
(Y si te sabe a poco, échale un ojo también a los doce finales felices que nos alegraron la existencia y a otras nueve películas lésbicas con final feliz que ya recopilamos por aquí hace unos añitos. Hay más posts, r¡ebusca un poco en el archivo!)
Sabemos que en esto de que los guionistas no nos maten la cosa ha ido mejorando con el paso del tiempo, pero tampoco nos vengamos arriba: seguimos contando las pelis en las que acabamos enamoradas, bailando y sin un tiro en el pecho con los dedos de una mano. O de dos, siendo muy generosas. Por eso, cada cierto tiempo nos gusta volver a hacer recuento y homenajear a esas películas que sí nos permiten salir del cine (o apagar la tele) con una sonrisa bobalicona en la cara. Todo el post es, como os podéis imaginar, un espoiler del tamaño de Castilla (un beso a las castellanas, que ayer celebraron su día), así que procede con cuidado.
Imagine Me & You
No hay lista sáfica con final feliz que se precie sin ella, así que sentimos deciros que vamos a repetirnos respecto al post de los doce finales felices. Imagine Me & You es la reina madre del género y así la vamos a tratar. Lena Headey y Piper Perabo acurrucadas en un banco de Londres hablando del frío son, literalmente, el estándar contra el que se comparan todas las demás comedias románticas lésbicas. Aceptamos repetirnos como pulpo como animal de compañía.
The Incredibly True Adventure of Two Girls in Love
Año 1995, Estados Unidos, y una peli pequeñita con Laurel Holloman (sí, la futura Tina Kennard) y Nicole Ari Parker se saca de la manga una historia interracial y de clases cruzadas que termina con las dos protagonistas riéndose en una habitación de hotel después de haber dejado a medio mundo aporreando la puerta. Tiene ese encanto noventero de presupuesto cero que hoy se paga en oro, y el final es tan sencillo como esto: están juntas, y están bien.
Show Me Love
Lukas Moodysson consigue en 1998 hacer una de las películas adolescentes lésbicas más bonitas que existen, y ese final dentro del armario del instituto anunciando la salida del mismo armario con una frase imposible de olvidar sigue siendo de los finales más catárticos que nos han regalado nunca.
The Handmaiden
Vale, aquí me vais a decir que el final es feliz pero con matices, porque entre medias hay tortura, engaños y una escena con unas bolas chinas que todas recordamos con sentimientos encontrados. Pero Park Chan-wook, bendito sea, decide que Sook-hee y Hideko merecen escapar juntas, embarcar en un barco hacia Shanghái y pasar la última escena haciendo el amor con una serenidad luminosa que compensa todo lo anterior. Tras dos horas y media de intrigas barrocas, el final es un triunfo del placer femenino frente al patriarcado, y eso, amigas, es final feliz del bueno.
D.E.B.S.
La metemos también, porque hay películas que es imposible no citar en un recuento de finales felices. Amy y Lucy Diamond, la mala buena y la buena que quiere ser mala, se van juntas a la luz de la luna y conducen desde algún punto de Estados Unidos hasta Barcelona (en coche, sí, seguimos sin saber cómo lo hicieron). A nosotras nos sigue pareciendo una de las fantasías románticas más absurdas y perfectas jamás filmadas, y el post de los doce finales felices era, por supuesto, solo un pequeño calentamiento para volver a hablar de ellas.
Elena Undone
Elena Undone es esa película sobre la que, todas las que la hemos visto, no podemos dejar de mencionar el beso más largo rodado en la historia del cine en el momento de su estreno (minuto y pico, para quien lleve la cuenta). Peyton y Elena pertenecen a mundos aparentemente incompatibles (una pastora protestante, la otra escritora lesbiana declarada) y aun así el desenlace es reconciliador: después de la separación, el sacrificio y el regreso, acaban juntas. Es un melodrama de los que lloran a lágrima viva, pero termina bien. Punto para nosotras.
The Summer of Sangaile
Esta joya lituana de Alanté Kavaité es cine de autor con toda la fotografía preciosa y el pulso contemplativo que asociamos a ese tipo de títulos, y tiene un final feliz que se toma en serio el crecimiento personal de la protagonista. Sangailė supera su fobia y sus heridas autoinfligidas gracias a Austė, y aunque la peli no nos suelta un «y se casaron y fueron felices», sí nos deja claro que estas dos chicas tienen un futuro por delante. A veces la felicidad sáfica también es esto: poder respirar.
Princess Cyd
Stephen Cone es uno de esos directores que parecen genuinamente incapaces de hacerle daño a sus personajes gratuitamente, y Princess Cyd es la demostración. Cyd pasa un verano en casa de su tía en Chicago, conoce a Katie, se enamora, y todo fluye con una amabilidad que a ratos te deja descolocada porque estás esperando que alguien sufra una tragedia en el tercer acto y no llega. No llega nunca. La peli termina en una fiesta con poesía, comida y dos chicas cogidas de la mano. Fenomenal.
Below Her Mouth
No vamos a fingir que Below Her Mouth es una obra maestra del cine canadiense (spoiler: no lo es, y tiene unos problemas de guión del tamaño de Ontario), pero sí es una película dirigida íntegramente por mujeres, con escenas de sexo coreografiadas con cuidado y con un final razonablemente feliz para Dallas y Jasmine. Ella deja al novio, ella se queda con ella, y todas respiramos aliviadas porque el final alternativo habría sido el canon de toda la vida.
Elisa y Marcela
Isabel Coixet rescató la historia real de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, que en 1901 protagonizaron el primer matrimonio entre dos mujeres registrado en España (con una de ellas haciéndose pasar por hombre, porque no había otra manera). Es una peli dura, con persecuciones, cárcel y exilio, pero el hecho histórico es que estas dos mujeres consiguieron casarse y vivir juntas, y Coixet decide quedarse con esa parte de la historia. El final no es un happily ever after de comedia romántica, pero sí es un final (en la peli) en el que ellas, contra todo, siguen juntas.
Professor Marston and the Wonder Women
Una de esas películas que una no sabe que necesita hasta que la ve. La historia real (o así la cuenta Angela Robinson) del creador de Wonder Woman, su esposa Elizabeth y su amante Olive, que formaron un trío poliamoroso estable durante décadas. El final, con Elizabeth y Olive envejeciendo juntas después de la muerte del marido, es una de las escenas más tiernas del cine queer de los últimos años. Bonus track: saldremos de verla queriendo saber más sobre la historia real, y la historia real es todavía más guay que la peli.
Happiest Season
Sabemos que Happiest Season es polémica. Sabemos que media comunidad sáfica defiende que Abby debería haberse ido con Aubrey Plaza. Sabemos que la química entre Kristen Stewart y Mackenzie Davis es… ¿regulera? Pero es que Clea DuVall nos dio una comedia romántica lésbica navideña mainstream con presupuesto, con estrellas y con final feliz, y eso en el año 2020 no es poca cosa. Y si esperas una secuela, aquí te contamos lo último.
Black Mirror: San Junipero
Técnicamente es un episodio de antología, no una película, pero dura 61 minutos y todas lo hemos tratado como película desde el primer día, así que lo metemos, y adfemás me gutsa mucho y la quiero meter y ya está. Charlie Brooker nos dio, en 2016, el regalo de Yorkie y Kelly bailando Heaven Is a Place on Earth en un paraíso digital para siempre, y desde entonces cuando alguien nos pregunta qué es un final feliz, señalamos San Junípero y nos callamos. No hay más preguntas, señoría.
Ellie & Abbie (& Ellie’s Dead Aunt)
Comedia australiana que no ha tenido el cartel que merece y que, básicamente, cuenta la historia del primer amor de Ellie con la aparición estelar del fantasma de su tía lesbiana (muerta en los años 80), que aparece para ayudarla a salir del armario. El final es todo lo adolescente y redondo que puede ser: baile de fin de curso, beso, tía fantasma sonriendo satisfecha desde el más allá.
Booksmart
Vale, Booksmart no es estrictamente una peli lésbica, pero el arco de Amy (Kaitlyn Dever) a lo largo de la película es una de las subtramas lésbicas mejor construidas de una comedia adolescente mainstream en años. Se enrolla con la chica que le gusta, sobrevive a una noche legendaria y termina la peli habiendo tenido su primera experiencia lésbica sin ningún trauma asociado. Que el destino de una lesbiana adolescente en el cine sea «pasárselo regular en una fiesta y luego reírse de ello con su mejor amiga» es un avance civilizatorio.
When Night Is Falling
Patricia Rozema dirigió en 1995 esta peli canadiense sobre Camille, una profesora de una universidad cristiana comprometida con un hombre, que conoce a Petra, una artista de circo, y ya os imagináis por dónde va la cosa. Lo que no os imagináis es que la peli se atreva, en pleno 1995, a mandar a la protagonista directamente al circo con su amante en lugar de castigarla con una muerte trágica o una vuelta al redil heterosexual. Pues sí, se atreve. Es de las primeras veces que una película nos dice, sin tapujos, que elegir el amor y la libertad no tiene por qué salir mal.
A Secret Love
Este es un documental de Netflix dirigido por Chris Bolan, y es probablemente la entrada más emocionante de esta lista por una razón muy sencilla: Pat Henschel y Terry Donahue fueron pareja durante casi setenta años. Setenta. Se conocieron en los años cuarenta, cuando Terry jugaba en la liga profesional femenina de béisbol (sí, la de A league of their own), y mantuvieron su relación en secreto durante décadas por miedo a perderlo todo. El documental las acompaña en los últimos años de sus vidas, cuando por fin pueden ser abiertamente lo que siempre fueron. Llorarás mucho, pero llorarás bien: esto es lo más parecido a un final feliz que la vida real nos concede.
Crush
Otra peli adolescente, de Netflix esta vez, con Rowan Blanchard enamorada de una chica que resulta ser la gemela (lesbiana) de la chica que ella creía que le gustaba. Suena lioso y es lioso, pero la peli funciona, tiene buen rollo de principio a fin, los padres son geniales y Paige y AJ terminan juntas sin dramas ni muertes. Comedia romántica lésbica ligera para el domingo por la tarde.
The Wedding Banquet (2025)
El remake que Andrew Ahn hizo del clásico de Ang Lee convierte la historia original en una comedia de enredo con dos parejas queer, un matrimonio de conveniencia y una familia coreana que se presenta en el momento más inoportuno. El final, con todo el mundo saliendo ganando y con más bodas de las previstas, es de los que te mandan a casa contenta. Y además sale Joan Chen, que para nosotras ya es motivo suficiente.
Bottoms
Emma Seligman y Rachel Sennott hicieron una peli absurda sobre dos lesbianas feas (sus palabras, no las nuestras) que se inventan un club de lucha en el instituto para ligar con las animadoras. Es una sátira, es una locura, es sangrienta, y al final las protagonistas… ligan con las animadoras. Para una peli que arranca siendo una parodia deliberada del cine adolescente americano, que termine concediéndoles a sus heroínas lo que deseaban (chica y triunfo sobre el equipo de fútbol) es un gesto generoso que se agradece mucho. Es un poco WTF todo el rato, la verdad, pero hay que volver a ella.
Love Lies Bleeding
Rose Glass dirige a Kristen Stewart y Katy O’Brian en un thriller negro ambientado en el mundo del culturismo y las drogas en los años ochenta, y se las arregla para que, pese a toda la sangre, pese a los cadáveres, pese a los giros sobrenaturales, Lou y Jackie acaben juntas. No es un final feliz convencional, de hecho es de todo menos convencional, pero es un final en el que ellas dos son las últimas de pie, y eso en una peli negra lésbica es básicamente el equivalente a un baile de Bollywood.
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