¿Perdidos protagonizada por chicas adolescentes? Así de rápido me atrapó The Wilds, una de las últimas series que ha estrenado Amazon en su plataforma de streaming. Puede que sea por lo interesantes (y problemáticas, en ocasiones) que resultan todas y cada una de sus protagonistas. Puede que por la crueldad inherente de la situación que nos obligan a presenciar. O porque cualquier historia que lleve el peso de la trama en sus personajes nos obliga a empatizar de forma casi obligatoria con ellos… Pero lo cierto es que no he podido despegar los ojos de la pantalla ni un minuto de los diez capítulos que tiene su primera temporada.

Cuidado: esta crítica contiene spoilers.

Una de mis cosas favoritas de The Wilds es la perspectiva feminista que propone (¡todas sus protagonistas son chicas!) y, al mismo tiempo, lo problemática que puede resultar en algunos aspectos. La clara (y perversa) antagonista de esta ficción, Gretchen Klein, actúa todo el tiempo en el nombre del feminismo. Y tengo que reconocer que me encanta una villana que en teoría persigue un objetivo bueno y que lo está haciendo todo mal. Tanto el «bien» como el «mal» se mueven dentro de una narrativa que no pone al hombre machista como enemigo, sino en la que todas las fuerzas, tanto positivas como negativas, son fuerzas femeninas. Es una serie que habla mi idioma y, al ser uno en el que me muevo cómodamente, me cuenta muchísimo más que una ficción que aborda el feminismo a un nivel básico.

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¡Y las chicas! Ninguna de ellas está libre de sombra y sin embargo con cada capítulo la serie te acerca más a la realidad adolescente. Las cosas que desde fuera se ven claramente, para ellas están borrosas y una de las cosas que mejor hace The Wilds es trasladarnos a ese nuevo punto de vista.

¿Está Leah completamente trastornada? Sí, pero cualquier adolescente que centra su identidad en torno a una relación como si fuera lo único que tiene de valor lo estaría. ¿Está Shelby obsesionada con ser perfecta? ¿No se permite ni un segundo de libertad, ni siquiera para sentir un enfado justificado? Sí; pero es eso o quedarse completamente sola y despedirse de todo lo que conoce. ¿Es Toni celosa y tóxica? ¿Incapaz de controlar sus emociones mínimamente? Sí; pero Martha es lo único que ha sido constante en su vida, así que su miedo a perderla y su incapacidad de comprender que nadie pueda quererla (ni de hacerlo ella misma) hacen que se convierta en alguien que todo lo destruye cuando se asusta. Nada de esto está justificado, pero se hace difícil no empatizar con situaciones tan duras.

La perspectiva adolescente no suaviza los temas que trata y ese es otro punto positivo. Sí, las protagonistas son adolescentes, pero sus problemas no son pequeños ni irrelevantes. Incluso el romance de Leah, que al principio puede parecer inofensivo, nace de una dinámica de poder mucho más peligrosa de lo que se ve a simple vista. La presión sobre Rachel, que termina en un caso de bulimia y en mentir a toda su familia para conseguir aceptación, es brutal. Las obligaciones de Dottie, que no ha podido empezar a vivir por culpa de la enfermedad de su padre. La soledad de Toni. La insoportable presión de Shelby. La horrible manipulación del padre de Fatin y su madre cediendo y dándole la espalda. El maltrato hacia Nora y la injusta pérdida posterior. Y, para mí, la peor de todas: el trauma de Martha.

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Ni uno sólo de estos problemas es minimizado (aunque algunos serían imposibles de minimizar), ni blanqueado, ni transformado en algo sin importancia. Ninguna de ellas lo permite; todas están, de una forma u otra, enfadadas y dolidas con el mundo que las rodea y tienen todos los motivos para ello. Muchos de estos motivos tienen algo que ver con el feminismo. Lo peor (y lo mejor) es que ese es justo el argumento de Gretchen; las adolescentes están cabreadas y con razón. Evidentemente, ella todo lo hace mal y para reafirmar eso está el personaje de Linh, que se arrepiente de todo en mitad del proceso. Pero debajo de toda esa crueldad inhumana que demuestra encontramos algo parecido a un argumento que, expresado de otro modo y enarbolado contra el enemigo correcto, tiene sentido.

¿Y la representación LGTB en The Wilds?

La historia entre las croquetas es, sin embargo, una de las cosas que más me han decepcionado de The Wilds. Y mira que me encanta a mí una actividad croquetil, pero es que si bien el idioma feminista lo habla muy bien, en sáfico todavía está chapurreando un poco. Adoro a Toni con toda mi alma (a pesar de… bueno, a pesar de muchas cosas) y creo que el personaje de Shelby y su homofobia interiorizada son interesantísimos. Pero su historia de «amor» me parece predecible y bastante simplificada con respecto a todas las demás tramas de la serie. ¿La lesbiana con pluma y la princesa homófoba que en realidad también es sáfica? Sabíamos que iba a pasar desde que se odian al principio de la serie y, lo que es peor, creo que podría haberse aprovechado mucho más.

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Todo lo contrario al flashback de Shelby. La trama de personaje homófobo que en realidad es LGTB está vista, sí, pero normalmente el protagonista pasa por una liberación mayor o menor que le permite seguir adelante. Shelby no llega a ese punto antes de acabar en la isla. Ella cede al chantaje de su padre y renuncia a todo por no estar sola en el mundo, por no perder a su familia. La apariencia de un padre amable que sólo quiere «que no esté sola» es en realidad demoledora: está dispuesto a dejar que sufra, a ceder en lo que sea (incluso la operación de los dientes) siempre y cuando acceda a no ser ella misma. Ya no es perfecta como Dios la creó; ahora hay algo que arreglar. Por eso es tan importante que todas le paren los pies cuando dice que tiene derecho a sus creencias homófobas. Le están enseñando que el odio no es tolerable, ni para ella, ni para nadie.

Shelby es, en parte, villana en su propia historia. Provoca, en cierto modo, el suicidio de su amiga, utiliza como arma arrojadiza un abuso sexual, cae lo más bajo posible. Y, aunque esto no es justificable en ningún caso (en ninguno), lo hace a raíz del miedo más irracional de todos: cree que nadie va a quererla nunca, que será algo que «no tenga salvación» si la gente se entera de lo que ha pasado. Y ella misma es consciente de que lo que ha hecho mal no ha sido besar a Becca, sino lo que ha venido después, pero no puede procesarlo. No sabe sino verse como la fealdad con la que ella misma se describe al principio a causa de los dientes… Pero no es sólo eso lo que realmente la atormenta.

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Es todo lo contrario al conflicto que presenta Toni, que siente que ella no vale nada y que no es importante porque nadie la quiere. En el caso de Toni da igual lo que haga, porque nadie la va a querer (salvo Martha). Lo destroza todo por adelantado porque está acostumbrada a no tener nada, y no tener nada es también no tener nada que perder. Lo que sí me gusta de esta trama es que Toni no sufre homofobia de gente cercana (aunque sí un ataque homófobo). Contrasta con la realidad de Shelby, que intenta explicar que aunque no parezca que está sola, en realidad, está más sola que Toni.

Aunque creo que esta historia tenía mucho potencial que hasta ahora no ha estado bien aprovechado, creo que ambos personajes están muy bien construidos. Lo que he visto de ellas hasta ahora me interesa lo suficiente como para querer averiguar qué pasará después. Incluso a nivel individual, aunque su historia de «amor» no me interese tanto, sí quiero saber cómo será la relación entre Shelby y su padre después de haber vivido la liberación en la isla. O si Toni será capaz de abrirse con Shelby después de todo lo que pasó, teniendo en cuenta lo que ha madurado allí. Y ese creo que es el mayor acierto de la trama croquetil de The Wilds: lo interesante, para mí, no es la relación en sí, sino los personajes y cómo pueden cambiarse entre sí.

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Sea por las croquetas, por el feminismo, porque la sinopsis promete y la serie cumple su promesa… Para mí esta serie ha sido uno de los mejores descubrimientos del 2020. He disfrutado y sufrido con cada episodio, he querido protegerlas a todas (Linh incluida) y me he enfadado con el mundo una y otra vez. Me ha tenido en vilo.

Y lo más importante de todo, me ha hecho pensar. No se me ocurre qué otra cosa pedirle.