
Hay rankings que se publican como quien enseña una tabla de Excel y hay rankings que, si se miran con un mínimo de intención, cuentan otra historia distinta. El de las series españolas más vistas de Netflix ahora mismo pertenece claramente al segundo grupo. Porque más allá de los millones, que son muchos y muy serios, lo que aparece es un patrón en quñe historias queremos contar.
Estamos hablando de cifras altas, muy altas, y aunque sean en toque Netflix (esto es, dadas a su manera y no con usuarios únicos), la verdad es que impresionan. El refugio atómico suma 28,2 millones de visualizaciones. Olympo se mueve en torno a los 23 millones. Manual para señoritas alcanzó los 18,2 millones antes de ser cancelada. Machos Alfa, ya en su cuarta temporada, rondaba en la pasada los 10,7 millones. Valeria cierra su recorrido con 8,8 millones y Respira mantiene más de 8 millones en su segunda temporada. No estamos hablando de nichos. Estamos hablando de consumo masivo. Y en todas hay croquetas.
El caso de El refugio atómico, con todas sus movidas que son MUCHAS, es especialmente significativo. Con casi treinta millones de visualizaciones, la serie no solo ha funcionado a nivel de suspense y ritmo, sino que lo ha hecho colocando en el centro una relación entre mujeres. Vamos a jugar a taparnos los ojos con el final y demás, y vamos a centrarnos en que exista. Olympo juega a otra cosa, pero no menos reconocible. Más de veinte millones de personas han visto una serie donde Zoe y Jennifer se mueven en ese terreno tan poco inocente de la tensión sostenida, de las escenas que duran un segundo más de lo habitual, de las miradas que no se explican pero se entienden. Netflix sabe perfectamente lo que hace ahí.
Especialmente sangrante es lo de Manual para señoritas, con más de dieciocho millones de visualizaciones. Funcionó, tuvo público y generó conversación. Aun así, fue cancelada. No porque no interesara, que a la vista está que sí, sino por los golpes de timón que a veces desde fuera no tienen explicación. Los datos estaban ahí. La apuesta no continuó.
Machos Alfa resulta casi paradójica. Una comedia sobre hombres desubicados que termina ofreciendo una de las relaciones lésbicas más visibles del audiovisual. Luz y Paz, incorporadas en las últimas temporadas, no aparecen como chiste ni como contraste simpático. Son una pareja con conflictos reales, con recorrido y con presencia constante. Con sus movidas y sus imperfecciones, pero están tratadas como el resto de parejas de la serie. Y oye, en el ranking.
Valeria, con casi nueve millones de personas siguiendo su cuarta temporada, no estña tampoco nada mal. Respira, por su parte, ocho millones de visualizaciones para una serie que se atreve a mostrar una pareja de mujeres enfrentándose a la maternidad sin idealizaciones. Rocío y May discuten, se cansan, se equivocan y chocan con una realidad que no está pensada para ellas, y que hay que leer en el contexto de la serie, esto es, siempre dos puntos por encima de la realidad.
Este ranking no es solo una lista de éxitos. Es una radiografía cultural bastante clara. Las series españolas más vistas de Netflix tienen toque lésbico porque el consumo ha cambiado. Porque nosotras estamos ahí y miramos, comentamos, recomendamos y sostenemos audiencias. Y porque, contra todo pronóstico catastrofista, el resto del mundo no se rompe cuando dos mujeres se quieren en pantalla. Aquí podemos meternos en el debate de si la representación por sí misma es un valor, si es preferible que no haya a que sea mala, y mil cosas más. Pero el caso es que parece que en cada estreno patrio estamos por ahí rondando. Y, no sé, yo creo que está bien.

