Croqueta Libre, Hay una lesbiana en mi sopaPodéis enviar los textos que queráis (preferiblemente que no incluyan ninguna imagen) a la dirección de correo que figura en el banner, con el asunto “La croqueta libre”. Los textos se leerán para escoger, pero no se editarán. Es decir, que si tu texto se ajusta a la temática de la web, lo publicaremos, pero sin corregir las posibles faltas. Los textos deben ir firmados con nombre o seudónimo. ¡Ah! ¡Y un título!     

NOTA: Un sabio taoísta dijo una vez que lo importante de un viaje no era llegar a su destino, sino disfrutar de todo lo que te ofrece su recorrido.

Silencio y oscuridad, la noche acaba de llegar. Comienza un viaje plagado de curiosidad…

Visto a mis dedos de exploradores y doy mi primer paso sobre el mapa de estrellas que decoran su espalda. Uno todos sus lunares uno a uno sin dejarme ninguno atrás, como si quisiera dibujar la mayor constelación de estrellas sobre ellos. Mis dedos se deslizan como agua siguiendo el cauce del río que atraviesa su torso. Sin prisa, sigo explorando nuevos rincones.

Comienzo sondeando los pasadizos de su cuello que me llevan hasta el campo de jazmín de sus cabellos. Su aroma natural me hipnotiza los sentidos. Juego lentamente con su pelo, apartándoselo de la cara y regalándole alguna que otra  caricia. Me envuelvo las manos con él y continúo jugando un ratito más hasta que mi explorador nato descubre nuevos caminos que me llevan a sus mejillas, rojas y suaves como un algodón de azúcar. Las beso con delicadeza y dulzura mientras mis manos van descubriendo nuevos paisajes sobre sus caderas. Me detengo bastante en ellas. Son como una enorme montaña rusa de la que jamás te aburrirías de montar.

Vuelvo de nuevo sobre mis pasos caminando por la llanura infinita de su abdomen hasta descubrir unas preciosas dunas que conforman su pecho. Escalo sus caminos con intriga y me dejo atrapar por sus vistas. Mis manos vagan solas sobre ellas. Podría acabar aquí mi viaje pero el vapor que sale de sus labios y choca con los míos me incita a seguir adelante, como si todavía me quedase lo mejor por descubrir. Así es como me doy cuenta de todo lo que he recorrido hasta ahora y de lo sedienta que he acabado. Necesito agua y sé perfectamente donde encontrarla.

Voy directa a sus labios. Comienzo lento, sin ritmo. Siento cada pliegue de su boca, de su labio inferior y superior, no puedo separarme de ellos. El sonido de nuestros besos inician el compás que nuestros cuerpos desnudos bailarán. Tengo toda mi atención en su boca, donde el fuego y el agua se unen. Mis manos agarran sus caderas y las suyas rodean mi cabeza. Llenamos la habitación de profundos suspiros y de los ecos de nuestros besos que aumentan progresivamente de intensidad y duración. Comenzamos un baile apasionado explorando cada rincón de nuestro cuerpo. Colina arriba colina abajo surco las arenas de su vientre y me adentro en su cueva hasta encontrar el tesoro. Vuelvo sedienta a sus labios que me ofrecen un mar de agua inagotable. Agotada, vuelvo lentamente sobre cada rincón de su cuerpo trazando un mapa para nunca olvidar semejante viaje. Una vez acabado, me quedo observando la nada como si ya no existieran más caminos por descubrir. Sin embargo, observo un faro a lo lejos que brilla, y otro al lado. Deben de ser faros enormes pues consiguen brillar sobre la oscuridad de la noche. Me acerco intrigada a ellos, expectante. Allí, encuentro un último hallazgo, la parte del camino que no pude descubrir a pie: sus ojos, de donde no supe volver a pesar de haber conocido todo el mapa de su cuerpo. Allí no tenía salida, pero tampoco quería irme. Me quedé atrapada en ellos, pero no me sentía perdida…

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