
En el primer episodio de la serie, el piloto, y también en la premiere de la segunda temporada, Transparent se había presentado como una serie coral. Maura era el motor que echaba la acción a rodar, pero la interacción son su familia, y también las circunstancias y relaciones de los miembros de la misma, eran verdaderamente lo que creaba la atmósfera de la serie. En esta nueva premiere, sin embargo, el argumento se centra en Maura, y además la presenta de un modo totalmente renovado, porque habla de algo que, hasta ahora, no se había explorado: sus privilegios.

Porque Maura, mujer trans, es también blanca, judía y rica. Algo que, hasta ahora, había pasado prácticamente desapercibido porque su universo, el que veíamos los espectadores, era también así. Pero su incursión en el centro comercial nos enseña a una Maura más indefensa que nunca, y su indefensión viene de su soledad. Porque incluso en el peor momento de su viaje, el Festival de Mujeres que se desveló «para mujeres nacidas mujeres», Maura tuvo una compañía comprensiva. Aquí no, y su experiencia es practicamente la misma que si viniera de Marte.
La vuelta de la serie, pese a todo, es igual de poderosa que cabía esperar. No ha perdido ni un poco el pulso narrativo, y es capaz de aunar metáforas con realidad del mismo modo al que nos tiene acostumbrados. Si la segunda temporada hablaba sobre encontrar tu sitio en el mundo, la tercera parece que nos enseña qué pasa cuando ese sitio que creías tuyo no lo es tanto. Un comienzo más que interesante.




Jacqueline Toboni (Jo) y Kiersey Clemons (Chase) son las protagonistas de una historia que, mira, sí que nos creemos. Chica conoce a chica, y por querer agradar a tu compañera te inventas una historia, que puede ir desde lo que cuentan en la serie («voy a probar el veganismo y voy a ir en bici a todas partes») a ejemplos más cotidianos, como cuando dices que «a veces» sales a correr. Mentira. Lo que te gusta es salir los sábados y beberte hasta el agua de los floreros, pero a lo mejor este ejercicio de honestidad brutal no queda bien como primera impresión.
Easy es divertida, y sin más pretensiones que entretener durante los 20 minutos que dura. El resto de retratos de las relaciones modernas que hace son igualmente interesantes, y permiten echar un ojo sin llegar al voyeurismo. La apuesta indie de Netflix de esta temporada merece una oportunidad. Además, Jo y Chase vuelven a salir 😉


Hay algo que tienen las canciones de los años 40, 50 y 60 del siglo pasado, algo que hace que las canciones de amor de esas décadas vayan directas al corazón y a los pies (aunque no sepamos bailar). Las taradas son una banda de señoritas, según sus propias palabras, que quieren recuperar los sonidos analógicos y artesanales, recuperar pequeñas joyas olvidadas que quizá tu abuela conozca, y que la incorpores al repertorio de tu vida.
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