El pasado 29 de junio, la modelo sevillana Ángela Ponce se alzó con la corona de Miss Universo España en su sexta edición, convirtiéndose en la primera mujer trans española candidata al título de Miss Universo.

La joven de 26 años ya fue Miss Cádiz en 2015, año en el que también optó a la corona de Miss Mundo España, certamen donde no tuvo ninguna posibilidad al no aceptar mujeres trans entre sus participantes.

no pude ganar miss españa porque la organización de miss mundo no admitía mujeres transgénero (sic). tres años después me vuelvo a presentar porque en miss universo sí es posible

Con este triunfo, Ponce sigue la senda que ya abrió en 2012 Jenna Talackova al convertirse en Miss Vancouver, conquistando un espacio hasta entonces vetado para las mujeres trans, que tenían que conformarse con participar en concursos específicos para ellas.

Por desgracia, las opiniones tránsfobas no se han hecho esperar. Sólo hay que echar un vistazo a la sección de comentarios del vídeo de la coronación para leer perlas como “ha ganado un hombre”, “nunca será una mujer” y otras tantas lindezas. Parece ser que, en palabras de la propia Ángela Ponce, “la sociedad no está educada para la diversidad”.

Desde HULEMS nos alegramos de que este tipo de concursos empiecen a abrirse a la diversidad y se conviertan en una herramienta de visibilidad de las mujeres trans. Sin embargo, nos preguntamos hasta qué punto es empoderante para las mujeres (independientemente de que sean cis o trans) participar en concursos que fomentan una competitividad dañina entre nosotras para conseguir algo tan absurdo y subjetivo como ser “la más bella”. Como si no lo fuésemos todas, cada una a nuestra manera. Y, por supuesto, válidas.