Cuando tienes poco donde elegir, al final surgen las comparaciones. Esto es lo que le ha sucedido, o empezado a suceder, a Disobedience y, sobre todo a la escena de sexo entre Rachel Weisz y Rachel McAdams, que levantó polvareda en el pasado Festival de Toronto por lo impactante y poderoso a la vez que tierno de la misma. Pero el director chileno ha dejado bien claro que su película no tiene nada que ver con La vida de Adèle, y que el único aspecto que comparten las dos, además del obvio, es la larga duración de dicha escena íntima entre las dos protagonistas: si la de la cinta francesa se extendía durante siete minutos, esta lo hace durante seis. Pero hasta ahí.

Alguien la ha llamado Jew is the Warmest Color [en relación a Blue is the warmest color, título de La vida de Adèle en los países anglosajones], pero creo que la nuestra [en referencia a la escena] es menos problemática.

En el guión no hay, según el director, muchas indicaciones sobre cómo tenía que ser

Ponía algo así como: «Hacen el amor, por fin sin obstáculos y desinhibidas. Son pura química, comprensión y placer insoportable»

Así que hizo lo que tenía que hacer: preguntarle a amigas lesbianas.

Les pregunté «¿Haríais esto? ¿Haríais lo otro? ¿Le escupiríais en la boca? Y me dijeron lo que tenía sentido para ellas

El chileno no habló demasiado con las actrices sobre la escena hasta que llegó el momento

Fue algo así como un tabú. Un par de semanas antes de rodar nos encontramos en Nueva York, y hablamos de todo menos de la escena. Así que me armé de valor y les dije «ok, vamos a hablar de la escena de sexo». Les expliqué que, para mi, esa escena era el corazón de la película. Tenía que ser larga, porque hacía falta que lo fuera. Teníamos que encontrar actos muy especificos para ellas, porque la fuerza real de la escena sale de esa especificidad. Por esto no es una escena de sexo genérica. Podríamos hacer la escena única con la hiper-especificidad de los momentos atrevidos que evitaban ser explotadores

En la película, Ronit (Rachel Weisz) vuelve a su antiguo hogar, en una comunidad ultra ortodoxa, y es ahí donde se reencuentra con Esti (Rachel McAdams). Las dos mujeres tuvieron un romance en su juventud, pero las dos tomaron caminos muy diferentes en su vida. La una se mudó a Nueva York para poder ser libre, mientras que la otra se quedó en lo conocido, renunciando a poder ser libre y, por tanto, feliz. La escena entre las dos, como bien explica Lelio, muestra un momento crucial en la narración, cuando Roni se da cuenta de que, pese a todos sus esfuerzos por evitarlo, a Esti le siguen gustando las mujeres.

Este es el momento donde todo lo que ha estado temblando bajo la superficie sale a la luz. El momento que define sus vidas. Porque en el contexto opresivo bajo el cual la historia se desarrolla, esos pocos minutos de placer casi se convierten en una declaración. La voz humana usa el lenguaje como un modo de articular la realidad, de definirla, de controlarla. Pero el sonido de los gemidos sexuales existen más allá de cualquier posible control de lo que está bien o mal. Es el deseo contra la ley. Hay una urgencia y una rebelión en este acto.

Para rodarla, el set se vació de personas, quedando solamente las imprescindibles. Cada cosa que leemos de esta cinta nos pone más ganas de verla, y no sabemos cuando va a poder ser. Pese a tener varias ofertas sobre la mesa, Disobedience se marchó del Festival de Toronto sin un distribuidor, lo que pospone, al menos de momento, su posible fecha de estreno tanto en Estados Unidos como a nivel global. Iremos informando.

Vía: Indiewire