Ay, qué raro se me hace estar por aquí de nuevo. Pero raro bien, porque tenía muchas ganas de volver. ¿De verdad que ha pasado tanto tiempo desde la última vez? Vaya tela. No tengo perdón. En mi defensa diré que no he recibido demasiados juguetes en los últimos meses. Hubo uno que me llegó a principios de verano, pero he necesitado probarlo concienzudamente… así que aquí estamos ahora.
Si en enero te hablaba de Zumio y te contaba que era EL vibrador que toda persona en posesión de una vulva debería tener, hoy vuelvo a trastocarte los planes y a enseñarte algo igual de interesante. Durante los meses siguientes al lanzamiento de Zumio el equipo estuvo perfeccionándolo (más). Porque si bien había cosechado un feedback superpositivo, no dejaba de ser un juguete extremadamente potente, tal vez demasiado, en algunos casos.
De ahí nació el que te mostraré ahora, pensado para todo aquel que quiera disfrutar de Zumio con una vibración más suave. Se llama Zumio S, y el anterior que te enseñé ahora lo conocemos como Zumio X. Antes de nada, te hablaré de las diferencias externas y luego pasaré a las internas.
Físicamente son casi iguales, cambia el color (Zumio S tiene un violeta más tirando a pastel) y la punta. Mientras que la de Zumio X es más alargada y el puntero más pequeño y preciso, el cabezal de Zumio S es algo más corto y más ancho. El resto es igual: los botones están en el mismo sitio, el packaging es idéntico e incluso el cargador no ha cambiado.
Con respecto a las diferencias internas, te dejo una foto para que veas qué hace el X y qué hace el S:
Vamos, que Zumio S parte de una intensidad de vibración más baja, pero su rango abarca también las primeras intensidades de Zumio X (que son las que te dije que uso yo). Pese a ello, la primera intensidad del S es interesante. Zumio S es bastante más silencioso, tal vez por ese capuchón transparente que recubre la punta.
Confesión del día, vamos allá. Cuando lo vi pensé: «Será flojo para mí, que me va lo duro». Pues tuve que tragarme mis palabras. Resulta que como la punta es más ancha y la vibración menos fuerte el efecto es prácticamente el mismo que con Zumio X, pero al ser más suave puedo recrearme más y eso me gusta. Suelo usar la primera intensidad y alguna vez he subido más, pero acostumbro a tener suficiente con encenderlo. Aun así, por mucho que subamos velocidades no se siente ese hormigueo que te deja la mano tonta después de un rato.
También dispone de un sistema con el cual, al ejercer presión del juguete contra la zona en cuestión, la vibración se vuelve menos intensa, pero la estimulación es mucho más precisa.
El mecanismo que usa Zumio es el SpiroTIP, del que ya os había hablado. La vibración se concentra en un solo punto y es mucho más efectiva. Como su predecesor, es sumergible y recargable en su base. Tal y como termines de usarlo lo colocas y puedes dejarlo ahí hasta el siguiente uso. Si vas a viajar puedes llevarlo en la bolsita de tela que va en la caja.
Zumio ofrece muchísimas posibilidades y te recomiendo que lo pruebes también en otras zonas del cuerpo. Puedes intercalarlo con caricias en la piel y estímulos en las zonas erógenas.
Llega el momento decisivo: ¿Zumio X o Zumio S? Yo, personalmente, me quedo con Zumio S porque me resulta más cómodo y, quizá, menos agresivo. Me gusta retrasar el orgasmo y el X te lleva allí en cero coma. Si te van las emociones fuertes, Zumio X es el tuyo. Si no, Zumio S te fundirá todos los circuitos…
Más info sobre Zumio S AQUÍ.
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Lo que se planteaba como una canción pop destinada a ser un éxito mediocre se convirtió en el detonante para que Rita Ora contara que es bisexual. Hablo de Girls, la colaboración que la artista británica realizó junto a Charlie XCX, Cardi B y Bebe Rexha y que lanzó el pasado junio. Pero no solamente Ora realizó declaraciones hablando de su orientación sexual, sino que Bebe Rexha, que es menos conocida en nuestro país, concedió una entrevista 


Después de regalarles a mis abuelos, y a muchos abuelos de España, una dosis de contenido LGTB; quedó finalista en el concurso y ahora ha sacado su propio disco. Se llama ‘Música maestro’. En él, hay una canción que se llama ‘La chiquilla de las trenzas’. Esa canción habla de que, cuando ella era joven, conoció a una niña con trenzas en el Rocío y le gustó. Después de aquello, la niña se fue y no volvió a verla (lesbian drama incluso aquí). La canción podéis oírla en todas las plataformas: 


La familia del primer episodio no tiene nada que ver con la familia del último. O sí. Son los mismos, pero finalmente han conseguido ser más familia, a base de derribar los secretos que los separaban unos de otros. A veces me da la sensación en series y películas de que cuando alguien sale del armario solamente hay dos posibilidades: o es celebrado o es repudiado, sin medias tintas. Pero en la vida real, el proceso suele ser otro, y todavía más cuando hablamos de padres y madres, quienes se han formado unas expectativas con respecto a los hijos, a quienes han visto crecer, que de repente cambian. Los cambios cuestan. A muchos padres les cuesta hacerse a la idea de que sus hijos son LGBT. Pero, normalmente, eso va cambiando, y finalmente se llega al punto del que se salió.
