Ariadna, a sus treinta y tantos años, se entera de que su padre ha muerto en extrañas circunstancias. En una sola noche, la mujer tendrá que hacer frente a las sombras familiares del pasado para descubrir por qué y cómo murió su padre, y también tendrá que lidiar con sus propias sombras para hacer frente a su vida y su caótico presente. Y como la “vida se decide entre versos”, Ariadna tendrá muchos aliadas en ese viaje introspectivo: las palabras, las líneas y los versos que escribieron las autoras y los autores que, de alguna forma, marcaron su vida y consiguieron que la delgada línea entre la ficción y la realidad se diluyese.
Los amores diversos nos presenta un monólogo de Ariadna, interpretada por Rocío Vidal, en el que la protagonista va recorriendo los romances “secretos, anónimos y diversos” que han pasado por su vida, de la mano de los poetas y literatos que han forjado las definiciones de amor y de la propia vida que le han ido acompañando en el camino. Y entre esos autores, indispensables para entender a Ariadna –porque quizá seamos lo que comemos, pero también somos lo que leemos–, se cuelan en esta obra de teatro escrita por Fernando J. López las letras de dos mujeres lesbianas: la española Gloria Fuertes y la chilena Gabriela Mistral.
Gloria Fuertes (1917-1998) y Gabriel Mistral (1889-1957) y sus legados literarios marcan en esta obra la visión del feminismo y el papel de la mujer en el imaginario de Ariadna. Fuertes como “llamada de atención a la visibilidad del esencial papel de la mujer en la historia cultural y literaria”, y Mistral –primera mujer iberoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1945 y busto en los billetes de 5.000 pesos chilenos– como “reivindicación de la mujer en una sociedad donde la batalla por la igualdad aún sigue librándose cada día”. Los amores diversos se representa todos los lunes a las 20.15 en el Teatro Lara de Madrid, y, si vais a verla, os dejará con una pregunta en la cabeza: ¿cuántas páginas son una vida?
Hace unos días Mrs Plath me pidió que le hiciera una playlist en Spotify. Bueno, realmente no sé si me lo pidió ella o me ofrecí yo, pero al final nos quedó una lista de 30 horas en las que todas las voces eran femeninas, y se me ocurrió una cosa: ¿por qué no inventarnos un hasthag para descubrir temazos cantados por mujeres?
Cuando Beyoncé lanzó en febrero Formation, lo que iba a ser el single de presentación de su nuevo disco, nos prometió que este sería un disco político, el más político de su carrera. No en vano Así era Formation, una denuncia visual de cómo el huracán Katrina y la dejación de las autoridades había sumido a la comunidad negra de la ciudad en la miseria y el olvido más absolutos. La denuncia social se mezclaba con el feminismo, el racismo, la cultura queer, y la cultura negra. Porque Beyoncé, la mujer más poderosa del mundo, sabe lo que es, y lejos de pedir perdón por ello, se ha sacado de la manga Lemonade.
Presentado con un especial de una hora en la HBO, Lemonade es todo el discurso de la cantante de pop más importante de los últimos tiempos (sin permiso de nadie, ni siquiera de Madonna) convertido en pieza audiovisual. La texana hace de uno de los puntos más bajos de su vida, la infidelidad de su marido, el punto de rebote para conseguir resurgir de sus cenizas con más fuerza que nunca.
Durante todo el disco nos cuenta, con una exactitud tan reconocible que da miedo, todos los estadios de la traición: Angustia, ira, incertidumbre, perdón y, en último estadio, el vuelo del fénix, ilustrado con la canción más potente del disco, Freedom. Lemonade va de lo concreto a lo general: de una infidelidad puntual a los sentimientos más universales, esos en los que cualquier puede verse reflejado.
«¿Qué es peor, parecer celosa o loca?»
El disco no tiene un single claro, una canción que vaya a sonar en la radioformula y se convierta en un icono. No hay un Single ladies, ni un Love on top, ni siquiera uno borroso como Run the world. Y la razón es muy sencilla: Lemonade no es un puñado de canciones puestas juntas, es un todo, una pieza indisoluble.
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Gracias a la película podemos ver cómo la cantante, y ahora también productora y compositora, no deja ni un cabo suelto a la hora de hacer su discurso. Hay parejas gays, parejas de lesbianas, mujeres negras de todas las edades intercaladas con discursos de Malcom X e imágenes familiares de la propia Beyoncé, que se acuerda de quienes vinieron antes que ella haciendo pequeños homenajes como la transición entre Love Drought y Sandcastles, que es una canción de Nina Simone.
Estábamos habituadas a que el feminismo rampante de la artista tuviera pinceladas en sus álbumes, como por ejemplo en la muy queer Flawless, con ese discurso de Marie Shear, Feminism is the radical notion that women are people, intercalado en la canción, pero Lemonade lo lleva todo a otro nivel. Todo el mundo está hablando del álbum y, una vez más, vamos de lo concreto a lo general: todo el mundo está hablando de feminismo, de racismo, de discriminación.
Beyoncé ha conseguido crear algo que, empoderando complemtanete a la mujer negra, en la película, en los ritmos de las canciones, eminentemente negros, como el reggae en Hold up o el folk más sureño de Daddy Lessons, conjugado con exponer sus sentimientos en primera plana, llega directo al corazón de cualquier oyente. Como bien dice la abuela de Jay-Z en el álbum, le dieron limones e hizo limonada.
Como ya hemos hecho en los meses anteriores (enero, febrero y marzo), aquí os traemos una recopilación de lo más destacado del mundo croquetil del mes de abril (con rima y todo).
Lo primero que vamos a destacar de este mes, por supuesto, es que el día 26 fue el Día de la Visibilidad Lésbica, del que te hablamos aquí, aquí y aquí. Dicho esto, pasamos a nuestra recapitulación de siempre.
Este mes, pocas. Se estrenó la película española Kiki, el amor se hace, con Belén Cuesta en papel croqueta. Eso sí, podemos decir que este mes de mayo, por fin, se estrena Freeheld, a la cual os invitamos.
¿Qué series han vuelto para seguir aportando esa dosis de croquetismo a nuestras vidas?
Este apartado cada vez es más difícil de rellenar, porque cada vez hay menos lesbianas o bisexuales en pantalla. ¡Dejad de matarnos! Aún así, celebramos el regreso de la cuarta temporada de Orphan Black y la vuelta después del pequeño parón de El Ministerio del Tiempo. Además, se ha estrenado una nueva serie, Wynonna Earp, que creemos que nos va a dejar muy buenos momentos.
Hablando de series y cine… ¿Algo más?
El 2 de abril se celebró la primera de las galas de los premios GLAAD. Aquí tenéis un resumen de lo más destacado. La segunda parte será el 14 de mayo.
Para acabar… ¿Qué se ha visto en internet?
Sabemos que han pasado muchas cosas después de la que se lió con #LoDeLos100. Si nos centramos en lo positivo, además de lo recaudado con The Trevor Project (más de 123 000 dólares a fecha de hoy), se ha conseguido algo más. Varias escritoras y productoras junto con la creadora del Leskru Fundraiser y con el apoyo del movimiento LGTB Fans Deserve Better han creado el conocido como The Lexa Pledge. Un compromiso que podrán firmar voluntariamente guionistas, productores y escritores para tratar mejor a los personajes LGBT en la televisión.
La secuela de uno de los films más queridos de Disney en los últimos años está viento en popa, y a toda vela. Frozen 2 verá la luz en algún momento de 2018, y pese a que todavía no tenemos un guión en firme, van saliendo rumores que, muy probablemente, se conviertan en realidad.
El primero es la historia principal de la película. En la primera parte de la saga (¿se puede llamar saga a Frozen?), vimos como Elsa congelaba accidentalmente el corazón de su hermana, y muchas son las voces que anuncian que ese podría ser el punto de partida de la nueva película, el cómo Anna tiene que lidiar con los efectos de un corazón congelado y descongelado.
Pero uno de los rumores que más fuerza están cobrando en los últimos tiempos es el de si Elsa saldrá del armario en esta nueva parte. El director de la primera parte, Chris Buck, hizo en su día unas declaraciones que, si bien son ambiguas, nos dan una chispa de esperanza:
TENEMOS DOS MUJERES MUY FUERTES PROTAGONIZANDO FROZEN. VAMOS A SEGUIR CON ESO EN LA SIGUIENTE. Y VAMOS A TRATAR OTROS ASUNTOS QUE, CREO, ESTÁN AHÍ FUERA Y QUE CHICOS Y CHICAS, HOMBRES Y MUJERES, ESTÁN LIDIANDO CON ELLOS. CREO QUE SOMOS MUY CONSCIENTES DE LOS QUE ESTÁ PASANDO EN LA SOCIEDAD.
Para ayudar a los estudios a decidirse, se ha puesto en marcha en Twitter una campaña bajo el hashtag #GiveElsaAGirlfriend, en la que los usuarios esgrimen razones de peso para Elsa sea la primera lesbiana en las películas de Disney.
#GiveElsaAGirlfriend because it's time for kids to understand that there is nothing wrong with being in love with the same gender????
Noticias: No todo el mundo es hetero, así que, ¿por qué tendrían que serlo todas las princesas? #GiveElsaAGirlfriend
Veremos si el ruido llega a los estudios Disney. Desde luego, sería un gran paso en materia de visibilización, y ayudaría a muchos, muchos niños. ¿O no lo habría hecho con vosotras?
Toda croqueta que se precie, al leer el título de este artículo, habrá pensado en nuestra querida Xena, la princesa guerrera. ¡Cuántas alegrías nos dio y cuántas más, por lo que parece, nos va a dar con la llegada de la nueva serie que, además, promete sacar de los abismos del subtexto la relación entre Xena y Gabrielle!
Pero, manque me pese, en realidad la columna de hoy está dedicada a la festividad de Sant Jordi, o San Jorge, que se celebró el pasado sábado 23 de abril a la vez que el Día del Libro. Como sabéis, todo empezó con un “había una vez”… Un dragón se dispuso a atacar un pueblo, porque es lo que hacen los dragones. La familia real, a fin de mantener al dragón a raya, decidió entregarle cada día a un vecino para que saciara su apetito y dejara al resto de la población tranquila, y la entrega del vecino se realizaba por un sorteo democrático en el que también entraban los miembros de la familia real, porque no estaban aforados y daban ejemplo a sus súbditos, que es lo que hacen las familias reales. Así que, por supuesto, llegó el día en que le tocó a la princesa servir de merienda al dragón, porque eso es lo que hacen las princesas; y, acto seguido, apareció un caballero, San Jorge, para salvarla, porque los caballeros salvan a las princesas, y al resto de los vecinos, que les den. El caso es que el dragón acabó lanceado y de su sangre brotó una rosa roja y, claro, San Jorge o Jordi o George tomó esa rosa y se la ofreció a la princesa. Y por eso, desde entonces, en algunas comunidades y muy especialmente en Cataluña el hombre le regala a la mujer una rosa roja, símbolo de la pasión, acompañada para más señas de una espiga de trigo, símbolo de fertilidad; tradición que, al parecer, está documentada ya desde hace varios siglos.
Una parada de venta de libros en un barrio de Barcelona
Muy convenientemente, como ya he dicho, el 23 de abril también se conmemora el Día Internacional del Libro. Así, allí donde la festividad de Sant Jordi está más arraigada, esta fecha se ha convertido en un “día de los enamorados” en el que la tradición manda que las mujeres reciban rosas y los hombres, libros. Esto me recuerda mucho a aquellas ropitas infantiles azules y rosas con los mensajes respectivos de “inteligente como papá” y “bonita como mamá”. Me recuerda mucho, en general, al clásico reparto patriarcal de roles entre hombre y mujer, según el cual ellos se quedan con la inteligencia y ellas con la belleza.
Hoy en día, obviamente, la tradición ha sufrido algunas modificaciones y el 23 de abril muchas mujeres reciben no solo rosas sino también libros, pese a que aún persistan en la cultura popular bromas del tipo “si es rubia, es tonta” o “una mujer guapa no pinta nada en una biblioteca”, como le oí insinuar hace poco a un adolescente.
Las rosas, las coprotagonistas del día
Pero yo no me conformo con eso. Está bien que la mujer haya logrado salir de la parcela exclusiva de la belleza para entrar también en la de la lectura (no nos congratulemos demasiado por ello, no obstante, ya que tras el encumbramiento de la mujer como persona lectora hay intereses económicos, como tras casi todo). Lo que yo reclamo aquí es que la mujer entre también en la parcela del libro: primero como escritora, por supuesto. A simple vista, cualquier persona que paseara por las Ramblas de Barcelona y sus alrededores cotilleando la multitud de paradas de libros podría observar que el número de los escritos por mujeres era claramente inferior al de los libros escritos por hombres. Pero, más allá de eso, tras lo que seguro que hay intereses también económicos (¿los hombres tienen mejor reputación —porque son más inteligentes, más profesionales— y por eso venden más y por eso se los publica más?), me gustaría que las mujeres entraran dentro de los libros: que se conviertan, al fin, en personajes fuertes, en mujeres valientes, en princesas con armadura que cambien definitivamente la historia que nos llevan vendiendo desde hace más de mil años y que rompan, por fin, la lanza del caballero y salven ellas solas a su pueblo sin derramar sangre y luego dejen la corona y se vayan a una granja para cultivar, si quieren, su propio rosal. Y que Xena, chakram en mano, les guiñe un ojo con admiración.
¿Fantasía medieval? Sí. ¿Sexo, drogas y rock ‘n’ roll? También. ¿Humor incisivo y mordaz? Por supuesto. ¿Aventuras y peleas? Obviamente. ¿Croquetas? Claro. ¿Chicas dispuestas a partirle la cara a cualquiera? No hace falta ni preguntar.
La serie de cómics, que ganó en 2014 el Eisner a mejor nueva serie, en 2015 el GLAAD por su representación de personajes LGBT y, de la que se dice, se rumorea, se comenta que tendrá su propia serie de televisión, se centra en las aventuras y peripecias de estas mercenarias a las que les sobra chulería y actitud, que se beben hasta el agua de los floreros y hablan como camioneros, en su lucha contra hechiceros, ogros y otros villanos varios.
De izquierda a derecha, está Hanna, la elfa badass con look rockabilly que pasa un poco de todo. Violet, una enana guerrera que se afeita la tradicional barba de su raza como declaración de intenciones. Dee, una clériga atea que proviene de una familia devota de un calamar volador gigante inspirado en el horror Lovecraftiano. Y, por último, la croqueta, Betty, una hippiosa y ladronzuela obsesionada con los caramelos y las drogas.
Rat queens supera todos los límites posibles de guay de este mundo. Es oscuro, retorcido, divertido y gamberro a partes iguales. ¿El problema? No está disponible en nuestro idioma y no hay visos de que eso vaya a cambiar en un futuro próximo. Jum.
Este 4 de mayo se publica ya el número 16, así que tenéis deberes.
Una fotografía de una joven ha provocado un intenso debate en Facebook después de que un fotógrafo la publicase en su página para crear conciencia de las cuestiones trans. Meg Bitton, fotógrafa, publicó la imagen de la joven Corey Maison en protesta contra la controvertida ley que han entrado en vigor en Carolina del Norte, la cual dice que la gente debe usar el baño, que se corresponde con su sexo biologico.
Corey, de Detroit sufrió acoso escolar durante toda la infancia. A los 11, Corey exteriorizó cómo se sentia, y salió del armario como mujer. El año pasado un video suyo se hizo viral después de que su madre grabara su reacción de sorpresa al darle las hormonas que había deseado desesperadamente durante dos años.
Ahora, la fotógrafa Bitton ha suscitado un debate entorno a la adolescencia y los problemas que enfrenta la comunidad trans en su conjunto. además, añadió a la foto: » Si esta fuera tu hija, ¿estarías cómodx enviándola en un baño de hombres? Sea justo. Sea bueno. Sea empático. Trate a los demás como le gustaría ser tratado.» La fotografía ha tenido más de 29.000 acciones y provocó un intenso debate en los comentarios.
Grandes nombres también se han pronunciado en contra de las leyes polémicas, como Bruce Springsteen, Demi Lovato, Nick Jonas y Ringo Starr cancelaron todos los espectáculos en el estado tras la aprobación de dicha ley.
Dentro de nada vuelve una de nuestras series carceleras favoritas, en donde el drama de vez en cuando nos deja disfrutar de una gamberra Franky: ahora reformada no sabemos cómo llevarán su historia fuera de la cárcel. Sólo sé que en la promo nos regalan momentos de estas dos y no puedo esperar al 10 de Mayo para verlo!!
Nunca pensé que que alguien fuera al baño se iba a convertir en un asunto tan sumamente trascendental como estamos viendo ultimamente, y sobre todo, nunca imaginé que que alguien hiciese pis en un baño público generara titulares. Pero, al parecer, acierto poco en mis predicciones. El caso es que Caitlyn Jenner, mujer republicana y transgénero, no sabemos bien en qué orden, ha echado un pulso al candidato a las primarias republicanas, Ted Cruz, y lo ha hecho de la manera más sencilla posible: yendo al baño.
Ted Cruz, que aparte de otras muchas cosas, es un homófobo y transfobo de mucho cuidado, es de esas personas a las que les preocupa mucho que cada cual utilice el servicio del género que le fue asignado al nacer, y está haciendo campaña a tope en este aspecto. A Donald Trump, que aparte de otras muchas cosas está mal de la cabeza y hace el 90% de las cosas por llevar la contraria a su partido, este asunto le da igual, y ya dejó bien claro que si Cait, y por extensión, cualquier trasngénero, quería utilizar sus baños de la Torre Trump, pues adelante.
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«Y nadie fue acosado», aclaró la celebrity. Pues eso, que sin más, que un ir al baño. Ted Cruz, por su parte, sigue a lo suyo, pensando que hay depredadores sexuales que se van a poner una peluca y se van a esconder en las letrinas, o váyase usted a saber. Lo último para defender esta fantástica ley fue poner un ejemplo práctico: «Si Donald Trump se disfrazara de Hillary Clinton, podría ir al baño de chicas».
WATCH: @tedcruz: "If Donald Trump dresses up as Hillary Clinton, he still can't go to the girl's bathroom."https://t.co/RYB8iZlVDN