
El instituto. Esa época bella, dorada, en la que brillabas con el esplendor de la juventud. Esa fiesta continua que siempre recuerdas con un cariño inmenso ya que abarca los mejores añ… Espera. No. Rebobinemos un poco. Aunque conozco a un par de personas para las que esos años de instituto fueron los mejores de su existencia (un abrazo, espero que la vida mejore), conozco a muchas más (me incluyo), para las que representaron un pequeño infierno en la tierra. El lugar en el que se fragua la resiliencia, esa habilidad vital con la que se llenan la boca los psicólogos, esa “ventaja” nacida como herramienta de supervivencia en un entorno hostil. Y en un entorno hostil es en el que se mueve Abby Kita.
Corre el final de los años 80 en la academia femenina Wilberton y Abby ha sido transferida a un instituto en el que los grupos de amistades no sólo ya están creados, sino que son herméticos. Ignorada e incomprendida, la encontramos como un pingüíno en mitad del desierto, perdida en la fiesta tras el mayor evento de la academia: la representación del club de teatro. (Sí, han vuelto a representar Romeo y Julieta, es ineludible.) Y como tal, la seguiremos a lo largo de las casi trescientas páginas del cómic, desde el descubrimiento del cadáver de una compañera en el bosque que circunda la academia hasta la resolución del caso.

Como habréis adivinado, nos encontramos ante una historia juvenil de misterio con detective adolescente en la que el mayor atractivo es su protagonista, una joven con el mundo en contra y marcada por un pasado traumático, siguiendo algunas de las convenciones populares del género. Y lo digo de forma apreciativa, creo que Tamaki los usa muy a su favor.
La guionista trabaja la historia con solidez, destacando como suele en la construcción de personajes con Abby y Claire, su ambivalente compañera de cuarto. Una lástima que los, digamos, villanos de la historia, queden en esta ocasión algo planos, pero darles más cuerpo estropearía la posible sorpresa para las lectoras.
En cuanto al dibujo, Nicole Goux se mueve con habilidad en esa fusión de cómic independiente con manga que tanto nos hemos acostumbrado a ver en los últimos años y que, a nivel personal, disfruto mucho. Goux tiene un dibujo fluido coloreado con una paleta limitada de azules y rosados que funciona especialmente bien para las escenas nocturnas.
Estamos en el blog que estamos, así que, no os mareo más; sí, hay sáficas y es relevante que las haya. Eso sí, como buena historia en los ochenta que intenta ser realista, el nivel de homofobia se dispara a partir de cierto momento.
Resumiendo, que es gerundio. Este sitio me mata no sorprenderá a las más talluditas, sobre todo si son fans del género de misterio y suspense. Es sencillo averiguar hacia dónde apunta la sangre. Ahora bien, tampoco creo que lo pretenda, y el espacio que crea es uno cómodo de habitar como lectoras sáficas: academia femenina, club de teatro, muertes. Familiar, sí, pero con puntos que aún cuesta encontrar en este tipo de historias, personajes sáficos protagonistas y con peso real en la trama.
Para su público objetivo adolescente, sin embargo, puede ser una puerta de entrada maravillosa al género, con una protagonista queer que sufre pero persiste, alguien por quien no cuesta apostar ni empatizar. Y, en definitiva, una historia a la que volver en esos años difíciles de instituto. Y también mucho tiempo después.
Gracias a La Cúpula por la fantabulosa copia de prensa.
Podéis echarle un vistazo a las primeras páginas en calameo. Al final viene un descuentillo para la web de La Cúpula, en la que podéis comprar Este sitio me mata.
- Ficha técnica
- Este sitio me mata
- 276 páginas, color, 15 x 22,6 cm
- Rústica con solapas
- Guion: Mariko Tamaki
- Dibujo y color: Nicole Gaux
- Traducción: Marina Borrás
- Rotulación: Iris Bernárdez
- Ediciones La Cúpula



