asleepkittenLesbianas. ¿Qué es lo primero que visualizas cuando piensas en una? Rápido, piensa en 10 cosas con las que las relaciones, te doy tu tiempo. No, en serio, deja de leer y haz una pequeña lista mental, que no es un ejercicio complicado, hazlo por mi *pucheritos*.

¿Ya? Vale. Me juego el cuello a que has pensado en alguna que otra cosa obscena, y posiblemente en algunas de las características típicas que siguen los estereotipos, como por ejemplo el pelo corto, las camisas de cuadros, etc. Pero no es el físico ni la apariencia de lo que vamos a hablar hoy, porque esta vez nos centramos en la parte más importante de la vida de una lesbiana, ojo con lo que digo. LOS GATOS. No, no es broma. Los gatos van ligados al croquetismo desde antes de que el término ‘croquetismo’ existiera, y no porque en esta página nos inventemos palabras. Admítelo, esos peludos e independientes seres nos tienen ganado el corazón, y como los bollodramas con las heteros y las “platónicas” mejores amigas solo nos lo saben romper, su ronroneo es lo único que nos queda, que no es poco (al menos el te quiere, por la comida, pero te quiere).gato19

Si no has metido la idea de los gatos en tu lista 1) ¿cómo osas?, y 2) haz el favor de centrarte porque el título está ahí arriba, bien grande y no me creo que no te hayas fijado. Y además hay FOTOS. Focus, woman! Or men, or people, en general, cada uno sabrá cómo se identifica.

Y a eso voy. Como los gatos son una importante parte de la vida para algunas croquetas – o eso dicen los estereotipos.. y tumblr… y las aficionadas a catwoman -, vamos a jugar al súper original ‘¿Qué tipo de gato eres?’, porque todos sabemos que las mascotas se parecen a sus dueños, así que si lo piensas la ecuación tiene que funcionar del revés también (un poquito, o bastante, que hay mucho animal suelto).

Mi futura casa.
Mi futura casa.

O no, y todo esto es una absurda manera de enseñaros gatos para alimentar mi trastorno mental. Nunca lo sabremos, es una pena.

Como sé que lo estás deseando, ¡vamos a empezar!

  1. El gato cariñoso: Este gato es un amor, y amor es exactamente lo que pide. Todo el rato. Es un ser insaciable que no te deja vivir, y que te persigue por tu casa cual patito a mamá pata. No puedes moverte a gusto porque el zoquete no deja de frotarse con tus piernas, y tampoco puedes leer o trabajar porque reclama tu atención tumbándose en lo que sea que estés concentrada. Dejarías de mimarlo, pero con esos ojitos que te pone no tienes nada que hacer.
  2. El gato despojo: Lo que viene a ser tu vida un día de resaca, pero sin que te duela nada y durante toda tu vida. Este es el típico gato gordo que pasa su vida comiendo, durmiendo y despierto (o no) pero tirado al sol. ¿Ejercicio físico? Pfff, por favor. ¿Dieta equilibrada? Tengo 7 vidas, no me hace falta comer verde en cada una.
  3. El gato bipolar: El dueño no sabe lo que quiere el gato. El gato tampoco. Estos te vuelven loca, y ellos lo saben. Lo mismo te están pidiendo que les des de comer durante 30 minutos, que cuando les abres una lata de carísima comida gatuna solo se les ocurre quedarse mirando para dar un lametazo y huir. O te piden que les acaricies para darte un zarpazo 30 segundos después. O maúllan durante 10 minutos para que les abras una puerta que después no querrán cruzar. Incitan a la desesperación.
  4. El gato rarito: Buscas todo lo que hace en internet porque ninguno de los gatos de tus amigos hace ‘eso’. Nunca antes has visto a ningún ser vivo dormir en esa posición, ni tampoco en ese particular espacio que es la parte superior de una puerta, y ¿cómo se supone que ha llegado ahí? ¿Es normal que solo sepa beber agua si el chorro del grifo le da en la cabeza? ¿O que le hable a las paredes? Tiene una condición médica que solo se da en el 0.1% de los gatos, y por supuesto el veterinario deja claro que tu mascota es un poco “especial”. Lo tiene todo. Yahoo respuestas está permanentemente entre las pestañas de favoritos.
  5. El gato cabrón: O como yo le llamo, ‘The asshole’. Estás convencido de que ese bicho es consciente de cuando te está puteando, y que encima lo disfruta. Pero no te importa porque la relación amor odio es recíproca. Es como el mejor amigo a quien pones en situaciones incómodas para ver su cara de circunstancia y echarte unas risas. Este gato ha aprendido a abrir la puerta del baño para observarte fijamente mientras tu cuerpo ejecuta funciones básicas y naturales (puede que a veces tú también se lo hagas para tratar de molestarle). También ha desarrollado habilidades ninja para robarte la comida del plato, o el sitio, cada vez que te das media vuelta. Lo tira todo, lo rompe todo, lo muerde todo. Por último, es muy dado a despertarte en mitad de la noche con su culo encima de tu inocente rostro, ahogándote porque debes de tener una cara comodísima. Top troll. 
  6. El gato señorito: Solo come el pienso y las latas de la marca más cara, y si intentas hacerle un favor a tu bolsillo intentando engañarle se te planta con una huelga de hambre que no eres capaz de solucionar. Olvídate de volver a dormir a gusto. ‘Querías dormir en tu cama? Pues el centro es mío, acomódate en las esquinas o ahí tienes el suelo.’, ‘¿Tienes frío? Oops, vaya. Pues #SorryNotSorry porque esta manta es mía y no pienso moverme’. Los constipados y las tortícolis son el pan de cada día. Tú se lo consientes todo, porque le quieres y porque obviamente eres retrasada.

Creo que en algunos casos estas relaciones animal-dueño podrían ser perfectamente transladables a las relaciones de pareja, peeeeeeeeeero me parece que vamos a dejar eso en el aire y a seguir con la idea original, no vaya a ser que tu pareja se entere de tu respuesta, que yo no quiero dramas.

Así que, ¿con cuál te identificas más tú?

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