Carmela Ribó no es más que el pseudónimo de una conocida ejecutiva internacional que nos trae este libro cargado de sorpresas, amor y amistad entre dos mujeres. La editorial Kailas ponía a la venta Mujer sobre Mujer el pasado Septiembre para desvelarnos las pasiones y experiencias nuevas que cambiarán por completo la vida de dos mujeres que el destino juntó sin pretenderlo.
Concha y Laura son dos mujeres de mediana edad que empiezan una amistad peculiar a través de unos emails por motivos laborales. La historia va fraguando en una pasión con un océano de por medio, y con la necesidad de abandonar la vida y los amores insatisfactorios que ambas han tenido a la lo largo de su vida. El libro, desarrollado a través de emails y conversaciones en el chat, supone el conocimiento de ambas mujeres a ojos de la otra, el dejar caer murallas y ropa al mismo tiempo. La pasión irrefrenable que se va formando entre ellas constituye la necesidad de dejar las pantallas y conocerse en persona.
¿Podrán superar las barreras que la vida les ha impuesto? Si Concha y Laura consiguen tener una vida juntas os lo dejamos a vuestra propia lectura. ¡Contadnos que os ha parecido!
Que Kristen Stewart estaba coqueteando con la bisexualidad es algo que ya teníamos claro, pero desde que hace algunas semanas rompiera con la que (decían) era su novia Alicia Cargile, pensábamos que Kristen tardaría un poco más en darnos una alegría.
Se dice, se cuenta, se rumorea que Kristen ya tiene nueva novia y no es ni más ni menos que la cantante del grupo hardcore PVRIS y es que una fuente, anónima, dice que se las vio muy acarameladas detrás del escenario, donde se repartieron besos y arrumacos. Si esto fuera cierto, vendría a confirmar el secreto a voces que la actriz lleva un tiempo sin afirmar ni desmentir. Obviamente, no es algo que nosotras dudáramos, pero los fans de la saga Crepúsculo aún seguían con la esperanza de que los protagonistas de la misma se reconciliaran.
El parecido físico de Kristen y la cantante Lyndsey Gunnulfsen es más que evidente y desde Hulems nos preguntamos: ¿Estamos ante la última pareja del año? ¿Se quedará esto tan solo en unas visitan a unos pocos conciertos? Estaremos pendientes de las novedades, que con la prisa de Kristen, quizá cambia de novia antes del 2016.
El mercado erótico está en una evolución constante. Se trata de uno de los sectores más innovadores, porque siempre hay nuevas necesidades que cubrir y clientes dispuestos a hacerse con los productos más nuevos y tecnológicos. La marca alemana Fun Factory de la que ya os he hablado en alguna que otra ocasión, ha diseñado los impulsores: juguetes que estimulan no mediante vibraciones sino pulsaciones.
La mayor diferencia entre un vibrador y un impulsor es que un vibrador hace lo que todos sabemos: vibrar, mientras que un impulsor emite pulsaciones de forma que parece que el juguete entra y sale solo. Si tenéis la oportunidad de visitar una tienda y ver la muestra de un impulsor veréis que tan solo sosteniéndolo, vuestra mano se mueve hacia adelante y hacia atrás. De esta forma, es facilísimo usar un impulsor, porque ni siquiera tenemos que sujetarlo ni moverlo.
Bi Stronic Fusion es el último modelo de esta línea de impulsores y combina la vibración con los impulsos. Aparentemente, tiene una forma muy parecida a un vibrador normal con doble estimulación. Sin embargo, si nos fijamos bien, vemos que la zona que estimularía el clítoris tiene una forma diferente a cualquier otro vibrador. Se trata de una especie de aleta más ancha de lo habitual que, además de estimular el clítors, estimula los labios vaginales. Bi Stronic Fusion está disponible en tres colores: violeta, rosa y rojo.
Sí, este impulsor todavía puede sorprendernos más. Tiene 64 combinaciones diferentes de pulsaciones y/o vibraciones gracias a sus dos motores. En cuanto a los tres botones, uno de ellos es de parada inmediata, por lo que si oís la puerta chirriar porque viene alguien no tenéis que darle al botón de menos hasta que se detenga por completo; basta con presionar el botón del logo de Fun Factory.
La potencia no está nada mal y funciona con batería. Al igual que los últimos productos de Fun Factory, funciona mediante un cargador magnético. Además, indica cuánta carga queda para que no te quedes a medias durante tu rato de placer. Es sumergible y también se puede usar de forma anal.
Que es gigante, vamos
Lo único que me queda decir sobre Bi Stronic Fusion es que… ¡joder, es enorme! Sé que con la cantidad de juguetes que pruebo eso no debería sorprenderme, pero lo hizo. ¿Es posible que sea porque la media de los penes alemanes sea mayor? Eso tendría que consultarlo, porque no lo sé. El caso es que es bastante más ancho y bastante más largo que los vibradores que he probado/utilizado/reseñado en toda mi vida. Para que os hagáis una idea: mide 21,7 cm. de largo y de ancho entre 3,9 cm. y 4,8 cm. Si te parece demasiado ancho y ves que es complicado introducirlo, siempre puedes recurrir a Toyfluid, el lubricante de Fun Factory con base agua compatible con todos los juguetes.
¿Qué te parece este impulsor? ¿Te animarías a probarlo? ¿Eres de vibrador o de impulsor? ¡Cuéntame!
Ay, qué tiempos aquellos en los que teníamos la esperanza de que Dianna Agron hiciera un papel croqueta, en que se enrollara con otra chica en pantalla, algo más allá de compartir edredón con otra chica. Era una época en la que éramos felices imaginando, con la cabeza en las nubes, rogando porque eso pasara. Y pasó. Y ahora pensamos que igual era mejor que no hubiera sucedido, que algo hemos hecho mal para que lo que prometía tanto se quedara en nada.
Hace unos días tuve la oportunidad de ver Bare, película protagonizada por la ya mencionada Dianna Agron, con Paz de la Huerta como partenaire, en una historia dura sobre escapar de la gris realidad que te rodea. Agron interpreta a Sarah, una joven que vive en un pueblo remoto de Estados Unidos, aburrida de no tener ninguna posibilidad en la vida más allá de casarse con algún chico de su clase y hacer todo lo posible por sobrevivir mientras su existencia la engulle. Ella siente que hay algo más allá, que tiene que haberlo, porque la vida no puede ser emborracharse en el desierto los viernes noche y dejar que un chico te meta mano.
Es entonces cuando se cruza en su vida Pepper, una traficante de drogas. Inexplicablemente, entre las dos surge una chispa, algo especial que atrae a Sarah, y esta comienza a trabajar en un club de strip-tease, a ir de fiesta por Reno, y a fumar peyote en el desierto. Las dos se convierten en amantes, las amantes menos creíbles de la historia del cine, y para Sarah todo es nuevo, fascinante, deseable, y tan diferente de lo que había vivido que merece la pena seguir en esa dinámica, hasta que descubre que Pepper es, en realidad, una reclutadora de strippers y su sueño se desvanece.
Debo decir que Dianna hace un papel nada fácil, y su interpretación es más que creíble. Llena las escenas, y no lo digo porque sea fan, de verdad creo que es así, que ella es el sostén de la película. El problema viene con todo lo demás, empezando por una Paz de la Huerta plana como un campo castellano, y en permanente estado de perplejidad.
Uhm… croquetas.
Resulta increiblemente difícil el meterse en cualquier escena. Hemos visto demasiadas veces la historia de ‘niña desencantada que camina hacia el lado oscuro’ como para creernos que Sarah, que de tonta e ingenua no tiene un pelo, pueda caer tan fácilmente bajo los nulos encantos de Pepper. Quizá es problema de casting: a lo mejor con otra actriz la película hubiese funcionado mejor.
¿Croquetas?
Cuando el sostén de un guión es la relación entre dos personajes, y únicamente eso, la química es fundamental. En esta cinta no existe. Lo único que salvaría de la cinta tiene siempre que ver con Dianna Agron: su interpretación, tirando ella sola de la acción, sus saltos acrobáticos, o su inmensa belleza en medio de tanta melancolía. Espero que le sirva de trampolín hacia producciones mejores.
FX lo confirmó hace unos días: La antología del horror de Ryan Murphy y Brad Falchuk tendrá, al menos, otra temporada más. Parece sorprendente, dados los números que está haciendo esta quinta temporada en la que estamos inmersas: Desde su estreno, la audiencia ha abandonado en masa el seguimiento de la serie. En su primera semana, AHS: Hotel congregó a 5.8 millones de espectadores, de los que sólo han aguantado 2.6 millones en su último episodio. Cualquier otro director tendría la serie cancelada, o al menos al borde de la cancelación, pero parece que American Horror Story se ha convertido en algo así como en la abanderada de la cadena. Ahora comienzan las teorías de todos los años, las que intentan adivinar de qué ira la nueva tanda de episodios.
Hemos tenido, y hablo de memoria así que probablemente me deje muchas cosas, casas encantadas, doctores locos, fantasmas, psiquiátricos, nazis, extraterrestres, zombis come-humanos, brujas, vudú, caníbales, todos los freaks de circo posibles, traumas de guerra, psicópatas con mucho tiempo libre, y en esta última temporada vampiros, niños vampiro, policías desquiciados que probablemente sean también asesinos en serie, y Lady Gaga, que no sé si enmarcarla en horror o en maravilla, tengo el alma partida. Pocas cosas le quedan ya por contar, si es que sigue con su plan de hacer una antología del horror americano. Muy probablemente hará lo que le de la gana, pero aquí van varias opciones de lo que podría contarnos el año que viene. Hay que tener en cuenta que la dinámica siempre ha sido una temporada en la época actual, una temporada vintage. La sexta, si este orden sigue, estará desarrollada en el pasado.
AHS: Area 51
Es la teoría más extendida: Pese a que en la segunda temporada había cierta trama relacionada con seres de luz que nos traían paz y amor, los extraterrestres no han sido los favoritos de Ryan. Por eso, es probable que escoja esta temática para seguir con sus locuras, en versión interestelar. Esto lo refuerza una mención al área 51 que se hizo al principio de Hotel. Puede no significar nada, o significarlo todo.
AHS: Orfanato
Por algo, los niños dan más miedo que los adultos. No sé, supongo que tiene algo que ver con su inocencia y con la normalidad que ven cosas como saltar al cuello de la gente y chuparles la sangre. Muchas de las grandes películas de terror de la historia tienen como protagonistas a infantes diabólicos: Los niños del maíz, Poltergeist, El Exorcista, El pueblo de los malditos… No sería extraño que Murphy tirara de este hilo.
AHS: La edad de oro
Los episodios de esta temporada que mejor están funcionando, y es porque son los más interesantes, son los relativos al pasado de La Condesa en Hollywood. Esto hila perfectamente con los flashbacks que ya hemos visto en Murder House y en Freak Show sobre el pasado como artistas de diferentes personajes. Funciona muy bien, es interesante, se pueden hacer muchas cosas con eso, y sería muy poco hábil sino lo aprovechara.
Por mucho que a los espectadores les gusten las buenas historias en el cine, los guiones cuidados, y las interpretaciones delicadas y que emocionen, a los estudios sólo les interesa una cosa, una cosa verde que se guarda en las carteras. La pasta, amigas. La panoja, el cash, la plata, la guita. Si la película ingresa más de lo que ha costado, el estudio está contento y puede que siga invirtiendo en más cintas similares. Si es un fracaso absoluto, ya podemos despedirnos de películas lésbicas comerciales, y seguir viendo films indies sin banda sonora y con trama e interpretaciones dudosas.
Afortunadamente, parece que Carol está funcionando muy bien en su primer fin de semana en cartelera. El estreno del viernes fue reducido, en cuatro cines de Los Ángeles, y ha recaudado un total de 248,149 dólares, más o menos 62,000 por sala, convirtiéndose en el tercer mejor estreno del año, por detrás de Steve Jobs y Sicario. Ha trascendido también que el 62% de los tickets han sido comprados por mujeres, y que el 60% del total superan los 50 años. Vamos, que el público de Fast and furious no es, no. Desde el estudio han declarado que «Tenemos mucha confianza en esta película, y que vamos a lanzarla deliberadamente de manera muy lenta. Harvey [Weinstein, el estudio] es famoso por eso. Vamos a manejar esto con guantes de seda, como merece». Después de la ovación de más de diez minutos que la película recibió en Cannes, todo parecía indicar que iba a ser un éxito, pero ahora ya está confirmado.
Ayer se entregaron los premios de la industria estadounidense de la música, los AMAs. One Direction, que están a punto de tomarse un descanso indefinido para dedicarse a sus labores se llevaron todo lo que se podían llevar, y ahí acaba la crónica, porque fueron unos premios un poco aburridos. Entre las actuaciones de la noche hemos encontrado una que nos ha encantado, y es que Alanis Morisette y Demi Lovato han unido fuerzas para interpretar una de las canciones más conocidas de la canadiense, You oughta know.
La canción está incluída en Jagged Little Pill, el mitiquísimo álbum que Alanis lanzó en 1995, y que se convirtió en la sensación: al año siguiente ya había vendido 10 millones de copias, que en 2009 (suponemos que la última vez que los contaron), ya eran 33 millones. Prácticamente todo el mundo tiene este disco en casa, y es que es una maravilla, así, sin medir. You oughta know fue el primer single que se extrajo del disco, y en su composición colaboró nada más y nada menos que Flea, de los red Hot Chili Peppers. Como veis, a veces me gusta escribir de música.
La actuación de ayer noche fue un guiño a todas esas nostálgicas de los noventa, esas que vimos a Alanis besarse con Sarah Jessica Parker en uno de los peores ósculos de la historia de la televisión, pero que a la vez pensamos ‘Uala’, unido a otro guiño a las teens (y no tan teens) de hoy en día, que vimos besarse a Demi Lovato con la mismísima Santana Lopez, en otro de los peores besos de la historia, pero que pensamos ‘uala’. Pues eso, ‘uala’ a la actuación de ayer, que nos trajo muchos recuerdos.
Gracias a la BBC pudimos ver en la pequeña pantalla esta adaptación de la exitosa novela de Sarah Waters. Nunca unos guantes significaron tanto. En esta ocasión son Snow Patrol quienes sirven de telón musical a la historia. Una delicia de video.
Que levante la mano la lesbiana que no haya pensado ninguna vez que es invisible… Me refiero a aquella sensación que tienes cuando, de camino a la pastelería (que no a la bollería), tu pareja, tu padre y tú os cruzáis con un conocido de este, y tu padre le dice que va a comprar unas cosas con su hija (solo con su hija), como si tu pareja no estuviera allí; o, por ejemplo, cuando al entrar las dos en un bar con tu cuñado, este utiliza con el camarero la típica oración copulativa inacabada: “¡Hola! Vengo con mi hermana y…, a tomarnos algo”.
¿Qué lesbiana no se ha sentido alguna vez como unos enormes puntos suspensivos? En fin, me resulta difícil hacer el recuento de las manos levantadas porque no os veo (no porque seáis invisibles, sino, ya sabéis, por esto de las telecomunicaciones), pero en cualquier caso asumiré que la mayoría de vosotras habéis tenido la sospecha, en alguna ocasión, de ser invisibles.
Por ello, me veo en la obligación de advertiros, antes de que os lancéis a las calles a hacer uso de vuestro poder de invisibilidad, de que no somos invisibles. Si lo fuéramos, deberíamos serlo en todas las circunstancias y, sin embargo, en innumerables ocasiones, por ejemplo, en la intimidad de la familia, somos reconocidas por esos mismos padres y cuñados que en otro entorno no nos ven. ¿Qué es lo que nos ocurre entonces? ¿Cuál es el mal que nos aqueja? El pasado Halloween, con sus castañas, sus monstruos y sus largas digestiones pesadas, me reveló la verdad: muchas de nosotras hemos sufrido o sufriremos, a lo largo de nuestra vida, el Síndrome de la Lesbiana Vampira. En efecto, si por la calle, en un bar o en cualquier otro espacio social alguien te ignora a ti o a tu pareja, no es porque no te vea, sino porque no encuentra tu reflejo (social, se entiende). No te ven reflejada en sus conocidos, ni en los camareros ni en nadie de su círculo, y es justamente esa falta de reflejo la que les impide mencionarte.
Desconozco aún la manera de superar este síndrome (que, además, suele ir acompañado de una afasia selectiva que impide la pronunciación por parte de tus familiares de palabras como “novia” o “pareja”). De todas formas, la película de vampiros que vi en Halloween (Lo que hacemos en las sombras, de Taika Cohen y Jemaine Clement) y que inspiró el descubrimiento que acabo de compartir con vosotras, aunque no llegó a darme la clave definitiva para combatir el Síndrome de la Lesbiana Vampira, sí que me sugirió una idea: la de fotografiarnos con nuestra pareja en situaciones diversas —una selfie en el parque, en un jacuzzi, en una cena íntima…— y llevar esas fotos siempre encima. Así, cuando el ojo humano no capte nuestro reflejo, podremos enseñar esas imágenes grabadas por la cámara que demostrarán, sin género de dudas, que somos una pareja como cualquier otra.
Igualmente, y dado que el método anterior se halla aún en fase experimental (me falta la selfie del jacuzzi), os emplazo a compartir conmigo otras posibles soluciones a este síndrome que ha pasado tan injustamente desapercibido para el psicoanálisis. ¿Qué os funciona a vosotras: enseñar los colmillos, convertiros en murciélago…? Huelga decir que, aunque el Síndrome de la Lesbiana Vampira solo se manifiesta ante humanos comunes, vampirizarlos a todos para erradicarlo me parecería demasiado drástico.
Hoy se estrena Carol, película protagonizada por Cate Blanchett, Rooney Mara y Sarah Paulson, dirigida por Todd Haynes, y basada en una novela de Patricia Highmisth titulada El precio de la sal. Otra de las muchas películas que se estrenan hoy, diréis. O, afinando mucho, incluso otra película lésbica más. Quizá un poco mejor, quizá con actrices un poco más famosas. Pero el estreno de Carol es un hito en el largo y duro camino de llevar la visibilidad lésbica hacia la primera línea, ahí donde el público se topa con ella, y salir de la última fila de la sala, donde sólo la encuentra quien realmente la busca.
Las historias protagonizadas por mujeres siempre reciben menos atención que aquellas con un hombre a la cabeza. Ellos tienden a ser los activos, los que hacen cosas, los que mueven el mundo, mientras que a nosotras, en la ficción, se nos prefiere como objetos pasivos, meramente decorativos o acompañamientos del héroe. Las voces femeninas se han perdido durante siglos. Y dentro de ellas, los personajes lésbicos y bisexuales se han desvanecido como dientes de león al viento.
Dentro de la infinidad de películas, en general, que se han rodado y producido desde la invención del cine, hemos podido encontrar mujeres homosexuales, pero durante muchísimo tiempo cumpliendo dos funciones: O bien la de imitadora del hombre, algo masculino, rechazable, y sin ninguna de las virtudes que se supone debe tener una mujer, o bien como villana, como malvada, como mala influencia para aquellas señoritas de bien que sólo quieren llevar una vida feliz junto a su esposo. De Mrs. Danvers en Rebecca a Martha Dobbie en The Children’s hour, el cine nos enseñó durante mucho tiempo que ser lesbiana era algo, como poco, a ocultar, algo malo, algo nada deseable.
Después de intentos valientes en los 80 como Desert Hearts, en los 90 como Go Fish, y con la explosión del Indie, cuando el bajo presupuesto dejó de ser un problema para rodar una película gracias a la popularización de los medios, tuvimos por fin la oportunidad de contar nuestras historias de primera mano, enseñando al reducido público que, hey, no pasa nada por acostarte con chicas, o incluso con chicos y chicas. Pero estas cintas contaban, y cuentan, porque se siguen haciendo, con un handicap importantísimo: No hay promoción. Sólo las conocemos nosotras.
Ha habido intentos durante los últimos tiempos de mostrar al público general, ese que vive a través del cine, ese a quien los medios acercan las realidades que él no conoce, historias entre mujeres. Se me ocurren algunos ejemplos. Pero, por unas razones u otras, a veces la falta de calidad, a veces el fallo de agenda, no ha calado en el imaginario popular. Por eso, Carol es la oportunidad que estábamos esperando.
Las lesbianas necesitamos una historia de amor en la gran pantalla, una historia con la que nos sintamos identificadas las que estamos o alguna vez hemos estado enamoradas, y una historia que nos haga soñar con vivirla. Una película romántica. No es mucho pedir, hay cientos de ejemplos heterosexuales cada año y todos los años:Pretty Woman, Dirty Dancing, Moulin Rouge, cualquiera de Disney, cualquiera que estén echando en la tele al tiempo que lees esto.
Carol reúne tantos de los requisitos necesarios para ser LA pelicula por antonomasia, al estilo de Brokeback Mountain para los chicos gays, que no sé por donde empezar. Las actrices son maravillosas, Cate Blanchett tiene en su haber seis nominaciones al Oscar, y lo ha ganado dos veces. Es una de las profesionales más reconocidas y reconocibles de la industria del cine. A su lado, Rooney Mara, que protagonizó una película súper taquillera, Millenium, y precisamente por Carolrecibió el premio de Cannes a Mejor Actriz.
El director, Todd Haynes, es bien reconocido por contar historias contra la homofobia, o inspiradas en obras de temática homosexual. Y el guión, adaptado por la abiertamente lesbiana Phillys Nagi, está basado en una de las novelas más del siglo pasado que más huella ha dejado en las lectoras, escrito por Patricia Highsmith, autora de otras obras celebérrimas, y así mismo, bisexual. Casi 12 millones de dólares ha invertido el estudio en esta película (Dato: Brokeback Mountain tuvo 14 millones para producción en 2005), que va a ser distribuida por todo el mundo, y vista por millones de espectadores.
Puede que mucha gente piense que la historia de amor de Carol y Therese no sea nada del otro jueves, que hemos sobrepasado la barrera del escándalo. Pero no está de más recordar que la historia tiene lugar en un tiempo para nada lejano, solamente hace unas décadas, y que en muchas partes del mundo la situación no es como se narra en la cinta, sino infinitamente peor.
Es una gran apuesta, es el salto definitivo, la ocasión de contar una historia de amor entre dos mujeres y que el mundo vea que no se queda ahí, que es algo más. Algo universal, y, a la vez, que se dirige, por fin, directamente a nosotras. Una película de mujeres que aman a otras mujeres, y nada más.