Img 13101 35ce66ba40678a68ff3f2c4f5e3def8e 16, Hay una lesbiana en mi sopa

En el día de hoy quería hablaros de un artículo erótico que me había llamado la atención durante años y que hasta el verano pasado no me atreví a probar: las pinzas para los pezones. Siempre he tenido mucha sensibilidad en los senos y los juegos preliminares con ellos como protagonistas me vuelven loca. Acariciar, arrastrar las uñas, morder, lamer, succionar. Es una de las zonas más erógenas de nuestro cuerpo. Está claro que no todas las mujeres somos iguales, algunas no sienten tanto placer en los pezones, mientras que otras pueden conseguir llegar al orgasmo solo estimulándolos. La mayoría de nosotras nos encontramos en el término medio: jugar con nuestros pezones resulta divertido, placentero y un complemento excepcional para el sexo.

Como ya debéis saber a estas alturas, soy una gran fanática de la masturbación. Para mí se trata de una forma de liberar tensiones, dedicarnos a nuestro cuerpo y conocernos mejor a nosotras mismas. Hasta el verano pasado, había usado dildos y vibradores para la masturbación, nada más allá de eso (y las manos, por supuesto). Sin embargo, me fastidiaba que mis pezones no recibieran atención en el acto, con lo que a mí me gusta. Así que un día que estaba de viaje en Copenhague me acerqué a una tienda erótica de sadomasoquismo y me compré unas pinzas. Con deciros que desde que llegué al hotel hasta que me fui no salí de la cama, os lo digo todo.

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Para que os hagáis una idea de cómo eran, os dejo una imagen por aquí. Como veis, son dos pinzas unidas por una cadena gruesa. Son regulables gracias a la ruedecilla que lleva cada una de ellas, por lo que podemos ir ajustando la presión a nuestro antojo. Ahora bien, antes de colocarlas es bueno que los pezones ya estén estimulados y duros. La cadena metálica tiene una función importante, porque a pesar de que su peso es ligero es suficiente para que la presión aumente. Eso explica que haya modelos de pinzas que en vez de llevar esta cadena lleven un pequeño peso.

Para que os hagáis una idea, usar estas pinzas es algo así como si tu chica te estuviera pellizcando los pezones de forma constante. No os recomiendo usarlas durante demasiado tiempo, porque no es bueno detener el riego sanguíneo. Después de un cuarto de hora como máximo, deberíais quitároslas y vais a notar cómo vuestros pezones están mucho más sensibles a cualquier tipo de tacto, así que el juego todavía no acaba al retirarlas.

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Hace algunas semanas me regalaron unas pinzas no regulables en la tienda erótica Lliga’m. Son parecidas a un piercing postizo y están formadas por un aro que lleva un peso muy pequeño. Este tipo de pinzas no regulables son para expertas o mujeres que ya tienen experiencia con las pinzas, ya que desde un inicio ejercen una presión bastante fuerte en los pezones. Aun así, son ideales para aquellas a las que nos gusta el BDSM* y no nos andamos con tonterías (sobre esto ya hablaremos en otra ocasión). Las hay en acabado plateado y dorado y estéticamente parecen piercings para los pezones (un poco grandes).

Los orgasmos que se complementan con la estimulación de pezones son mucho más intensos y más largos y esta experiencia es más que recomendable. Quiero animaros a que probéis las pinzas, aunque si no las habéis usado nunca mejor que sean regulables, y luego me contáis. ¿Alguna ha probado pinzas para los pezones? ¿Soléis estimular los pezones durante las relaciones sexuales? ¡Contadme!

*Bondage Dominación Disciplina Sumisión Sadismo Masoquismo.

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