Tengo pendiente en mi lista de películas para ver este verano Suicide Squad. Ya sé que las críticas la ponen regular, incluso se habla de decepción, pero uno de los alicientes es ver a Cara Delevingne en la gran pantalla. No lo puedo evitar, me cae simpática, y el trailer de presentación de Enchantress me pareció una pasada. La inglesa, que lleva tres años que está en todas partes (y ahora con la promo, más), ha grabado una cinta de audiciones con algunos de los villanos más icónicos de la historia del cine.
Es muy probable que verla imitar a Hannibal Lecter haya sido lo más gracioso que me haya pasado esta semana. Cara es una tipa peculiar, pero su encanto es innegable. La actriz barra modelo tiene pendiente de estreno tres films: Valerian and the City of a Thousand Planets, Tulip fever y London fields. Las dos primeras podremos verlas el año que viene, mientras que solamente quedan unos meses para el estreno de la última.
Es bastante complicado no estar enamorada de Meryl Streep. Es una actriz estupenda, que toca todo lo que hace en oro, y a la par es también un ser humano alucinante, con todas las cualidades que le podemos pedir a una persona decente. Muchas recordaréis su brutal interpretación en Las horas, en donde se metió en la piel de Clarissa Vaughn, una editora que mantenía una relación con otra mujer, la mismísima Alison Janney.
https://www.youtube.com/watch?v=-_LHoCs3ET4
El caso es que la actriz no descarta en absoluto volver a ser croqueta en la pantalla, como ya lo fuera en los inicios de su carrera en la cinta de Woody Allen Manhattan. En una entrevista reciente, ni corta ni perezosa puso condiciones a su posible inmersión en el croqueteo en pantalla, y es que su partenaire sea más joven que ella.
Si hicieras otro personaje lésbico, ¿quien sería tu co protagonista soñada?
Oh, alguien más joven, claramente [risas]
En la entrevista, para Pridesource, Meryl Streep habla de su estrecha relación con la comunidad LGBT, desvelando episodios de su pasado como que sus profesores de piano cuando era niña era gays. También tiene un momento para recordar una de las mejores miniseries que ha dado la televisión, Angels in America, en la que compartía una escena con Emma Thompson.
Para mi, Angels in America es una parte importante de la historia, y me siento muy afortunada de ser parte de eso porque no creo que hubiera nada como eso antes
¿Veremos próximamente a Meryl Streep en papel lésbico? recemos fuerte a la diosa de la croqueta, a ver si escucha nuestras plegarias.
¿Recordáis esos veranos de no hacer nada y ser feliz? Qué bonito es ser joven y no tener obligaciones. No como ahora, que seguimos pringando en Agosto. Empezamos a entender por qué la nostalgia está de moda…
Con la cabeza en tiempos mejores (parecemos unas abuelas ya, imaginad cuando superemos la barrera de los treinta), la evocación de la juventud nos lleva a pensar en la rebeldía y casi por necesidad acabamos en el ¡PUNK!
Y además lo hacemos en buena compañía, porque Suzie se escaquea de los videojuegos por una buena causa: echarnos un cable hablando de todos estos tebeos.
En la línea del programa, Maribel –amante de la bucólica y el Siglo XIX- trae algunos libros “punk”. Nah, qué va, no ha sido a mala leche. Adelantando acontecimientos, recomendamos Deseo de ser punk de Belén Gopegui. Lo recomendamos muy fuerte. Por supuesto, les hacemos un hueco a comentarios y noticias diversas. Todo sea por el Hamor y la Desinformación.
Si os gusta o si no os gusta, si nos dejamos algo, si queréis lanzar tomates virtuales o queréis mandarnos ánimos; podéis hacerlo:
Opción A: Aquí abajo en los comentarios. Pero si son cosas feas, aquí no, que las chicas de HULEMS no tienen la culpa de que seamos un desastrito.
¿Qué relación pueden guardar el psicoanálisis freudiano y las joyas Tiffany? Pues una mucho más estrecha de lo que a priori podríais pensar. Dos mujeres, quizá eclipsadas por la fama de sus respectivas familias, unieron con su amistad Austria y Estados Unidos e hicieron de Londres la sede de esa unión. Anna Freud, hija del padre del psicoanálisis, y Dorothy Burlingham, la nieta del fundador de la compañía Tiffany, vivieron unidas cincuenta años, fueron “compañeras de vida” y se merecen como nadie esta edición vintage de “Amigas sin derecho a roce (pero que deberían tenerlo)”.
Anna tenía 29 años y Dorothy 33 cuando se conocieron en Viena. La pequeña de los Freud había empezado a dar sus primeros pasos en el psicoanálisis infantil y había abierto una consulta en la casa familiar, en la misma donde su ya consolidado padre seguía practicando el método terapéutico que él mismo había fundado. Un día, a la puerta de la consulta de Anna llamó la americana Dorothy Burlingham que, tras una vida caótica en el otro lado del charco -había roto lazos con su megalómano padre y se había casado con un estudiante de medicina pudiente, del que acababa de separarse-, quería que la cada vez más famosa psicoanalista tratase a su hijo mayor, cuyo comportamiento había cambiado drásticamente desde que se separase de su marido.
Anna Freud y su padre
Y desde ese primer día, cincuenta años juntas. Cincuenta años en los que las dos se hicieron con una granjita para que los niños de Dorothy disfrutasen del aire fresco, cincuenta años en los que las dos familias compartieron las casas de verano, cincuenta años en los que la americana se apasionó tanto como su compañera por el psicoanálisis, y cincuenta años en los que la austríaca se enfadaba cada vez que insinuaban que Dorothy y ella eran lesbianas o un “matrimonio bostoniano”. Porque fueron cincuenta años en los que, a pesar de los “claros impulsos de enamoramiento” hacia otras mujeres que Anna había tenido a lo largo de su vida y a pesar de la ambigua relación que la unió a Dorothy, la psicoanalista no dejó de dar charlas públicas en las que aseguraba que la homosexualidad era una enfermedad.
A lo largo de esos cincuenta años, tan solo en dos ocasiones Dorothy no estuvo al lado de Anna, en dos de los momentos más trascendentales de su vida: cuando los nazis, que le habían declarado la guerra al psicoanálisis, irrumpieron en Viena y peligró la seguridad de la familia Freud. Dorothy, que había tenido que internar en un hospital por una tuberculosis, movió a pesar de la distancia todos los hilos del mundo para conseguir que los Freud llegasen sanos y salvos a su exilio en Londres.
Ya reunidas en la capital británica, Dorothy tuvo que decir una vez más adiós a Anna y partir hacia Estados Unidos, donde su hija iba a dar a luz a su primer nieto. Y durante esa separación, la americana volvió a ausentarse en un momento vital para Anna: la muerte de su admiradísimo padre. La casualidad quiso que la separación coincidiese con el estallido más internacional de la guerra, cuando la vuelta a Londres de Dorothy tuvo que dilatarse durante meses por lo complicado que era conseguir los permisos para pasar de un continente a otro, y tuvieron que mantenerse en contacto a través de telegramas y cartas que podían tardar una eternidad en llegar. Cartas en las que Dorothy decía cosas como:
Quería llamarte por teléfono hoy, pero es imposible, solo para uso gubernamental. Quería hablar contigo, escuchar tu voz, decirte que solo espero el día en que pueda compartir tu vida otra vez*
Cuando Anna y Dorothy pudieron volver a encontrarse en Londres, ya no se separarían, y le dedicarían su vida conjunta al psicoanálisis infantil, creando durante la guerra las guarderías Hampstead –donde les daban cobijo, comida y amor a los niños afectados por el conflicto– y más tarde centros para formar a psicoanalistas infantiles. Dorothy acabaría trasladándose a la casa familiar de los Freud en Londres, el número 20 de Maresfield Gardens, donde las dos vivirían los últimos años de sus vidas.
Dorothy moriría en 1979, a los 88 años, y tres años después lo haría Anna. De las cartas que se intercambiaron a lo largo de sus vidas, tan solo se conserva una parte de la correspondencia de Dorothy a Anna; del resto no se sabe nada, y muy posiblemente jamás se podrá recuperar. Las dos se llevaron a la tumba las intimidades de una relación compleja, de dos mujeres sin derecho a roce que nunca sabremos si lo tuvieron, o si, si les hubiese tocado vivir en otros tiempos, pudieron haber llegado a tenerlo. El secreto descansa con ellas en el cementerio Golders Green de Londres, en el panteón de la familia Freud. Dorothy Burlingham es la única persona que no pertenecía oficialmente al clan austríaco que descansa en ese mausoleo. Y la urna con sus cenizas está justo al lado de la urna de Anna Freud.
*Hemos sacado la información para este artículo del libro «Fresas silvestres para Miss Freud», y os lo recomendamos leer si queréis indagar más en la vida de la «desconocida» Anna Freud y saber más de su relación con Dorothy Burlingham.
Puede que os hayáis enterado ya –o puede que no – porque es la noticia olímpica extradeportiva más comentada de la jornada. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro están dejando muchas imágenes para el recuerdo, pero, hasta el momento, la más croqueta de todas ellas es esta pedida de mano en la final del campeonato de rugby de la mayor cita deportiva que se celebra cada cuatro años. Una final en la que, tras incluirse en los Juegos el rugby 7, ha dejado a Australia como vencedora, y a nosotras con esta conmovedora pedida de mano que ha dado la vuelta al mundo.
En el último encuentro del campeonato, que enfrentaba a dos portentos oceánicos de este deporte, Australia y Nueva Zelanda, Marjorie Enya, una voluntaria de los Juegos que se encontraba en el estadio, le hizo una espontánea propuesta de matrimonio a Isadora Cerullo, jugadora de la selección anfitriona del torneo, la brasileña. Isadora dio un sorprendido “sí quiero” entre flahses y besos. Lo han titulado de mil formas: que si «a la jugadora de rugby le hace propuesta de matrimonio su amiga al terminar el partido», que si la “boda lésbica” que nació en un campo de rugby… Nosotras seremos más simples (y rigurosas) y diremos que felicidades a la dos campeonas por esta pedida de mano olímpica. Nuestro oro se lo han llevado de calle.
Parece que Virginia Woolf está de moda, una adaptación y un libro sobre su relación con Vita Sakville-West están cociéndose, y, este año, Nórdica Libros ha rescatado tres de sus más aclamados relatos, Kew gardens, La casa encantada y La marca en la pared. Publicados por primera vez en 1921 en la colección de historias cortas, Lunes o Martes, ahora forman parte de Kew gardens y otros cuentos, una edición ilustrada por Elena Ferrándiz.
Luego la brisa soplaba con más fuerza y el color refulgía en el aire, en los ojos de los hombres y las mujeres que paseaban ese julio por los Kew Gardens.
El libro abre con Kew gardens, un relato lleno de imágenes poéticas y metáforas, ambientado en el jardín botánico de Londres que sigue a cuatro grupos de personas que están pasando allí el día. La casa en cantada es el que más se aleja de a lo que Woolf nos tiene acostumbradas, un cuento fantástico que tiene como protagonistas a un matrimonios, los actuales ocupantes de la casa, y una pareja de fantasmas, antiguos habitantes. Mientras que, La marca en la pared es la historia que suele usarse como ejemplo de lo que se ha de entender como «escritura introspectiva», un clásico monólogo interior en el que la protagonista va saltando fluidamente de un pensamiento a otro.
Cada uno de los tres muestra una faceta de la escritura de Virginia Woolf y, a sus diferencias y puntos en común ha sabido adaptarse Elena Ferrándiz. Ha sabido captar su esencia y reflejarla en unas ilustraciones que, más que acompañar a la historia, son parte ya inseparable de ella.
Tenemos que dejar de decir que la Harley Quinn de Suicide Squad es un icono feminista, porque no lo es. Esta Harley no es ningún personaje femenino fuerte por mucho que vaya pegando mamporros con un bate por la ciudad. Y su excesiva, aunque ya habitual, hipersexualización tampoco ayuda demasiado a la causa. Enfudada en unos miniminiminishorts y unos tacones de aguja, su principal función en Suicide Squad es la de caldear el ambiente y ganar un concurso de Miss camiseta mojada mientras luce una cazadora que pone «Propiedad del Joker».
Su arco se reduce a ansiar el reencuentro con el Joker mientras pone finos a los malos, y un par de flashbacks de los dos donde vemos cómo él abusa de ella. El mundo de Harley Quinn gira alrededor del de su novio. Por él lo ha dejado todo y mantiene una relación abusiva de manual. Una relación tan tóxica que acabaría hasta con la mismísima Poison Ivy. Él le hace daño, día sí y día también, la controla, la manipula e, inmediatamente después, le dice lo mucho que la quiere.
Suicide Squad se centra sólo en sus orígenes, pero su historia completa va más allá de su relación con el Joker. La Harley Quinn de los cómics es un personaje mucho más complejo y con muchos matices que se le han quedado a David Ayer en el tintero con la adaptación, y que sí podría ganarse el título de icono feminista. Después del reboot de Los nuevos 52, el personaje de Harley gana independencia y empoderamiento, y deja de ser un apéndice del Joker. Es una víctima, pero también una superviviente con su propia historia que contar. Su vida ya no tiene como centro al payaso de pelo verde y pintalabios mal aplicado, aunque siga estando, en mayor o menor medida, presente en ella, y comienza una relación con Poison Ivy, quien le muestra cómo podría ser su vida sin su agresor y trata de convencerla de que se merece algo mejor.
Volviendo a la peli, aunque Ayer enfunde a Margot en el atuendo que lleva la Harley de Los nuevos 52, uno de sus primeros diálogos sea «duermo donde quiero, cuando quiero, y con quien quiero», y presente al personaje con una versión del clásico himno feminista You don’t own me, se contradice con lo que vemos el resto de la película. Y es que, como dicen en The times, esta Harley Quinn «es la idea que tiene un universitario de cómo sería una heroína feminista de acción». Que no es ni feminista ni es ná.
Cuando una persona en una familia transiciona, todos transicionan
Ayer, durante los TCA, los paneles de la Asociación de críticos, Amazon desveló varias cosas. La primera, que ya sabemos cuando volveremos a ver a la familia más disfuncional de la pequeña pantalla, los Pfefferman. Será el próximo 23 de septiembre cuando la tercera temporada de Transparent llegue a nuestros televisores. Después de una segunda temporada basada en la búsqueda de las raíces y de la identidad, parece que la tecera seguirá en la misma senda. El listón lo tienen muy alto, y seguro que no nos decepciona. O, al menos, eso parece en el trailer que lanzaron ayer.
Maura da un paso más dentro de su transición, y le pide a sus hijos que no la llamen moppa, sino mamá. Vemos también que su relación con Davina ha mejorado, y que continúa viéndose con Vicki. En cuanto a sus hijos, cada uno sigue con sus movidas: Sarah continúa explorando el BDSM, Josh se centra en su hijo, y Ali, pues en fin, Ali. Nos alegramos de ver a Cherry Jones de nuevo, pero como cuenta Trish Bendix, de Afterellen, que vio el panel en directo, no hay ni rastro de Carrie Brownstein, Tig Notaro o Melora Hardin como personajes recurrentes.
The @transparent_tv panel is up next. Press materials don't list Carrie Brownstein, Tig Notaro or Melora Hardin as recurring characters 🤔
Esto, por supuesto, no quiere decir que no las vayamos a ver, algo que esperamos con ganas. De momento, contamos los días hasta el 23 de septiembre para disfrutar de una de las mejores series que podemos ver ahora mismo.
¿Cómo conociste a tu novia? Muy probablemente la respuesta de muchas sea que os encontrasteis jugando en el mismo equipo. Y es que, al final, las aficiones son el mejor modo de conectar con alguien. Estos días, ya sabéis, se están celebrando los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, y por primera vez en la historia, dos matrimonios en los que los dos miembros son mujeres participan en ellos.
Las primeras son Kate y Helen Richardson-Walsh. Ambas son jugadoras de hockey hierba en la selección de Reino Unido, y las dos han sido olímpicas dos veces. De hecho, aunque se conocen hace más de veinte años, formalizaron su relación tras los Juegos de Pekín, en donde se llevaron a casa una medalla de Bronce. Un año después, se casaron. En una entrevista reciente a la BBC, Kate declaró que «somos una pareja, nos queremos, y sucede que jugamos en el mismo equipo. Me siento muy orgullosa de que esté construida alrededor del hockey, donde hay diversas etnias, religiones, orientaciones sexuales, y demás. Es normal, y me siento orgullosa de ello»
Pero no son el único matrimonio al que veremos competir este año por una medalla olímpica. Entre el 7 y el 18 de septiembre podremos disfrutar de los Juegos Paralímpicos, en los que las estadounidenses Jen Armbruster y Asya Miller competirán en goalball, un deporte específico para personas invidentes, en el que juegan tres personas por equipo. Jen ha participado en seis Juegos, y Asya era fan suya antes de conocerse personalmente. Se casaron en 2007, y en 2011 nació su hijo Ryder.
Hay algunos matrimonios más en las distintas delegaciones, pero estos son los dos que están formados por chicas. Curiosamente, no hay ninguno entre hombres. Veremos qué te contamos en los Juegos de Tokyo.
El verano a veces nos trae cosas completamente esperpénticas –primera y última vez que voy a mencionar la Salchipapa de Leticia Kuala-Lumpur-Lo-Serás-Tú Sabater–, y otras veces nos trae esas pequeñas cosas que hacen que el insoportable calor estival y a veces aburrimiento sea más llevadero. Sí, lo habéis adivinado: me refiero a las fotos que nuestras famosas preferidas, ya sea en la playa, en la montaña, o en la piscina (o en la granja), suben a sus cuentas de Instagram. ¡Dentro un pequeño recopilatorio!
¿Hay algo más sexi en este mundo que Laura Prepon pescando? Sí, Laura Prepon pescando y luego devolviendo al mar al pececillo. Grrrrr.
Aquellos tiempos en los que Ellen se hacía un selfie con la crème de la crème en la ceremonia de los Óscar han pasado a la historia. Ahora Pokemon GO is the new black, gente.
Entre debate y debate y pleno y pleno, María Such, la diputada más joven del Congreso de Diputados, encuentra un ratejo para divertirse de esta forma tan adorable.