
Hay domingos en los que una se sienta con el café y resulta que internet ha sido generoso. Esta semana hay una película que recomendar, un reencuentro que ha removido mucho sentimiento colectivo y, como siempre, la sensación de que el universo lésbico no para quieto ni en fin de semana.

La primera parada es Forbidden Fruits, y os la recomiendo porque tiene exactamente la energía que una necesita cuando quiere ver algo que no le exija demasiado pero tampoco la trate como si no tuviera dos dedos de frente. La premisa: una empleada de una tienda de ropa en un centro comercial dirige en secreto una secta de brujas en el sótano después del horario laboral junto a sus compañeras. Todo va bien hasta que aparece la chica nueva del puesto de pretzels y lo desestabiliza todo. Es una comedia de terror, está producida por Diablo Cody (la de Jennifer’s Body, que ya es una garantía de determinado tipo de caos femenino), y tiene a Lola Tung, Victoria Pedretti y Lili Reinhart en el reparto. La crítica la ha comparado con Mean Girls y The Craft mezcladas, que es básicamente decirle a alguien como yo que se siente y la ponga. No es una película perfecta, pero es divertida, tiene estética, y es de esas que funcionan igual de bien en el sofá de casa que en una fiesta de pijamas con alguien que aguante el gore y las bromas malas. Para una tarde de domingo, difícil pedir más.
Y la segunda cosa es este reencuentro. El 1 de mayo, Taylor Schilling, Laura Prepon y Dascha Polanco se reencontraron, y la foto circuló por todas partes con la velocidad que solo tienen las cosas que la gente llevaba tiempo esperando sin saber que las esperaba. Orange Is the New Black terminó en 2019, siete temporadas, y sin embargo hay algo en ver a Piper, Alex (y Taystee) juntas de nuevo que activa una nostalgia muy específica. La de una serie que llegó en 2013 y que, con todos sus defectos, puso en pantalla una relación entre dos mujeres en el centro de la historia, con peso, con historia detrás, con una boda en una capilla improvisada de máxima seguridad que nadie que la vio ha olvidado del todo. Vauseman sigue siendo Vauseman, da igual cuántos años pasen.










