En septiembre de 2015, se estrenaba Stonewall: Where Pride Began, dirigida por Roland Emmerich y protagonizada por Jeremy Irvine y Jonathan Rhys-Meyers. Aquí tenéis el trailer (está en inglés, pero basta con fijarse en las imágenes):
Echando un vistazo a la sección de comentarios y a la cantidad de dislikes que tiene el vídeo, se puede apreciar que la gente se enfadó bastante. Pero, ¿por qué?
La respuesta es sencilla: porque las cosas no ocurrieron como esta película quiere hacer creer al público. Este caso (y muchos más) pueden enmarcarse dentro del fenómeno conocido como «whitewashing», que podría resumirse en «reescribir la Historia de la Humanidad poniendo a personas blancas donde realmente no las había». Evidentemente, esto invisibiliza a las personas racializadas, silenciando su voz incluso en momentos de la Historia donde la alzaron con más fuerza que nadie.



Esta marginación sistemática de las personas trans y el olvido de sus reivindicaciones particulares ya había llevado a Sylvia Rivera, años antes, a pronunciar estas desgarradoras palabras durante la marcha del Orgullo en Nueva York en 1973 (la opción de subtítulos en castellano está disponible)
Han pasado cuarenta y cinco años desde que Rivera protestara por esto y es innegable que, si aún viviera, tendría que seguir protestando exactamente por lo mismo que reivindicaba entonces.
Las mujeres en general (y las mujeres trans en particular) llevamos años viendo cómo nuestros espacios dentro del colectivo LGTB son reducidos. Cómo nuestras problemáticas específicas son, cuando no ignoradas, instrumentalizadas. Cómo no sólo sufrimos (aparte de la homofobia, bifobia y/o transfobia) un machismo que nos reduce a una mera fantasía masculina heterosexual, haciendo invisible la verdad de nuestras identidades, de nuestra forma de amar, follar y expresar quiénes somos en el mundo, sino que también sufrimos machismo y misoginia dentro del propio colectivo, un espacio donde, en teoría, deberíamos sentirnos seguras, libres y escuchadas del mismo modo que nuestros compañeros homosexuales cis. Necesitamos referentes, respeto y voz.

Recuperemos el espíritu de Stonewall para recuperar nuestras raíces: Subversión, Orgullo y Revolución.

