Un día te armaste de valor y les dijiste a tus padres (como cuento en Nico, por favor, es mejor decírselo a los dos a la vez, si es posible, por un tema de eficiencia energética y temporal, y de otras estrategias), les dijiste, como iba diciendo, que eras lesbiana.

¡Yupi!

Te quitaste ese enorme peso de encima y pudiste compartir con tus progenitores cómo eras y qué podían esperar a partir de entonces.
Abriste la puerta del armario, viste mariposas volar, salió el sol y unas gotas de agua en suspensión (quizá tus lágrimas tras tantas noches dándole vueltas) dibujaron un arcoíris en el horizonte.
Es un sentimiento muy parecido a cuando te sacas el carné. Todo el estrés, toda la tensión, todas las horas de prácticas y los test resueltos casi de memoria para que un día, un señor (o señora) sentado en el asiento del copiloto con una carpeta en sus manos dijo que eras apta para circular.
Pero, al igual que ocurre con el carné de conducir, si no se practica, vuelven los miedos, las inseguridades y los malos ratos, si no echamos horas con nuestros padres para que se saquen su permiso gayfriendly B* estaremos en peligro de echar por tierra todo lo que habíamos avanzado.
Y no sólo con tus padres. Compañeros de trabajo o de clase, vecinos, etc.
Para evitar esto, aquí van algunas ideas para detectar si nos estamos metiendo en el armario:

  • No dices que tienes novia, sino que tienes pareja.
  • Cuando comentas tu fin de semana hablas en primera persona del singular. “Me fui a tal sitio”, “Cené en tal otro”, “Fui al cine a ver esta película”.
  • Para no parecer una triste que va sola a los sitios, a veces dices “Fui al cine a ver esta película con unas amigas”.
  • No hablar, en general. No digo que te pases el día hablando de tu novia, de tus relaciones o de tu sexualidad, pero mencionarlo de vez en cuando ayudará a la gente de tu entorno a se vayan acostumbrando poco a poco a tu realidad.

Que digo, que igual con la gente de tu curro pasas kilos de que te vean como una tía solitaria (o solterona) mientras tú te lo pases teta con tu novia. Es más, es probable que tanto secretismo u omisión hayan hecho que saltaran sus alarmas y, o bien prefieran mantenerse discretos (Don’t Ask, Don’t Tell), o bien te avasallen a preguntas.

Si conoces más ejemplos de cómo meterse en el armario, coméntalo en este post o escríbenos en el Twitter de @HULEMS o en el mío @nicoporfavor.

*El permiso gayfriendly B se otorga a las personas que no sólo “toleran” a los homosexuales, sino que son capaces de tratarles como personas normales. Si además de tratarles con normalidad, no se ponen nerviosos cuando salen en la conversación temas sexuales o familiares se les otorga el permiso B+E.
El permiso gayfriendly A se le da a aquellos que no tienen nada en contra de los gays pero prefieren que no se besen delante de ellos, que les da cosica. Con práctica pueden conseguir el B.
El permiso gayfriendly C es el que se le da a las personas que, una vez se sacaron el B, quisieron profundizar en la lucha por la igualdad de derechos, no tienen miedo a salir por Chueca “por si le entran” y se lo pasa mejor que tú en el Orgullo Gay.
Si, además de esto, se muestran cooperadores a la hora de ayudar en la paternidad/maternidad de una pareja homosexual se les otorga el permiso C+E.
Sistema de catalogación totalmente subjetivo.
Pendiente de patente.

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  • Lauryncorr

    Pues sí. Hay veces que somos nosotras mismas las que dificultamos que puedan sacarse el carnet B+E ocultando información o diciéndola imprecisamente.

    También he de decir que conozco casos heteros que usan el “compañera” para hablar de su pareja y crea confusión. ” Compañera de qué? de pádel?”