¡Hola, croquetillas! Ya hablé de Two Car hace tiempo en un artículo de cajón desastre, pero merece una reseña algo mejor al haberme enganchado a las idiotas de las motos acuáticas dándose tiros. También dentro de poco haré una reseña a mi manera [de esas que suman puntos para que Marca me mande de una patada a la Luna] de Keijo, otra serie también bien hecha con trama que hay que seguir con lupa para no perderse.

Sinceramente, me he hecho muy fan de estos animes malos. Corrijo, para mí un anime puede ser malo de dos formas. Malo porque los guionistas se han fumado cosas no legales, pero te ríes y te partes con la tontería de historia, con lo cual tan malo no es. Y luego malo porque es malo, incluso rozando lo ofensivo. Con estas series es imposible ofenderte, y te ríes muchísimo por las tonterías que tienen. Creedme que estoy disfrutando cosa mala con la tontería de Kandagawa Jet Girls, cuando acabé volveré a escribir un artículo completo diciendo toda la maravilla que tiene esa chorrada entre tanta tontería y estupidez.

Con Two Car me pasó lo mismo. Fue anime de otoño de 2017, 12 capítulos porque la trama no daba más de sí. Admito que la veía fiel todas las semanas. ¿Es buena? No, como le pasa a las Jet Girls, la trama es producto de haber consumido drogas. Pero si te la ves pasas muy buen rato.

Yuri y Megumi, compañeras pero no amigas

¿De qué va? Empieza la temporada de carreras, chicas de diferentes institutos participan para ganar el título. Entre todos los equipos participantes iremos viendo la historia de cada una de ellas. Las carreras son en motos por pareja. Varios dúos de chicas compitiendo sobre motos con sidecar. Dicho así suena hasta serio. Mentira y gorda. De serio poca cosa. Primero, el concepto de carrera que tienen estos señores. Si con Jet Girls vemos que una conduce y otra dispara [aún me estoy reponiendo del bazooka de una de las americanas del martes pasado], aquí es que una conduce y la otra se coloca en el cajetín del copiloto y se va moviendo para ser más aerodinámicas. De verdad, no sé dónde compran las drogas, pero su camello se gana el sueldo.

Es que, de verdad, si te pones a analizar seriamente estas chorradas, no puedes, porque te da un esguince neuronal. Pero si te lo tomas con humor, disfrutas. Pasa como con las películas cutres de ninjas en colorinchis. Que son malas a rabiar, pero te partes.

Aquí tenemos varias parejas de chicas, todas ellas estudiantes de instituto. Megumi y Yuri son las más protagonistas, pero no son pareja, es más, se llevan a matar, más de una vez llegan a las manos porque se odian. Pero, por circunstancias, siguen compitiendo juntas. Pero sí hay tres parejas bollo muy curiosas: Misaki y Chiyuki, Nagisa e Izumi y Mao y Hitomi. Comento un poco sobre ellas.

Misaki y Chiyuki son la mejor pareja de la trama. Cuando cuentan su historia veremos que Misaki es una chica humilde que va a un colegio de pijas y debe trabajar para ayudar con los gastos. Conocerá a Chiyuki, una de las pijas. Aunque su historia tiene un poco de drama, poco a poco conectarán y se llevarán bien. A pesar del drama inicial que tienen, su historia es hasta bonita, muy simple y llena de tópicos, pero cuqui.

Misaki, «incómoda» por tener a Chiyuki encima

Nagisa e Izumi, aquí empezamos las bizarradas. Izumi es una sádica, disfruta haciendo sufrir a Nagisa, le gusta llegar al límite. Pero Nagisa es SU masoquista, que nadie se la toque. Nagisa es masoquista, quiere a Izumi y acepta lo que sea para estar a su lado. Sí, esta es la relación de “por favor, id ya al psicólogo, que empezáis muy pronto con ese tipo de relaciones”. Al igual que la relación anterior, son parejas que van evolucionando a lo largo de la trama.

Mao y Hitomi… En fin, aquí es donde menos gracia me hace todo esto. Es una parodia descarada de Haruka y Michiru, porque imitan hasta su aspecto. Mao es la menos femenina de pelo corto calzonazas. Hitomi es más femenina y es la dominante en la pareja. Ambas presumen de unos anillos de compromiso que no se quitan nunca. Este dúo, en vez de tener un capítulo propio donde se ve su historia, lo que hacen es salir siempre en un bar, haciendo una reflexión sobre las otras parejas. Siempre terminan diciendo que su amor es para siempre, porque sus corazones están conectados. Sinceramente, es una pareja surrealista y sus diálogos son para hacérselo mirar. Desde el cariño lo digo.

Aquí debieron pensar, «¡a la mierda el disimulo!»

Esas son las tres parejas bollo que hay, aunque hay que destacar también a Yuria y Maria, hermanas gemelas con crisis de identidad, a las locutoras que retransmiten las carreras, y el resto de personajes adultos que viven por el pueblo.

Insisto, sin ser una serie buena, pasas un buen rato. Las carreras, aunque absurdas, son emocionantes. Hay que tener en cuenta que las chicas no pueden hablar durante la carrera, llevan cascos [y nadie pensó en poner micrófonos en los cascos, cachis la mar], por lo que deben llevarse medianamente bien y tener cierta conexión para no ajostiarse en la primera curva. Porque claro, esto es visualizarlo y pensarlo mientras lo ves, como la que hace de paquete moviéndose durante la carrera la cague, o la otra tome la curva de aquella manera, se van a la mierda con todo el equipo. Es más, en la serie se ven diferentes accidentes leves por este tipo de cosas. Pero de verdad soy muy fan de estos deportes de mierda que deberían hacerse reales y olímpicos. Solo por las risas. Y, por favor, que alguien regale unos gallifantes a quien se piensa todas estas fumadas.

La semana que viene, si nadie lo remedia, hablaré de la otra joya que me falta de este tipo de deportes cutres, Keijo, un deporte de lucha entre chicas en el que se tienen que tirar de unas plataformas golpeando solo con las tetas y el culo. Otro argumento bien pensado, aquí ni esconden que lo que quieren es ver chicha.

¡Gokigenyou!