Moonstruck también podría llamarse Criaturas y monstruos tremendamente achuchables que viven vidas ordinariamente normales y corrientes, pero entiendo que tendría menos gancho. La co-creadora de Leñadoras (¿habéis leído Leñadoras? ¿no? ¿A qué esperáis?), Grace Ellis, junto con la novata pero talentosa Shae Beagle a los lápices, nos traen esta historia tan cuqui y adorable de criaturas fantásticas y mitológicas que se verán envueltas en aventuras mágicas mientras viven sus vidas apaciblemente.
Nuestra heroína se llama Julie, trabaja en una cafetería junto a Chet, su mejor amigo centauro, además de ser la nueva escritora fantasma de una serie de libros de misterio, Pleasant Mountain Sisters. Mientras Chet intenta que Manuel, un ¿toro? ¿búfalo? fortachón y varonil que se pasa todos los días a por su café diario se fije en él, Julie está totalmente in love de Selena. Ella dice que no pero no engaña a nadie, no deja de hablar de ella, se pone colorada cuando pronuncian su nombre y no dejan de mandarse mensajitos de esos que te hacen decir «ay». Parece que todo marcha viento en popa si no fuera por una cosa, una cosa que no os voy a contar porque sería spoiler y no os quiero estropear la historia, así que tendréis que leerlo para averiguarlo.
Este número ha servido sólo para presentarnos a os personajes y es difícil saber por donde van a ir los tiros, pero han prometido una conspiración mágica en la que se verán involucrados Chet y Julie y no sé vosotras, pero yo ya estoy super a bordo de este proyecto. Además, ojo al dato, Kate Leth, guionista de Gata Infernal, escribirá una historia adicional dentro del primer arco. Puedes comprarlo aquí.










Pero conforme nos acercamos al presente, la visión va modificándose, y coincidiendo con la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, en 2005, los personajes viven su orientación sexual con naturalidad, y contraen matrimonio como muchos españoles hacían en la realidad. Un caso paradigmático de relación entre dos mujeres en la ficción es el de Maca y Esther, de Hospital central, por ser el primero que vivíamos en directo de manera real y viva, por coincidir con el debate en el que España estaba inmersa, por tratar temas como la maternidad, la bisexualidad, la aceptación por partes de familiares, pero también los mismos problemas a los que las parejas heterosexuales tenían que enfrentarse, tales como infidelidades o enfermedades.









