La pareja de moda sigue dando que hablar. La verdad es que ya hace días, catorce exactamente, que no os hablábamos de ellas. ¿Y qué han hecho durante estas dos semanas de discreción? Pues nada más y nada menos que planear su boda. La de verdad, no la ceremonia Thai esa que hicieron. Una boda con todas las de la ley, para afianzar su relación, y que sería un intercambio de votos en un helicóptero mientras sobrevuelan las cataratas del Niágara. Una cosa sencillita, ya veis.
Parece que ha sido todo idea de Cara. En declaraciones de una fuente cercana:
Es típico de Cara hacer cosas de manera loca e impulsiva, pero parece muy seria acerca de esto. Cara dice que quiere que se casen en su propio elemento, sin sacerdotes ni ningún trasfondo religioso. Ella cree que sobrevolando las cataratas sería perfecto, como una tierra de nadie
Aparentemente el elemento natural de estas dos es, a ojos de la modelo, un helicóptero y unas cataratas. Y para terminar de redondear el desquicie, quieren que el padrino sea Harry Styles, el componente de One Direction y ex de la modelo. No tengo muy claro si van a caber todos en el helicóptero, porque además seguro que se llevan también al ya famoso tigre.
CW es una cadena estadounidense responsable de series bastante interesantes (o a mis amigas se lo parece, vaya) como Beauty and the beast, The Originals, Supernatural, The Vampire diarys y Star-Crossed. Puede que no sean las mejores series del mundo, pero dan lo que prometen: entretenimiento, algo de terror adolescente, un poco de fenómenos sobrenaturales, y mucho, muchísimo desnudo. Torsos, brazos, piernas… un festival de cacho que tiene a todo el mundo babeando. No me mireis así, porque SABÉIS que es verdad.
El inicio del drama: Sophie babeando y Taylor sudando de ella
La que nos ocupa hoy, Star Crossed, tiene un planteamiento… curioso. Diez años después de que una raza de extraterrestres llamados ‘atrians’ aterrizaran en nuestro planeta, y en un experimento la mar de integrador, se decide que los adolescentes de esta raza intergaláctica, que se distinguen de los humanos de a pie por tener un tatuaje corporal muy vistoso, vayan AL INSTITUTO. Sí, al instituto. Ya sabéis, ese lugar en el que todo el mundo es aceptado sin prejuicios, en el que se celebra la diferencia y en el que no hay ni castas ni nada parecido. ¿Ah, que vuestro instituto no era así? El mio tampoco. Y mucho menos el de esta serie.
«Lo siento: me gustan las terrícolas»
En el episodio emitido esta noche descubrimos que una de las atrians, Sophia, aparte de extraterrestre es croqueta. (Actualización: La actriz Brina Palencia, quien interpreta a Sophia, ha dicho en twitter que la orientación sexual de la atrian es pansexual. Ahí queda.) Una croqueta intergaláctica. La pobre se ha dejado fascinar por los encantos de la Queen Bee del instituto, Taylor. Bueno, yo no la culpo, porque Taylor está buenísima, y yo también dejaría todo si ella me dijera ven. Pero Sophia, mujer, ¡que te va a romper el corazón! ¡Que a ella le gustan los atrians, pero los chicos!. Esto está destinado a ser un dramón highschool distópico interestelar de dimensiones desorbitadas. Y si no, al tiempo.
Vaya por delante una aclaración fundamental: nosotras ADORAMOS a las escritoras de ficción lésbica. De veras. El mundo sería un poco peor sin ellas y en nuestra sección de libros siempre son bien recibidas. Peeeero si eres una lectora compulsiva de ficción lésbica seguro que algún día te ha pasado lo mismo que a nosotras. Estás leyendo un libro y de repente piensas:»¿De qué me suena esto?» o «Un momento…. esto lo he leído en alguna parte. ¿Dónde?». Y es que sí, lectoras croquetas, muchos libros bollo caen en varios clichés que, curiosamente, hacen metástasis de unos a otros sin que nadie sepa muy bien el porqué o dónde empezó esa moda.
Estuvimos buscando respuestas a este croqueto misterio universal, pero como no las hemos encontrado, preferimos traemos los 10 tópicos que se repiten en (casi) todos los libros lésbicos. Porque habelos, hailos, aunque, por supuesto, también existen honrosas excepciones. Por eso y porque la autocrítica dicen que es una de las mayores virtudes del ser humano, estos son los que hemos localizado hasta el momento:
1. LA LESBIANA PODEROSA Y LA CROQUETA PROMETEDORA
Es el mayor clásico de la ficción lésbica. El Quijote del lesbianismo de las letras. ¿Quién no se ha leído un libro en el que la protagonista es una bollera super mega ultra buenorra, que cobra un pastón, que tiene un Lexus aparcado en la puerta de su casa y un Porsche en el garaje de su trabajo, y que se enamora irremediablemente de la croqueta, oh, no tan rica, pero prometedora? Respuesta: nadie. Todas hemos leído algún libro con este argumento porque se reproducen como los hongos de la piscina municipal de tu barrio. Y, bueno, sí, está bien, es emocionante y te entran cosquillitas en el estómago la primera vez que lo lees. La segunda… hmmm… piensas que a lo mejor es casualidad. La tercera, arqueas la ceja con incredulidad. A la cuarta ya te das cuenta de que nada es fruto del azar.
La madre de todas las lesbianas poderosas.
Croe que a las lesbianas del mundo nos encantan estas historias. Es como leerse la Cenicienta pero en versión bollo: pobre y abnegada croqueta que se despierta de mala hostia un lunes para ir a trabajar en su coche de mierda, en su casa de mierda, con sus muebles y su sueldo de mierda, conoce a famosa inversora de banca que se fija en ella cuando su cochazo pincha una rueda en un semáforo. Vivieron felices y comieron perdices. La princesa bollo azul existe. Y ha venido a salvarnos a todas de nuestras aburridas vidas.
Y esto nos lleva directamente al punto siguiente:
2. EL AMOR LO MEJORA TODO
El amor es un arma poderosa, lo sabemos. Y también somos conscientes de que, cuando te enamoras, todo mejora en tu vida. Los semáforos en rojo dejan de importarte tanto, la señora que cuenta hasta el último céntimo en la cola del supermercado empieza a parecerte adorable, tus amigas que tanto empeño ponen en describirte todo lo que sucede en los pañales de sus hijos de repente son encantadoras… que sí, que lo sabemos. Pero seamos sinceras… esto ES UNA ILUSIÓN. Es decir, no es real. Se trata de un estado pasajero provocado por las sustancias que está generando tu cerebro. Pero cuando esas sustancias vuelven a sus niveles normales, el semáforo vuelve a ser una mierda; los lunes apestan; la señora del supermercado es una vieja que ha puesto allí el universo para hacerte la vida imposible; y tus amigas hablan demasiado de sus hijos y comparten demasiadas fotos de ellos por Whatsapp. ¡Pero en las novelas lésbicas no! En ellas TODO MEJORA CON EL AMOR.
Las protagonistas no solo tienen la suerte de haber encontrado a la mujer de sus vidas, qué va… La mujer de sus vidas es como Jesucristo Superstar o un Santa Claus con glándulas mamarias que viene cargado de regalitossss porque cuando la conocen todo empieza a mejorar: las ascienden en el trabajo, les toca la lotería, su familia vuelve a hablarles, superan los problemas del pasado. Vaya, que casi te sientes una retrasada social cuando lees estos libros, porque inmediatamente piensas: «Un momento… yo he estado enamorada, ¡estoy enamorada!, ¿por qué a mí no me ha pasado nada de eso? ¿Qué he hecho mal? ¿¡QUÉ!?». En casos realmente graves, incluso puede que empieces a mirar mal a tu novia por no haberte traído toda esta dicha y felicidad cuando la conociste. Y, oye, no, que tampoco se trata de eso, pobre criatura. Es decir, amor sí. Amor todopoderoso, con mesura, por favor.
3. LOS MÚSCULOS
Flexionados, contraídos, estirados, extendidos, relajados… da igual, un músculo es un músculo, ¿verdad? O eso pensabas tú… Pues no, amiga, al parecer estábamos equivocadas. Frases como «y de repente flexionó su pierna y pude percibir el músculo de su gemelo derecho» se repiten por doquier en las obras de ficción lésbica. Y tú, toda inocente, te preguntas hasta qué punto puede ser erótico un músculo de la espalda, porque por mucho que lo intentes no ves nada de erotismo en él. Porque tú, como yo, eres demasiado básica. Te fijas en lo típico, no sé: tetas, culo, ojos, boca, qué sé yo. Pero en los libros lésbicos no, allí esto de la atracción es algo mucho más complejo, que casi requiere un master en Traumatología para comprenderlo. En ellos las protagonistas perciben sin ningún tipo de problema la sutil contracción del deltoideo y, cuando lo ven contrayéndose, se ponen a mil. Palabra de honor. Te puedes reír, pero lo digo completamente en serio. No sé cuántas veces he leído descripciones como estas y he pensado: ¿Y por qué no le mira las tetas? Hagamos un ensayo:
4. LAS PORTADAS
Siempre he pensado que me encantaría conocer a los diseñadores de portadas de las editoriales porque nos desvelarían un mundo entero de colores y sensaciones. Una portada es algo básico en un libro. Puede hacer que obras de dudosa calidad como Crepúsculo parezcan obras interesantes o que novelas maravillosas como Canción de Hielo y Fuego no te llamen mucho la atención. ¡Pero en las portadas de los libros lésbicos no hace falta nada de esto! Ellos van a piñón fijo: dos mujeres (preferiblemente desnudas) se miran en actitud sugerente. Da igual de que vaya el libro. Da igual si es policíaco, de fantasía, romance, acción, misterio… las tías (desnudas, a poder ser) y el aire pornográfico de la portada parece ser que son indispensables. Es como si editaran la misma obra mil veces. O como si tuvieran a un replicante dibujando a las mismas mujeres una y otra vez y solo cambiara el título de la obra. ¿Tan superficiales nos ven los responsables de diseño? ¿Por qué todas las obras lésbicas parecen sacados de la sección XXX del Carrefour? ¿Por qué algunas portadas no se corresponden con el contenido del libro? Esto es material para otro bolloexpediente X.
Algunas de estas novelas son de género policíaco. ¿Sabrías decir cuáles?
5. EXCESO DE HUMEDADES
Y cuando digo esto no me refiero a lo que has sentido al leer esa escena subida de tono. Ojalá fuera eso, pero no. Me refiero a esos momentos en los que a las escritoras se les da por describir las humedades de una manera bastante hiperbólica. La última que leí decía algo así como que el personaje X estaba sentada en un banco del parque y al ver al personaje Y se mojó tanto que, cuando se levantó, dejó un charco en el banco. Repito, porque a lo mejor el concepto no ha quedado claro: ¡UN CHARCO! Literal. Si hay algún médico en la sala agradecería muchísimo que me diga si esto es científicamente posible. Gracias.
Cuidado con los charcos que pisas. ¡Podrían pertenecer a alguien!
6. ¿POR QUÉ TODAS SON LESBIANAS?
Está bien eso de que veamos lesbianas por todas partes (ya sabes que nosotras también lo hacemos), pero una cosa es verlas y otra muy distinta que todo el mundo lo sea. Os prometo que en el mundo real también existen las heterosexuales; en serio, no son un producto de tu imaginación, es que existen de verdad. En la ficción lésbica he llegado a leer que incluso la madre adoptiva de la pareja de una de las protagonistas era lesbiana. Y en ese mismo libro una de las protagonistas tiene una gemela malvada que también es lesbiana. Nosotras damos pábulo a eso de que «dios las crea y ellas se juntan», pero muchos libros lésbicos tienen tal avalancha de croquetas que acaba afectando a su credibilidad. Así que, de nuevo, amigas escritoras, aceptad este humilde consejo: de vez en cuando no está mal meter a un amigo hetero que te consuele. O a una bisexual, que no abundan demasiado en este tipo de literatura. O a una hetero maligna que te machacará el corazón pisoteándolo con sus tacones de aguja. ¿Qué fue de eso de que la sexualidad es algo que fluye?
7. EL COMPLEJO DE HÉROE
Este punto sucede especialmente en la novela policíaca. Si has leído alguna recientemente, habrás comprobado un fenómeno milagroso que siempre sucede en este tipo de obras. Y no me estoy refiriendo a que la policía esté buena, porque eso no es un milagro, es una alucinación muy común propiciada por los uniformes. Pero, ahora en serio, estadísticamente hablando: ¿Cuántas posibilidades hay de que el interés romántico de la policía sea, justamente, la persona que esté en peligro? Yo no sé cómo lo hacen estas chicas, pero no dejan de meterse en líos.
Nosotras, intentando calcular las posibilidades.
Suele suceder de esta manera: policía buenorra conoce a lesbiana (poderosa) y a los pocos días la lesbiana poderosa está (qué casualidad) en peligro y a la policía (qué casualidad) justamente le asignan ese caso. Que no es que se conozcan cuando el caso está ya abierto, qué va, es que estas chicas tienen un imán para homicidas, pederastas, mercachifles, vulgares ladrones y gente de mala fe, los cuales salen de debajo de las piedras cuando empieza a haber cierta atracción entre los dos personajes principales. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Están intentando mandarnos algún mensaje? ¿Acaso estamos en peligro? ¿Es siquiera matemáticamente posible? ¿Alguna matemática en la sala?
8. EL BAILE
Hay una cita muy famosa de Robert Frost que dice: «El baile es la expresión vertical de un deseo horizontal». Quizá por ello, las escritoras de ficción lésbica, no paran de incluir escenas en las que las protagonistas bailan juntas. Y os avanzo ya que normalmente es una escena clave para la evolución de sus sentimientos. La música suena, rápido primero, lenta cuando salen a la pista (de nuevo: qué casualidad), ellas se ven obligadas a acercarse, se refriegan un ratito una contra la otra y ¡bang! a partir de eso estarán calientes como una de las Nespresso de las que anuncia George Clooney.
Cuando bailan siempre es “como si nunca hubieran bailado antes”. “Sus cuerpos encajaron perfectamente”. “La música sonaba solo para ellas”. «Todo lo demás desapareció». Bien, entendemos que es un buen recurso para hacer que estalle la tensión sexual entre los personajes. Lo único que pedimos es que no aparezca en todos y cada uno de los libros escritos por una lesbiana desde que el mundo es mundo.
9. PROBLEMAS DE EQUILIBRIO
Yo nunca había pensado en la posibilidad de que las croquetas tengamos un problema auditivo que nos haga perder el equilibrio en momentos clave. Que a lo mejor no es eso, pero entonces que alguien me explique por qué cada vez que están a punto de hacer el amor una de ellas le dice a la otra: «Si sigues haciendo eso no podré tenerme en pie». ¿Es algo figurado? ¿O literal? Porque a lo mejor es un buen momento para plantearse ir a un otorrino.
10. «TE QUIERO»
Y llegamos al final de la lista haciendo mención al momento cumbre, sin el que (al parecer) ninguna croquetolectora puede vivir. ¿Es necesario que los personajes se digan te quiero? ¿Es necesario siquiera que siempre haya una escena que sea la del «Te quiero»? No sé… llevan cien páginas follando haciendo el amor, no pueden vivir la una sin la otra, tú tienes clarísimo que están super enamoradas y, sin embargo, da la sensación de que el libro no acaba hasta que se lo dicen una a la otra:
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Ese diálogo parece que es imprescindible en toda obra lésbica que se precie. Pero lo peor de todo es que tú misma estás esperando que ocurra, casi se lo exiges a la pobre escritora. Te tragas páginas y páginas esperando a que llegue ese momento y si por lo que sea no llega, te sientes huérfana de tequieros y ponys y cursilerías varias, porque no te han dado tu golosina y tú, admitámoslo, eres una yonki de la ficción lésbica y cuando lees este tipo de obras necesitas que te den tu dosis habitual. Yo lo soy, lo confieso. Así que esto va para escritoras y lectoras: dejemos libertad creativa a la autora. Pensemos que si no se dicen «Te quiero» no signfica que no estén enamoradas, significa que sus sentimientos están implícitos en el texto.
BONUS
Finalmente, si has leído hasta aquí, has de saber que la obra en sí puede que tenga bonus añadidos si incluye algo como esto: una protagonista tiene trenza (?). Te sonará a broma, pero muchas la tienen, aunque no acabamos de entender por qué, exactamente; una de ella se corta la melena a lo largo de la novela; hay fuerzas de la naturaleza que les obligan a permanecer varios días juntas, encerradas (y esto engloba todo tipo de catástrofes: aludes, tormentas, huracanes y/o terremotos); hay una escena tórrida en una ducha; una de ellas tiene un pasado más negro que un hippie paseando descalazo por una autopista; y finalmente… siempre tienen un orgasmo la primera vez que se acuestan, da igual cuáles sean las circunstancias, aunque la cosa sea un aquí te pillo, aquí te mato.
Esto es todo. Tan solo añadir un par de mensajes con todo el cariño, desde esta humilde publicación. Querida escritora de novela lésbica y responsable editorial: reitero que os queremos, esto es solo una crítica constructiva. Querida lectora croqueta: aceptemos finales alternativos para que las escritoras puedan enriquecer este género con nuevas aportaciones.
¿Qué opinas tú? ¿Te ha encontrado con esto alguna vez? ¿Cuáles son tus experiencias con la ficción lésbica? Compártelas con nosotras 🙂
El pasado viernes, las actrices de Orange is the New Black y su creadora, Jenji Kohan, hicieron un panel de preguntas en el Paleyfest 2014, y revelaron nuevos detalles de la segunda temporada. Estaban todas: Jenji Kohan, Taylor Schilling, Laura Prepon, Kate Mulgrew, Natasha Lyonne, Yael Stone, Laverne Cox, Lorraine Toussaint, Michael Harney, Uzo Aduba, Danielle Brooks, Taryn Manning, Jason Biggs y Lea DeLaria. Siempre nos gusta ver a las actrices fuera de sus papeles, interactuando con sus compañeras y contándonos cosas de detrás de las cámaras. ¿Es nuestra alma de fangirl? Seguramente, pero nos hace muy felices.
http://www.youtube.com/watch?v=ViFMKSpUFMg
Durante el panel desvelaron cosas muy interesantes con respecto a la segunda temporada de la serie, entre ellas que habrá muchos más flashbacks que en la primera. La showrunner desveló los personajes de los que veremos escenas del pasado: Morello, Taystee (Danielle Brooks), Poussey (Samira Wiley), Ingalls (Beth Fowler), Miss Rosa (Barbara Rosenblat) y el nuevo personaje, Vee (Lorraine Touissant). En cuanto a Vee, del que ya os contamos que era la cabecilla de una organización de tráfico de estupefacientes, Kohan dijo que su personaje «lo cambia todo». Dejaron caer también que podría haber usado niños como corredores de drogas, lo que dejó a los asistentes bastante asombrados.
La creadora de la serie reveló también un dato que no sabíamos acerca de la inspiradora de la historia, Piper Kerman. Por lo visto, ella cree que los guardias de la cárcel están siendo representados de manera demasiado amable. «Los estás haciendo humanos», le dijo a Kohan. Otro detalle que desconocíamos es que el único nombre real de todos los personajes es el de Piper. En palabras de Kohan:
Cuando empezamos la primera temporada, el departamento jurídico dijo, que no podíamos usar ningún nombre exceptuando el de Piper, porque era la única que había firmado un acuerdo. La segunda temporada es más… todo aquello que queríais saber.
Como si tuviéramos pocas ganas de ver a las chicas de Mansfield… Por otra parte, las chicas son incapaces de decidirse a la hora de elegir una ‘mujer de cárcel’. Taylor Schilling y Laura Prepon se inclinarían por la poligamia (glups!) y Uzo Aduba bromeó «Yo ya tengo una esposa, no sé de lo que estás hablando», en referencia a su obsesión con Piper. En resumen, muchas risas, muchos datos, y muchísima más impaciencia porque llegue YA el 6 de junio y podamos disfrutar de la segunda temporada de la serie.
Shay Mitchell tiene algo en común con algunas de sus compatriotas canadienses: la estrella de Pretty Little Liars también es muy reservada. Pero el otro día consiguieron que hablara de las escenas lésbicas de su personaje (Emily, en la serie), algo que no suele ocurrir muy a menudo. Ocurrió en el programa televisivo de Bethenny Frankel. Allí la actriz habló de lo muchísimo que le gusta interpretar a Emily y, también, de cómo es rodar algunas de las escenas románticas con sus compañeras de reparto.
Todo el mundo me pregunta: ¿Qué se siente al besar a otra chica? Y yo les digo, que se siente normal, bien, sí. A veces prefiero besar a una chica que a un chico cualquiera al que no conozco. Huelen bien, se ponen protectores labiales bonitos.
La clave, amigas, está en la higiene personal. A partir de ahora ten mucho ojo con el desodorante que compres. Pero, fuera bromas, actriz también confesó que no tenía ni idea de que el show iba a tener tanto éxito. «Sabía que [los libros de Sara Shepard, en los que está basada Pretty Little Liars] tenían muchos fans y todo eso, pero no me lo esperaba». Podéis ver el vídeo de la entrevista siguiendo este enlace del Daily Mail.
¿Os acordáis de Can’t Remember to Forget You? ¿Os acordáis de las risas el shock que nos produjo en su momento? Pues Shakira no lo ve como nosotras. Para nada. El videoclip que rodó con Rihanna ha recibido varias críticas por parte del público, que lo calificó de un insulto a la mujer por ese subtexto lésbico tan absurdo que nos regalaron la de Barbados y la colombiana.
Pero Shaki dice que lejos de ser un vídeo que demerite a la mujer, es una oda a sentirse sensual y sexy.
«Me gusta sacar partido a sentirme sensual y sexy, y creo que [el vídeo] es tremendamente poderoso y no es demeritorio en ningún sentido».
Querida Shaki: hay una línea muy fina entre ser sensual e intentar calentar al personal. Ea, ya lo he dicho. ¿Pero qué pensáis vosotras?
Vamos a hacer una encuesta: si te ponemos este videoclip y te preguntamos de qué va la historia, ¿qué opción escogerías?
a) Bollodrama
b) Mmm… ¿bollodrama?
c) ¡¡Bollodrama!!
Curiosamente, ninguna de estas respuestas es correcta. Pero no es que nos esté fallando el gaydar y tengamos que llevarlo al taller mecánico para que le ajusten unas tuercas, sino que parece ser que se trata de un subtexto lésbico totalmente fortuito.
El videoclip corresponde a un single llamado I will never give you up to anyone, que es ahora mismo el número 1 en todas las radios rusas. Está cantado por las Serebro, que son algo así como unas Pussycat Dolls de la tierra del vodka (seguro que las conoceréis más por su famoso Mama Lover). Y en él vemos a dos mujeres que parecen tenerse más afecto del normal entre dos amigas, MUCHO más afecto del normal. Yo diría que incluso una pasión desmedida. No sé vosotras, pero yo pocas veces he visto vídeos musicales con más subtexto lésbico. Y sin embargo, sus autoras aseguran que no, que aquí no se cuenta ninguna historia homosexual. Es todo platónico e inocente. Que somos todas unas deserebradas, vaya.
Porque las rusas se quieren.Se quieren mucho, ¡joder!Las amigas de sus amigas son sus amigas.
Bueno… tratando de sacar el lado positivo de todo esto, el vídeo está en todas las televisiones del país. ¿Algo es algo o ni siquiera eso?
Me ha costado mucho decidirme por qué mujer empezar con el cambio en esta sección, hasta que mi cerebro ha funcionado correctamente esta mañana tras cuatro cafés y un ibuprofeno y me he acordado de ella. La belleza sencilla pero perfecta de esta mujer me tiene totalmente maravillada, y desde que la vi por primera vez haciendo el chorra por la red (haciendo el chorra yo, no ella) no he podido dejar de pensar que es simplemente una de esas mujeres que, la vea quien la vea, dirá que es GUAPA. Y así, con mayúsculas, porque pocas veces ocurren mujeres como ella.
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Y muchas menos mujeres como ella que, además de actuar, canten así de bien y hagan videoclips en los que están tan seductoras y sexys que pienso que quizás estas cosas deberían estar prohibidas por los problemas cardíacos que pueda llegar a ocasionar. Además de la obsesión, que yo ya no puedo dejar de ver cualquier cosa en la que cual sepa que sale ella.
Y como sé que os habéis quedado con ganas de más, de mucho más, os contaré que actualmente podéis verla en Shameless, serie altamente recomendable incluso si no fuera ella la protagonista, pero como sí es ella, ahora ya sabéis que es imprescindible y no sé qué hacéis aquí en lugar de estar viéndola ahora mismo. Además, en esta serie pasa un poco como en True Blood con Anna Paquin, y es que vais a ver a Emmy ligera de ropa prácticamente en cada episodio. ¿No amáis mucho a Showtime? Porque yo lo hago.
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Emmy Rossum
Y ahora, sin más dilación, os dejo para que empecéis (ahora sí que sí) a ver Shameless, pero antes un poco más para acabaros de convencer.
Gente, qué malísimo es irse de copas sin mesura. En serio. Una se pasa una noche con el ron y acaba haciendo cosas de las que se arrepiente. Pero, claro, tú y yo solo tenemos que darles explicaciones a nuestros amigos al día siguiente. «Oye, lo siento, me pasé, no debería haber pedido la última». Pero si eres Lindsay Lohan y en medio de un alegrón te pones a redactar una lista con toda la gente que ha pasado por tus sábanas, las posibilidades de que eso salga a la luz son MUY altas.
Y eso es lo que ha pasado. Que ya sabemos 36 nombres de gente que se ha acostado con Lindsay Lohan porque ella nos lo ha contado de puño y letra.
36 sombras de Lindsay.
La revista InTouch es la responsable de esta jugarreta a la actriz, ya que hace tres días publicó esta enumeración de follaamigos que Lindsay confeccionó el 30 de enero de 2013 mientras estaba de borrachera con unos amigos por Beverly Hills.
En la lista podemos leer claramente los nombres de Adam Levine, Zac Efron, Justin Timberlake, Joaquin Phoenix, Heath Ledger, James Franco, Colin Farrel, Evan Peters y Wilmer Valderrama. Los demás aparecen pixelados porque, según InTouch, en el momento en el que se confeccionó la lista los involucrados ya tenían pareja estable y airear sus infidelidades a los cuatro vientos podría afectar a sus actuales relaciones. Gran detalle por parte de InTouch esto de proteger a los infieles y, en cambio, airear la vida privada de Lindsay Lohan sin ningún tipo de pudor.
En cualquier caso, se rumorea que en la lista negra también hay nombres de mujeres, además del que todas esperábamos (Samantha Ronson), pero en la instantánea no somos capaces de ver nada en femenino.
Desconocemos cómo le habrá sentado esta publicación a la susodicha, pero Lindsay se encuentra estos días en pleno lanzamiento de su propio reality show, así que no creemos que algo tan nimio le afecte demasiado. Una vez superadas las fotos frente al juez con cara de haberse metido todo lo vendible en alguna esquina de Sunset Boulevard, seguro que esto no es nada para ella. Si acaso, que le quiten lo bailado. Otra cosa no, pero la chica tienen buen gusto (al menos heterosexualmente hablando).
Era Leia. Lo confieso. Sí, la señora de las ensaimadas en la cabeza. La princesa Leia Organa de Alderaan, con su vestidito blanco y el peazo pistolón aquel con un cañón más largo que un día sin pan (no, no voy a hacer ningún chiste erótico-alusivo. En el fondo una es, aunque no lo parezca, toda una señora).
La cuestión es que era Leia. No el sosaina incestuoso, no el chulito de las galaxias, no, ¡por supuesto!, Chewbacca (pero que, vamos, si a alguna le van los wookiees peludos de más de dos metros, adelante. Ya se sabe, el corazón, o es ciego o un cabrón de tomo y lomo). Y, ¡oh, amigas!, allí estaba yo, en el cine, a mis nueve añitos, dopada hasta el cráneo por una sobredosis de chuches y palomitas, cayendo rendida a los pies de una señora con un arreglo capilar que ríete tú de los de Eduardo Manostijeras (en fin, no sé, tal vez fue algún tipo de asociación emotivo-subliminal. Como ella y la Dama de Elche compartían estilismo…).
Como sea, la cuestión es que era en Leia en quien me fijaba. Leia la que me hacía rebotar el corazón, la que aumentaba de forma alarmante mi producción de baba, por la que fundía la paga semanal en cromos de La guerra de las galaxias [inciso: La ÚNICA y VERDADERA, no ese bodrio que se sacó el Señor Sin Barbilla (aka George Lucas) años después] y por quien tenía sueños (extrañísimos) de ensaimadas galácticas con forma de Halcón Milenario.
Pero, claro, fíjate tú que después iba una al cole toda entusiasmada por compartir sus cinéfilas pasiones (only románticas. A ver, que tenía nueve añitos) y constataba, consternada, que en quienes mis amigas se fijaban, por quienes tenían arritmias, babeaban y se gastaban los diez duros de la paga era… ¡por el sosaina y el chulito! (María Engraciación —a la que todas llamábamos laEngra, para abreviar— era la única outsider del patio aparte de servidora, porque ya me fijaba yo que se quedaba con todos los cromos que nos salían de Chewbacca a cambio de los suyos del soso, el chulo y la mujer ensaimada. Ya le perdí yo la pista a la Engra al acabar el cole, qué pena, porque mira que me habría gustado saber —mucho— qué fue de ella. No sé, por aquello de quedarme con las ganas de certificar si lo de su corazón fue ceguera o una cabronada en toda regla).
Total, que Leia fue la primera, pero nunca la última. Después de ella llegaron otras, como la señora Sherwood (la profesora de literatura de la serie Fama), Sabrina Duncan (una de Los ángeles de Charlie. Había una vez tres muchachitas que fueron a la academia de policía… Era escuchar esto y ponerme toa burra, madre) o la coronel Wilma Deering (de la serie Buck Rogers en el siglo XXV. ¡Bidi-bidi-bidi!). Y todas ellas me alteraban los ritmos cardíacos, la producción de baba y la economía doméstica (¡la de tráfico de cromos que habré movido yo en aquella época!).
Y fue por ahí, mira tú por dónde, que empecé a darme cuenta de que lo mío no era, digámoslo así, “estadísticamente corriente”. Vamos, que los números apuntaban, por abrumadora mayoría, a las filias sosaineras y chulerísticas (en lo de la Engra no entro. Ante todo, respeto a la diversidad afectiva, faltaría más). Y que no era nada habitual eso de sufrir episódicos ataques de ansiedad por señoras catódicas, como aquel provocado por un capítulo de Los ángeles de Charlie en los que se fingía la muerte de mi amadísima (y denominación de origen de la mayor parte de mi producción babosera entre 5º y 8º de EGB) “ángel” Sabrina.
Y así, con el tiempo, ya me empezaba yo a preguntar cosas como que por qué no había más amigas a las que les gustara lo mismo que a mí. Por qué no bebían los vientos por la señora de las ensaimadas en la cabeza. Por qué, por ejemplo, se rasgaban las vestiduras por Leif Garrett y no por Gemma, la ficha verde de Parchís (sí, a mí me iba esta, no la amarilla. Ea). Y así, claro, se le fue configurando a una un interior de recelo, clandestinidad, silencios y disimulos. Porque ya veía servidora que la cara que se le ponía al personal cuando el chorrete de baba surgía por Bonnie, la mecánica de KITT (“El coche fantástico”) y no por el (ejem) ¿guaperas? del personaje de David Hasselhoff, pues que apuntaba a dedo índice acusador. Y así, por si las moscas, una empezó a hablar bajito, tan bajito, que al final nadie le escuchó (hasta que se hizo mayor y, para contrarrestar, se puso a dar gritos a diestro y siniestro. Hala).
Y, ahora, ¡qué maravilla!, señoras catódicas por las que babear sin pudor (llegan a emitir The L Word en mi época y combustiono. Literalmente), foros enteros dedicados a ellas, filias proclamadas a voz en grito, personajes y tramas bollo en series generalistas… ¡El paraíso para un corazón UHF!
Y es que no veáis lo que jodía tener que disimular (“Huy, sí, qué mono, Sonny Crockett”. Y una babeando por Gina Calabrese, claro). Pero la heteronorma se acataba, vaya que sí, sobre todo si tenías nueve años y no entendías nada (después sí, con el tiempo. ¡Y tanto que entendí!). Y si queréis poneros en mi lugar (sé que las referencias televisivas os sonarán a muchas a épocas antediluvianas. Oh, sí, hay gente que nació antes de la aparición del Whatsapp, aunque no os lo creáis), pues sería como si intentarais hablar con vuestras amigas de Rizzoli y ellas solo tuvieran oídos para, por ejemplo, Frankie. ¿Olivia Dunham? Ni caso. Tus amigotas, ¡hala!, dándolo todo por Peter Bishop. Que, «Oye, ¿habéis visto a la prota de la serie Xena, la princesa guerrera?». Y ellas, que si Joxer El Poderoso por acá, que si Joxer El Poderoso por allá (vale, esto ha sido cruel, lo reconozco). Y así, hasta el infinito y más allá.
Y, en fin, que sí que puede parecer una pena no haber podido compartir con mis amigas de patio filias sentimentales por señoras con ensaimadas en la cabeza (y otras cosas del querer) pero, mirad, no hay mal que por bien no venga: nacer antes me permitió crecer, catódicamente hablando, con La bola de cristal y NO con Leticia Sabater.
¡Toma ya! (Zoom, zoom, culombio, culombio. Zoom, zoom y me pego un voltio).