
Doctor Who ha vuelto. El Doctor ha vuelto, la Tardis también y el timey-wimey wibbly-wobbly ha hecho lo propio también. Esta temporada, la décima, será la última de Capaldi pilotando la Tardis y la última de Moffat pilotando la serie, pero también es la primera (¿y será la última?) de Bill Potts, la nueva acompañante del Doctor. The Pilot ha sido su carta de presentación y no puedo menos que citar a Eccleston como Nueve y decir que ha estado fantástica.
Bill Potts es simpática, curiosa, adorable, poco convencional y, preparad el confeti, la primera acompañante croqueta del Doctor. Quiero achucharla, que sea mi BFF y que Moffat no la cague con ella. Resumen, estoy emocionadísima.
No voy a negar que, a la vista de los antecedentes de Moffat, especialmente con Irene Adler en Sherlock, tenía dudas acerca de cómo iban a tratar la sexualidad de Bill y la importancia que iba a tener, pero mis nervios se han calmado. Por el momento, al menos. A los dos minutos de comenzar el capítulo ya sabíamos que Bill era croqueta, ¿y cómo lo supimos? Pues como hubiéramos sabido que un personaje cualquiera era heterosexual, con toda la naturalidad y normalidad del mundo. Sentada en el despacho del Doctor comienza a hablar de lo mucho que le gustan sus clases, de que a veces no entiende las cosas y de que hay una chica que le gusta y a la que le regala patatas fritas, porque así es como se liga, con comida. Maggie Sawyer consiguió a Alex Danvers con una pizza, y Bill intenta hacer lo mismo con patatas, pero como esto es Doctor Who, lo alienígena se mete de por medio y nadie puede ser nunca feliz.

Este pedazo de pan que veis aquí, Bill, ha conseguido ya enfadar a lo grande a los señores de Internet, porque ya sabemos que a la gay agenda le gusta toquetearlo y arruinarlo todo. La BBC ha cedido al Imperio gay y ha introducido una chica que no es blanca, a la que no podrían darle más igual los chicos y que, además, no está ahí para servir de eye candy al público masculino. Y no sabéis lo mucho que me alegro yo de esto.
¿Es posible que Moffat haya hecho algo bien en cuanto a diversidad? Sí, es posible. Le voy a conceder el beneficio de la duda, por lo menos en tanto no veamos más sobre Bill y qué es lo que le depara el futuro, que espero que no sea una muerte ni una marcha dolorosa, ni para ella ni para nosotras.






Poco tiempo después, a principios de la década de los años 20, Ellis conoció a la que sería su pareja durante más de 35 años, Ceciline “Babe” Franklin. En 1937 se trasladó de Springfield (Illinois) a Detroit, en Michigan. La pareja compró una casa en su nuevo hogar y Ellis fundó una pequeña imprenta. Se convirtió, así, en la primera mujer en Detroit que era la dueña de un negocio de estas características.
También apoyó económicamente a jóvenes LGTB: les proporcionaba dinero para la universidad, libros o comida, y su casa siempre tenía las puertas abiertas para acoger temporalmente a sus amigos gais y lesbianas que lo necesitasen. En su honor se fundó en 1999 el Ruth Ellis Center, una agencia de servicios sociales para jóvenes que les proporciona residencia a corto y largo plazo, un espacio seguro para jóvenes LGTB que viven en riesgo de exclusión social y a quienes les han echado de sus casas.






Ellen DeGeneres es, en 2017, una de las mujeres más influyentes del mundo. Su morning show arrasa en audiencia, y es más que probablemente la mujer lesbiana más conocida del planeta. Ha presentado los premios Oscar, ha recibido la más alta condecoración civil de Estados Unidos, y ha salido en mil series y revistas. Y precisamente esta semana se ha cumplido el veinte aniversario de su portada más importante, esa que cambió el mundo.
La historia se encargó de demostrar que las esperanzas de Ellen en cuanto a su carrera no fueron así. La serie bajó su audiencia hasta que, finalmente, fue cancelada. Durante años nadie quería trabajar con ella, ni con Laura Dern, quien interpretó a su interés amoroso en Ellen. Fue también sometida a un juicio público en directo que sonaba aterrador incluso entonces. Pero, finalmente, las cosas salieron bien, y ahora DeGeneres puede sentirse orgullosa de haber abierto el camino para muchas otras. Sin esa portada, la historia sería otra.


