten, para mí es una forma de demostrar ese feminismo de hacer lo que te da la gana sin importar el qué dirán o normativa social de toda la vida.

Pero hoy quiero hablar de dos series que no precisamente adorables. Tienen esa brutalidad y ese “hago lo que me da la real gana”, pero no, no son monas. Tienen más mala leche y hay una diferencia bastante apreciable con las otras series. Como dije, no son shoujo ai, ¿por qué comentarlas? Pues por la fortaleza e independencia de las chicas, la libertad que muestran, que no deben nada a nadie y les suda lo que piensen de ellas. Para mí eso es importante, libertad de hacer lo que te salga de ahí mismo. Seas como seas, que nadie te diga lo que no puedes hacer. O que te lo digan y te dé lo mismo, me es indiferente.

Empiezo a comentar las series, en estricto orden alfabético.

Asobi Asobase

La mencioné hace tiempo porque tiene un personaje trans. Es la serie de las jugadoras pasadas de tuerca. Tenemos a tres locas, cada una en su estilo. Kasumi odia los juegos porque su hermana la ganaba siempre y la puteaba, pero conoce muchos juegos y no es mala en ellos. Tiene miedo a los hombres, aunque le gusta el género gay. Esto da pie a muchas bizarradas. Hanako es muy inocentona y simple, aunque estudiosa. Le gustan los juegos, pero no es tan buena como Kasumi, aunque le pone mucho empeño. Quiere ser popular a toda costa, pero no le sale bien. Oilvia es de ascendencia americana, aunque ella no habla ni gota de inglés, esto dará pie a varias cosas. Quiere conocer muchos juegos.

Hanako, Olivia y Kasumi

Al comienzo de la serie, sin ver nada, parece que sí son muy adorables y tiernas y cuquis. Pero que no os engañe la primera impresión. Aunque mola mucho desencantarse de esa primera impresión.

Cuando se conocen las tres al comienzo del curso, terminan formando, por circunstancias varias, un club de jugadoras. Cada una tiene sus motivos. Hanako quiere ser popular, se apunta a lo que sea. Kasumi quiere que Olivia le ayude con el inglés y hacen el trueque de que Kasumi enseña juegos y Olivia inglés.

Aparte de ellas hay varios personajes secundarios recurrentes. La presidenta del consejo estudiantil, que sufre a todo el mundo. La bruja del club de ocultismo, sin desperdicio alguno. Varios profesores, muy especialitos todos ellos. Y está Aozora, personaje trans. Tampoco nos olvidemos del mayordomo de Hanako.

Es una serie con variedad de personajes, no es la hegemonía cis-hetero tradicional. También a destacar la clase de educación sexual con muñequitos que sufre la profesora responsable del club. Sinceramente, si queréis echaros unas risas con tías brutas y nada adorables, es una gran opción.

Chio-chan no Tsuugakuro

Traducción literal, “el camino a clase de Chio-chan”. Otra serie de chicas brutas haciendo gilipolleces. Con personaje secundario croqueta y una relación de amistad muy curiosa. Esta es otra de las series que me vi por recomendación de Arako. Aunque el primer capítulo no me llamó del todo, decidí seguir viendo, y no me arrepiento de nada.

Chio es una friki profesional, por decirlo de una forma suave. Todas las noches se duerme tarde porque se queda jugando a videojuegos. Las aventuras pasarán de camino a clase, o volviendo a casa. Porque el camino no es tan simple para ella. En su cabecita loca ve el entorno como si de un videojuego se tratara. Aparte de toda la fauna con la que se encuentra. Entre los encuentros y su lógica de mierda aplicando cosas de videojuegos a la vida real, pasa lo que pasa.

De nuevo no es shoujo ai, aunque Madoka, presidenta de un club deportivo, sí es croqueta y aprovecha el deporte para tocar y meter mano a toda la que se le ponga a tiro. Es un personaje secundario que saldrá unas cuantas veces, participando en las tonterías que sucedan en ese camino a casa.

Manana esperando la siguiente tontería que hará Chio

La secundaria más recurrente es Manana, amiga de toda la vida de Chio. Aunque solo tienen una relación de amistad y que se putean mutuamente, hubo un diálogo que para mí fue bastante curioso, en el que se insinuaba que Manana podía sentir algo por Chio, dejando a Manana como personaje bi. Chio se quejará en algún momento de que nadie se fija en ella, y Manana añade que no es verdad. Lo cierto es que las dos harían buena pareja, aparte de que nadie más va a aguantarlas con sus gilipolleces varias. Manana es la única que puede llevar el ritmo de Chio.

Cada capítulo son historias cortas con las tonterías que les pasan a esta pandilla de idiotas. Aunque, entre tontería y tontería, se va viendo la evolución en el trato de los personajes. Con la mecánica de historias cortas se hace bastante entretenida de ver, y hay personajes de todos los colores. Me costó pillarle la gracia al comienzo, pero pronto me enganchó bastante por el humor que se gastan.

Dejando las mini reseñas, insisto otra vez. Son series de humor con chicas con personalidad. Raras y de dar de comer aparte, pero chicas fuertes que no se cortan. Entre eso y el humor que gastan, creo que merece la pena verlas. Hay variedad de personajes, que creo que es valioso. Que no sea todo o blanco o negro. Estas series, sin ser blancas (shoujo ai romántico), tampoco es el negro lleno de cis-hetero como la mermelada de naranja [sí, sabéis a qué me refiero].

Nos vemos la próxima semana que ya empezaré a comentar la temporada de verano, que tengo elementos para juzgar.

¡Gokigenyou!