
Quería que me gustase. Palabrita que sí. Lo he intentado fuerte, pero no ha sido posible. Aunque me cueste decirlo, fue duro hasta llegar al final. Almost adults ha sido una grandísima decepción y, de principio a fin, es un desastre.
Como seguidora más o menos habitual del trabajo de Sarah y Adrianna en Unsolicited Project, tenía muchas esperanzas puestas en la película y daba por hecho que añadiría otra a la muy escasa lista de comedias croquetas, ligeras pero bien hechas, de esas con las que pasas un buen rato y te reconcilias con el mundo mientras comes pizza en pijama. Mechachis. Otra vez será, porque Almost adults no ha pasado el corte.
Es el último año de universidad, y las vidas de Cassie (Natasha Negovanlis) y Mackenzie (Elise Bauman) parecen no estar yendo como habían planeado. La primera acaba de dejar a su novio tras una larga relación. La segunda se decide a dar el paso de salir del armario y recuperar el tiempo perdido. Cuando ambas más se necesitan, y a medida que las puertas de la vida adulta se van acercando cada vez más, la distancia entre las dos más grande es.

Por donde empezar… El guión, las actuaciones y los personajes están cogidos con pinzas. Por un lado, la trama es un cocktail agitado y revuelto de giros predecibles, situaciones escasamente cómicas, interacciones cero verosímiles y partes menos cinco realistas y conflictos generados a partir de dramas exagerados. Por otro, la sobreactuación mata la desde siempre increíble química entre Natasha y Elise, que aquí se vuelve insuficiente para levantar el tema. En cuanto a los personajes, resultan aburridos, antipáticos y planos como tablas. A Cassie y a Mackenzie las conocemos con la misma profundidad en el minuto 1 como en el 90, no hay desarrollo ni evolución, ni para delante ni para detrás, ni nada de nada. Cassie es egoísta y un pelín insoportable. Mackenzie es más el boceto de un personaje vestido con camisa de cuadros y pantalones rotos que otra cosa. Y ambas coinciden en ser unas egocéntricas que se creen el ombligo del mundo.
Llena de clichés y chistes sin gracia, Almost adults es un buen ejemplo de lo que es una buena idea, pero una mala ejecución.


La nueva serie de Netflix, que verá la luz en algún punto de este año, es Gipsy. La ficción está protagonizada por la oscarizada (me encanta esta palabra) Naomi Watts, quien será Jean Holloway, una terapeuta que se verá involucrada en relaciones íntimas y peligrosas con personas relacionadas con la vida de sus pacientes. Jean está casada con Michael, interpretado por Billy Croud, pero parece que le gusta pasearse por el lado croqueta de la vida. 










Veréis: antes de la llegada de Netflix en nuestro país, los ejecutivos de otro canal vieron el potencial que tenían dos de sus ficciones, y decidieron comprar los derechos de emisión. Este canal era Movistar +, y las series, House of cards y la que nos ocupa, OiTNB. Estas dos series, pese a estar distribuidas por Netflix, han sido producidas por otras empresas, que son las que venden sus derechos alrededor del mundo. Como en España no había Netflix, ¿qué impedía a Lionsgate, productora de OiTNB vender sus derechos a otra cadena? Nada, claro.
Así, la quinta temporada de Orange is the new black llegará a España el día 10 de junio, es decir, un día después de su lanzamiento mundial, y de la mano de Movistar +. Suponemos que antes de su estreno, Movistar + liberará la cuarta para su visionado en Netflix.












