Hay series que acaban en el cajón de sastre y pasan a la historia como una pérdida de tiempo y no merecen volver a ser vistas ni en el jamás de los jamases, y hay series que se alzan como maravillas del mundo. The Good Place es una de ellas.

La serie que emite Netflix es una comedia distinta, capaz de sorprendernos y dejarnos con ganas de más. La primera temporada, que consta de 13 capítulos, nos descubre a una Eleonor Shellstrop (Kristen Bell, la primera razón por la que me acerqué a esta serie) que llega a lo que comúnmente reconocen algunos como «el cielo». Un lugar acogedor, lleno de tiendas de yogur helado y gente sonriente será el escenario donde la protagonista tendrá que moverse con un único problema: ella no es la Eleonor de la que le habla el creador de ese rincón paradisíaco, Michael (interpretado por Ted Danson).

A partir de este momento comienza la aventura de Eleonor y otros tres personajes: Chidi, un filósofo incapaz de tomar decisiones, Tahani, una británica estirada, y Jason, una de las sorpresas que enganchan. Un amable y sonriente ángel, un pueblo feliz y un grupo que parece no encajar demasiado, por no hablar de la magnífica Janet, un robot diferente a lo que estamos acostumbrados. Sin duda, la combinación parece imposible, pero The Good Place consigue que la emoción crezca hasta que al final de cada capítulo solo nos den ganas de pulsar el botón de «Seguir viendo».

Hace unas semanas finalizó la segunda temporada y los fans estamos ya pendientes de la tercera. No solo porque, como acostumbra ya el argumento, nos dejó en un momento de tensión del que aún nos estamos recuperando, sino porque la historia que plantea esta genial serie siempre sorprende con un humor distinto que engancha desde el primer minuto.

The Good Place cumple todos los requisitos para seguir ocupando un lugar importante en la lista de muchos seriéfilos para los que no todo es ‘Juego de Tronos’ (que, por cierto, ¿cómo va?), así que, si os animáis, ¡compartimos los secretos de Eleonor!