Love is in the air, everywhere I look around. Parece que Kristen Stewart, la más hermética de las actrices de Hollywood (que ya es decir), ha encontrado el amor de nuevo. Después de que Alice Cargile, su asistenta, compañera de piso, y persona que debemos googlear, desapareciera de su vida, los brazos de la cantante francesa Soko han sido el refugio de KStew, a la que le hemos intuído una sonrisa en las fotos que varios medios han publicado de la parejita paseando por París.
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Soko, nacida en Burdeos, es cantante y actriz, y seguramente os suene porque en esta web hemos hablado alguna vez de ella: cuando participó en el video de desconocidos que se besan por primera vez, cuando vimos Bye bye blondie, o cuando participó en una campaña de Calvin Klein. Esperamos que le vaya muy bien a la pareja, estupendamente, vaya, y esperamos con fruición que comiencen a salir fuentes anónimas comentando detalles de su relación, que es lo que pasa siempre.
Instagram es una puerta abierta a la vida de cada usuario. Aunque puede parecer que sólo sirve para compartir fotos de sushi, pies en la playa, y fotos que llevan demasiado filtro Valencia, no deja de ser también una herramienta para encontrar gente que comparte tus intereses. Yo sigo a demasiadas páginas de pizza y hamburguesas, pero hay personas que lo utilizan con mucha más cabeza que yo, y hacen que de verdad sirva para algo. Esta semana, bajo el hashtag #VisibleMe, adolescentes y jóvenes LGBTQI han compartido sus historias. Alegres o tristes, pero las suyas.
La historia de Zachary, sin embargo, no es tan dulce. Ha estado lidiando con quién era durante años, lo que le ha llevado a tener problemas de abuso de alcohol y drogas. Afortunadamente, está en proceso de recuperación.
Después del último episodio, de corte cómico, sabíamos que el drama iba a volver esta semana y de qué manera. Y es que el Ministerio del tiempo entra en cuarentena por culpa de un brote de gripe española que empieza con Irene Larra, pero tranquilas, que esta vez no ha pasado como en alguna otra serie (no digo cuál pero es una muy de moda ahora mismo) y… esperad un momento:
Vale, ya puedo seguir. Como iba diciendo, nuestra croqueta intertemporal se contagia de la gripe española durante una misión, y a Susana Torres (Mar Saura), nueva jefaza, no se le ocurre otra cosa que traérsela de vuelta al siglo XXI… Claramente, no podía salir bien y tienen que cerrar el ministerio con todos los trabajadores dentro. Uno tras otro van cayendo enfermos mientras nosotras nos comemos las uñas, ¿va a caer otra lesbiana de la pequeña pantalla? ¿Vamos a perder a nuestra Irene Larra y ni siquiera va a ser culpa de una bala perdida sino de un virus?
Sobreviviréee~
Ya sabéis que al final no se muere (minipunto para los guionistas, me reservo el punto completo para cuando acabe la temporada). No solo eso, sino que nos brinda otro momento les como nadie más que Irene Larra sabe:
Gracias RTVE, por poner los vídeos importantes a mano.
Además de conspiradora nata, se lía con su nueva jefa, toma ya. Poco le duró la pena de perder a su mujer, todo hay que decirlo. Pero se lo perdonamos porque da un juego inmenso al guión; Irene es un personaje clave para la trama de esta temporada, no solo por el destronamiento de Salvador a manos de Susana y el misterio al que aluden en la conversación del coche (¿qué sufrimiento comparten?), sino por la subtrama con los americanos que opino que aspira a formar parte del cierre de temporada junto con la reaparición de Julián. Sobre el beso yo me voy a poner el vídeo en bucle, porque me parece que este amor se va a romper dentro de muy poco, a nuestra Irene no le ha hecho mucha gracia eso de arriesgar las vidas de sus camaradas. Y es que es traidora, pero honrá.Regresan mis esperanzas de que al final haya tema con Lola Mendieta, wiiiiiiii.
Tenemos buenas noticias: la futura –presente– generación tiende a ser más tolerante y abierta de mente que las anteriores. Aunque esta afirmación necesita un poco de contexto, claro: son los resultados que arroja un estudio llevado a cabo en Estados Unidos por J. Thompson Intelligence, y según sus autores el 90% de los resultados son extrapolables a toda la población estadounidense. El estudio, del que se hace eco VICE, encuesta a dos generaciones de jóvenes: la generación Z, aquellas personas de entre 13 y 20 años, y la generación Y, entre 21 y 34. Los resultados son alentadores: los Z nos dan un varapalo a los Y que demuestra que la futura generación viene pisando fuerte en cuestiones de tolerancia y de visibilidad.
Por ejemplo: tan solo el 44% de los encuestados de la generación Z reconocieron comprar la ropa en función de su género, frente al 54% de los Y. El 70% de las personas encuestadas de entre 13 y 20 años apoyan que los servicios sean neutros e inclusivos y no estén divididos con el clásico hombres/mujeres; la generación Y, de 21 a 34 años, se queda en un 57% de apoyo a esta medida. Mientras que el 65% de la generación Y se identifica exclusivamente como heterosexuales, los adolescentes de la Z no llegan ni a la mitad: solo el 48% se considera completamente heterosexual. NowThis recoge los principales resultados del estudio en este vídeo (que os traducimos más abajo):
Con motivo del treinta aniversario de uno de los festivales de cine LGBT más prestigiosos del panorama, el BFI Flare: London LGBT Film Festival, más de cien expertos en cine se han reunido y han llegado, mediante a una votación, a una conclusión rotunda: Carol, de Todd Haynes, es la mejor película LGBTI de todos los tiempos, batiendo a títulos bien conocidos como Brokeback Mountain, La vida de Adèle, Mi hermosa lavandería, Todo sobre mi madre o Muerte en Venecia.
Las opiniones de los críticos, entre los que se encuentran Corrina Antrobus (Bechdel Test Fest) o Robbie Collin, crítico de The Telegraph, entre otros muchos nombres de peso en la industria, han sido una maravilla. Emma Smart, programadora del BFI Flare ha dicho de ella que es «literalmente la película lésbica que todo el mundo esperaba. Trasladada a la pantalla, Carol es todo lo que amé del libro, y mil veces mejor. Es un cine espectacular y que te quita el aliento. Me enamoré a primera vista», mientras que, por ejemplo, Sarah Wood, realizadora, ha esgrimido que «lo que me encantó de Carol es el modo en que nos mantienen fuera de la relación central. Muy audaz. Muy retador. Nos deja a merced de nuestro vouyeurismo, de la seduccción de la imagen. Una genialidad».
La cocinera Rebeca Hernández saltó de los fogones a la televisión en la segunda edición del programa Top Chef, aunque su carrera gastronómica venía de antes. La Berenjena, el bar-restaurante que regenta Rebeca en el centro de Madrid, abrió sus puertas en 2011, años antes de su paso por el programa. ¿Y por qué cuento todo esto? Porque con casi cinco años de vida a sus espaldas La Berenjena ha recibido una crítica homófoba en Trip Advisor porque “solo había mujeres” en el local. Y Rebeca, a parte de denunciarlo públicamente en su cuenta de Twitter, ha contestado a la indignada usuaria con muy buen tino:
En primer lugar, muchas gracias por su visita y por molestarse en dejar una opinión del ambiente que encontró ese día en nuestra casa […] No sé si a la gente le interesa demasiado su homofobia, o sus opiniones al respecto, en nuestro caso nos importa bien poco y deseamos que personas como usted no pisen nunca nuestra casa.
El tuit que Rebeca publicó el 1 de marzo para denunciar este crítica homófoba ha superado los cien retuits y nos recuerda que, ante cualquier comentario irrespetuoso, no debemos quedarnos con los brazos cruzados. ¡Bien por Rebeca!
Internet es un sitio maravillloso, de eso no me cabe la menor duda. Está lleno de gente con mucho talento e inquietudes que pueden fomentar sus habilidades de manera exponencial, y ponerse en contacto con otra gente a la que le interese, o piense, o sienta igual que ellos. El problema viene cuando se nos olvida que, todavía, el mundo real e internet están separados por una fina línea, y que Twitter sigue pareciendo más una burbuja que una extensión de la vida de todos. ¿Por qué digo esto? Porque, tras #lodeLos100, las redes siguen revolucionadas, pero fuera de ahí pocos hablan de lo sucedido. Y es por esto, amiga croqueta, que voy a intentar contarte qué está pasando.
Como todas las series juveniles, y no tan juveniles, una parte importante de los espectadores no son meros sujetos pasivos de la acción, sino que, cuando ven lo que les gusta, se organizan en comunidades, preferiblemente por internet. Es el fandom. Es gente cuyo amor por la serie va más allá que sentarse una vez por semana delante del televisor, y que dedican parte de su tiempo libre en comentar la serie y sus tramas, en crear contenidos en forma de fanart, fan videos, fanfics, o cualquier otra expresión artística que tenga como base los personajes de esa serie que tanto les gusta. Shippean a las parejas con ardor, y son los seguidores más fieles de las ficciones. Hasta ahora estábamos acostumbradas a que la comunicación con series y creadores fuera unidireccional: ellos creaban y tú veías. Ahora, gracias a las redes sociales, ese contacto es mutuo. Los fans lo saben, y los creadores, también.
Por eso, cuando Jason Rothenberg, creador de The 100, invitó a los fans a visitar el set de rodaje a final de enero, sabía lo que estaba haciendo. Sabía que los asistentes iban a sacar el móvil e iban a filtrar, como quien no quiere la cosa, que Alycia Debnam-Carey estaba en el set de rodaje mientras filmaban la season finale. Y ahí fue cuando todo el mundo respiró y pensó que lo de Clarke y Lexa podía ser verdad.
Durante la segunda temporada entre los personajes de Lexa y Clarke se había generado una tensión sexual que era más que evidente para todo el que tuviera ojos. Esa tensión culminó con un beso, un beso esperadísimo por las fans, porque entre otras cosas nos daba una protagonista bisexual de una serie, algo que es como un cometa, no se ve muy a menudo. Después, la relación entre las dos se enfrió, pero en la tecrera temporada, cuando Lexa volvió a aparecer, algo nos hizo pensar que igual era el momento. Y lo fue.
Vaya si lo fue. En el penúltimo episodio emitido de la serie las fans pudimos disfrutar, por fin, de no una sino dos escenas de amor entre nuestros personajes favoritos. Las series sirven para muchas cosas, y una de sus finalidades es hacernos soñar. Cuando vemos que sí, que teníamos razón, que hay dos chicas que se enamoran en pantalla y sale bien, eso nos da fuerza y alas para pensar que en la vida real también va a funcionar. Desde que se inventó el cine, el género que más se ha rodado ha sido el romántico: por algo será.
Hasta aquí, la vida era maravillosa.
Instantes después, Lexa estaba muerta.
El problema con Lexa ya no es, bajo mi punto de vista, que haya muerto. Le dejaremos al creador la decisión de llevar la trama de una manera u otra, que para algo es su serie. El problema está en el cómo ha muerto, y en cómo nos sentimos nosotras.
Lexa murió de manera chapucera, y de una forma que, como hemos visto, parece ser una maldición entre las lesbianas de ficción. Para aquellos que digan que es un cliché, me gustaría recordarles que las chicas de Autostraddle han hecho una recopilación de personajes lésbicosy bisexuales muertos, y ya van por 135. 135 lesbianas y bisexuales muertas en series. Cuando lo leí no me lo podía creer, no podía ni creer que hubiera tantas vivas, imaginad muertas. El problema no es que las lesbianas mueran en series de televisión, el problema es que lo hacen SIEMPRE.
Las redes sociales, en este momento, empezaron a echar humo. El fandom se sentía traicionado por Jason Rothenberg, quien les había colmado de esperanzas para la pareja formada por Clarke y Lexa, y ahora, de repente y justo después de haberlas hecho suspirar, mataba a Lexa. A la misma Lexa que nos enseñaba rodando la season finale.
Bajo el hashtag #Lexadeservedbetter y #LGBTfansdeservebetter, comenzó entonces una campaña espontánea que quería hacer visible el dolor por la pérdida de Lexa, y a la vez llamar la atención sobre la mala suerte y fatal destino que acompaña siempre a los personajes LGBT en las series, esos personajes de los que se puede prescindir a la mínima de cambio. Jason Rothenberg está pagando sus pecados y los de todos los creadores anteriores que decidieron que matar a la lesbiana de la serie era lo mejor que se podía hacer con ella, ya que no se sabe si por falta de habilidad o por falta de comprensión social, no podían pensar mejor destino para ellas.
Mientras una parte de las fans se dedica a construir debate en las redes, intentando explicar porqué el llorar la muerte de un personaje no tiene nada que ver con ser inmaduro sino empático, el papel de las series como vía de escape, la importancia de la visibilización LGBT pero también racial y de cualquier otro tipo en las ficciones, e incluso recaudar fondos para una causa tan sumamente importante como es el apoyo a todos esos adolescentes LGBTQI que sienten que su única salida es el suicidio, el Trevor Project, a la que han ayudado con casi 40.000 dolares hasta el momento, hay otra parte del fandom, minoritaria pero que hace muchísimo ruido, que se ha dejado llevar por sus emociones y ha sobrepasado la línea. La comunidad LGBT se merece algo mejor, y no lo vamos a conseguir convirtiéndonos en justo aquello que odiamos y nos odia.
¿Será gracias a Lexa el comienzo de una nueva era en que los personajes lésbicos y bisexuales no sean usados como cebo, ni mueran a la primera de cambio, sino que sean, simplemente, tratados como el resto? ¿Podremos alguna vez disfrutar en una ficción de una pareja de mujeres (o varias en un mismo show, impensable) sin que sea por motivos de audiencia, tratada con respeto, y que no sea el rasgo definitorio de ninguno de los dos personajes? Si esto es así, la muerte de Lexa habrá servido para algo.
Hablamos mucho de la visibilidad de las mujeres lesbianas en los medios, en las películas, en las series, y, en definitiva, en cualquier espacio público que pueda servir de espejo para toda la comunidad croqueta de a pie. Chanel, Claire, Jess y Chanelle, cuatro chicas de Los Angeles, también son conscientes del gran reto que supone la visibilidad. Y para aportar su granito de arena están produciendo y grabando el documental Calling All Lesbians.
Las cuatro jóvenes recorrerán diferentes ciudades de la Costa Oeste en busca de historias reales que contar sobre las mujeres lesbianas que habiten esos lares. Las creadoras de Calling All Lesbians definen el proyecto como “un documental que espera contribuir a crear un nuevo cuerpo de trabajo cambiando eso [la exclusión de las mujeres queer de los medios]. Porque una auténtica y diversa representación es increíblemente vital en los medios, nos encantaría tener tu apoyo en este proyecto”. Apoyo literal porque, una vez más, el crowdfunding es el camino más viable para que un proyecto como Calling All Lesbians vea la luz.
El equipo de Calling All Lesbians está poniendo de su bolsillo los costes de producción del documental, pero una ayudita nunca viene mal. Han lanzado una campaña de crowdfunding en Indiegogo con la que esperan recaudar 2.500 dólares para poder mejorar la calidad técnica del proyecto y rentabilizar gastos de transporte, entre otras cosas. Como viene siendo normal, las y los mecenas pueden aportar desde 5 dólares hasta 250 (y te llevas de regalo tu nombre en los créditos del documental). Aún falta un mes para que se acabe la campaña de financiación y Calling All Lesbians ya ha recaudado 1.380 dólares. ¡Les deseamos mucha suerte y que consigan que el documental llegue a buen puerto!
“Eso que pasó en The 100” está teniendo una repercusión estratosférica en todo el mundo conocido. Pero da la casualidad de que eso también ha traspasado las fronteras de la propia serie, y ha tocado por la tangente al reboot de la NBC de Xena: Princesa Guerrera. ¿Por qué? Pues porque el encargado de traer de vuelta a Xena y Gabrielle a la televisión es Javier Grillo-Marxuach, precisamente uno de los guionistas de The 100. Y las croqueto alarmas de todo el mundo se dispararon, preocupadas por el porvenir de las futuras Xena y Gabrielle. Pero Javier, muy empático, contestó a un fan en Tumblr, LITERALMENTE ESTO sobre la nueva versión de Xena:
Xena será un show muy diferente hecho por razones muy diferentes. No hay ninguna razón para traer de vuelta a Xena sin el propósito de explorar a fondo una relación que solo pudo mostrarse de manera subtextual en los años 90. También expresará mi visión del mundo –que ha repercutido más por lo que está pasando ahora– y no es demasiado difícil saber cuál es esa visión si investigas un poco.
Parece que Grillo-Marxuach ha hecho un Kristen Stewart y nos ha mandado a todas a Google, así que creemos que no estamos locas si afirmamos que muy posiblemente el reboot de Xena: Princesa Guerrera nos traerá a unas Xena y Gabrielle completamente fuera del armario y como una pareja feliz que dedique su tiempo libre a recorrer Grecia para salvar a sus pobres ciudadanos del mal. Que vaya por delante que aún no tenemos ni idea de quiénes serán las actrices elegidas para encarnar semejante honor pero, sean quienes sean, tienen muy difícil superar a Lucy Lawless y Renée O’Connor, por TODO esto:
Venga, otra vez:
Insisto: todo un reto por delante para igualar a las Xena y Gabrielle originales.
¿Crees que tus movidas de croqueta son exclusivas de tu generación? ¿Te crees especial por ser millenial? ¿Crees que la vida moderna es complicada? De eso nada, monada. Nos hemos dado un paseíto por el Museo del Prado y hemos comprobado que los dramas son algo atemporal, algo eterno, como Cher y Madonna.
Cuando estás preparada para salir al Fulanita y te cancelan la cita
Cuando estás besándote con tu chica y te observan desde la otra punta de la barra
Cuando entras en el bar / Cuando dan las luces / A la mañana siguiente
Cuando quedas con tu amiga al día siguiente para contarle todo
Cuando vas a ver el primer hijo de tu pandilla de amigas hetero
Cuando tu amiga te está contando el enésimo bollodrama con su novia
Cuando te ves guapísima y te haces un selfie para ponerlo de foto de perfil en Wapa
Cuando estás en la frutería del Mercadona y una chica te hace ojitos
Cuando te das cuenta de que tu novia y tú os habéis mimetizado
Cuando vas a mandar una foto comprometida por DM y entra tu madre en la habitación
Todas las imágenes son únicamente de cuadros expuestos en el Museo del Prado. Obviamente la idea la hemos sacado de Buzzfeed, que son nuestro espíritu animal y todo lo que queremos ser de mayores.