Un padre y una hija caminan por la nieve. Están en Noruega, y van a cazar ciervos. Pero la mira del padre se desvía lentamente, y apunta a la cabeza de su hija, que es tan sólo una niña.

La premisa de la película, y lo que se desvela en el trailer, puede hacer pensar que la cinta no es otra cosa que un remake nórdico de Carrie. Y es verdad que tienen algunos puntos en común, lo más obvios de la película, a saber, los poderes telekinéticos y la religión entendida de una manera opresiva. Pero eso es sólo la superficie. En el fondo, Thelma es una historia de crecer y de sentir cosas nuevas, y de cómo los monstruos son los otros, y no nosotros.

La película no está pensada solamente para amantes del cine de terror. De hecho, es posible que a estos les decepcione si lo que esperan es agarrarse al sofá con escenas de máxima tensión. Thelma es más sutil, más cifi que horror, más onírica que explícita. Pero la sensación que te deja al terminar es, casi, casi, de justicia.

