Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
(Autobiografía)

Hija de una costurera y de un portero, nacía en Lavapiés, en 1917, una escritora única, singular, a quien catalogarían como de la generación del 50 y a quien la que la literatura española nunca le daría el lugar que se merece, Gloria Fuertes, escritora precoz, comenzó a darle a los versos a los catorce años, a los quince ya los leía en Radio España, y a los diecisiete terminaría Isla Ignorada, su primer poemario.

La guerra civil y la muerte de su madre, en el 34, la marcarían de por vida y la llevarían a refugiarse, la que leía con ansia y escribía con pasión. La soledad a la que esta situación la abocaría se convertiría en un tema recurrente en sus versos. Unos versos que, llenos de una nostalgia omnipresente, pero también de un agudo e inteligente humor del que se serviría para enmascarar la verdad y la crítica ante la siempre vigilante e inflexible censura franquista, supondrían una brisa de aire fresco para la poesía de la posguerra.

Su estilo, cercano y sin florituras, estaba lleno de juegos de palabras e ingenio que atacaba veladamente a la conservadora sociedad de la época y cuestionaba el modelo de mujer establecido, mientras que alababa a los diferentes y a los inconformistas. Esta sencillez le traería consigo el rechazo de los mandamases de la poesía, que nunca la reconocerían como una de ellos. Lo tenía todo en su contra. Porque, además, Gloria era mujer, lesbiana y de clase social baja.

Su condición de lesbiana es algo que Gloria Fuertes nunca ocultó, pero, muy recelosa de su intimidad y en una época en la que estaba vigente la ley de Vagos y maleantes que castigaba penalmente la homosexualidad, este era un tema tabú del que no se hablaba.

Durante el día, se ganaba la vida siendo mecanógrafa, secretaria o contable, mientras que, por la noche, se entregaba a la poesía. En las revistas infantiles Maravillas y Chicas vería publicados sus primeras historias y poemas, mientras sus obras y poesías se representaban por los teatros infantiles de Madrid. Su obra para adultos, por contra, pasaría desapercibida por el público español, pero no para el sudamericano o estadounidense donde era reconocida, estudiada y alabada. A Estados Unidos se iría durante dos años, tras obtener una beca Fullbright para dar clases de Literatura Española en la universidad. La primera vez que entraba en una universidad, y era para dar clases.

“Me siento sola y una, como una sola luna
-por ser igual a todas las mujeres y no parecerme a ninguna-,
me siento sola y una en mi vacía cuna.”
(Historia de Gloria, 198)

Su fama comenzaría a despuntar a finales de los 60 y principios de los 70, momento en el que vería realidad su sueño de poder dedicarse por completo a la literatura hecho realidad al ganar una beca March de literatura infantil. Su figura comienza a asentarse en el mundo de la literatura infantil, sus cada vez más frecuentes apariciones en la televisión y el gran número de ventas que ello le reporta, hacen de ella un personaje conocido por todos. Este aspecto positivo vino contrarrestado, sin embargo, con otro negativo, su poesía literaria quedó eclipsada e ignorada.

Todos nos hemos quedado con la imagen de Gloria Fuerte como «la poeta de los niños», o «la poeta de guardia», como ella se autodenominaba, pero nos hemos olvidado de que hay mucha más Gloria detrás. Este año, que marca los cien desde su nacimiento, es el momento perfecto para empezar a descubrirla.

Tus besos cambian el curso 
de mis aguas 
y humedecen la sequía
 de mis desiertos interiores
(Mujer de Verso en pecho, 156)