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Enoki de Vive: el lujo a tu alcance

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Esto era, me da vergüenza hasta enseñarlo

Hubo una época de mi vida en la que fui lo más parecido a una ermitaña. Trabajaba muchísimas horas en una casa aislada de la civilización, en medio de unas montañas danesas. El pueblo más cercano estaba a una hora en bici y como buena femme, no me atreví a cogerla por mi falta de práctica (en los países nórdicos eso se lleva mucho, pero en Barcelona me basta con el metro y el bus). Durante ese tiempo, mi mayor diversión fue Anatomía de Grey y mi novela erótica Fugace Piacere. Ah, y un vibrador ridículo de Picobong que me llevé por si acaso. Digo ridículo porque me llevé una bala con dos pilas para dos meses de supervivencia. DOS PILAS Y UNA BALA. Si tuviera que irme ahora, como mínimo me llevo algo recargable, porque en más de una ocasión tuve que cambiar mis pilas por las del mando de la tele.

Pues claro, cuando dejé aquel lugar tan pero tan tranquilo y pasé unos días descubriendo Copenhague y sus tiendas de sadomasoquismo, tuve que comprarme una magic wand para compensar los orgasmos perdidos. Tenía la fantasía de probarla porque es muy famosa en el mundo del porno y parece que cualquiera que la usa tiene un orgasmo instantáneo. Yo compré la más barata, porque el cambio de euros a coronas me dejó seca. Me gasté unos cuarenta euros en una especie de batidora que me decepcionó por completo. Hacía todavía más ruido que Rosita (que conste que escribí la reseña de Rosita antes de probar las maravillas varias que he probado recientemente). Después de eso, me dije que las varitas mágicas de las narices podían irse a freír espárragos.

Aquí os quedáis, castigadas, por destrozarme una fantasía.

Y luego, casi dos años después, tengo el placer de conocer al holandés Enoki gracias a Oh Lilith!.

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Enoki no es exactamente una varita mágica, sino más bien un híbrido que combina el diseño de una varita y el tamaño de un masajeador. Lo que tienen en común Enoki y las magic wand es que «no se meten», sino que su uso es externo y tiene como objetivo estimular el clítoris. El caso es que este vibrador que parece una seta o un micrófono o lo que se os ocurra, me ha devuelto la ilusión por las varitas.

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Luces, cámara, ¡ACCIÓN!

Lo que más llama la atención, ya os digo, es la forma. Cuando lo probé la primera vez me sentí rarísima, porque estaba acostumbrada a otro tipo de masajeadores, como este, este o este. Hay que sujetarlo de forma diferente y por eso al principio es inquietante. Pero no te preocupes, después de unos minutos de brrrrrrr te acostumbras. Ay, el brrrrrr: resulta que tiene diez modos de vibración y uno adicional que se llama «clímax» y ya te puedes imaginar para qué sirve. Este modo es el más potente y te aseguro que el nombre le pega…

¡Y mucho!

Más cositas sobre esta joya: es resistente al agua y recargable por USB. Tiene 55 minutos de autonomía con unos 100 de carga. La interfaz es sencilla y consta de tres botones: un +, un – y uno central para encender y apagar el juguete. El central tiene una luz que indica el estado de la carga (verde, 100% cargado; blanco, juguete on fire; naranja: o me pones a cargar o te dejo a medias).

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El Enoki de postureo

Como os he explicado alguna vez, los recargables son más silenciosos y me ha gustado mucho descubrir que, en las instrucciones, se indica cuánto ruido hace con respecto a otros juguetes de la marca. En el caso de Enoki son 60 decibelios, es decir, un poco más de ruido que un ordenador.

Voy a decir algo malo porque si no pierdo toda credibilidad: los botones me han parecido demasiado pequeños y poco cómodos de manejar. Puede que influya el hecho de que tengo las uñas largas a diferencia de la gran mayoría de lesbianas, pero el hecho es que me ha costado más de la cuenta subir, bajar y todo eso.

Quitando el detalle de los botones, solo tengo palabras buenas para Enoki. Lo mejor, diría yo, es que tiene un acabado de lujo con silicona flexible libre de polvo y un precio muy razonable. Siempre os digo que si os queréis comprar un vibrador, mejor ahorrar para uno bueno: pues ya podéis sacar las monedas del cerdito, ¡ha llegado el momento! La setita de Vive es perfecta para estrenarte si buscas un primer vibrador y también para los clítoris más exigentes que buscan potencia a un buen precio.

El mío es exigente, ifyouknowwhatImean

Para conocer mejor a esta mini magic wand tan innovadora y bonita, pásate por Oh Lilith!

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