
El pánico se está extendiendo por Estados Unidos a una velocidad alarmante. De repente, y como de la nada, los legisladores están super preocupados con un asunto que hasta ahora nos había pasado desapercibido. Insensatas de nosotras. No sabíamos que había una cuestión capital que estábamos pasando por alto cada vez que salimos a cenar y tomar una copa fuera de casa.
Tanto Tennessee como Carolina del Norte están a vueltas con proyectos que, si no fuera porque son trágicos, darían un poco de risa: quieren legislar sobre los baños públicos. Sí, efectivamente. Esos cuartos de tres metros cuadrados son la máxima preocupación de decenas de cargos públicos. Su obsesión es que cada persona utilice el baño correspondiente al género que le fue asignado al nacer, pasando por alto las circunstancias vitales de cada cual (como, por ejemplo, que tu abuela de 90 años tenga que hacer una cola muy larga en el baño de chicas mientras el otro está desocupado), y propiciando que situaciones tan WTF como estas puedan tener lugar.

@monaeltahawy Time to revive the #wejustneedtopee hashtag. pic.twitter.com/dVz9SBfN1d
— Val Dobson (@ValDobson) November 5, 2015
Y es aquí cuando viene la pregunta central de todo este asunto. ¿Qué es lo que quieren las personas trans cuando van a baños públicos? Hemos estado reflexionando e investigando fuerte sobre el asunto, y finalmente tenemos una respuesta que ofrecer.
Quieren utilizar el baño. Ni más ni menos. Quieren hacer pis, quieren mear, quieren cambiarle el agua al fucking canario.
En ocasiones, también quieren mirarse al espejo.
Y ya está. No hay nada más.


Black Mirror es una de mis ficciones favoritas de los últimos tiempos. De una manera inteligente y nada sutil nos hace reflexionar sobre cómo la tecnología está cambiando nuestra vida, muchas veces para peor. Bien mediante situaciones cotidianas, bien transportándonos a distopías horribles aunque no poco probables, la sensación y el poso que nos deja al terminar cada uno de los episodios no es algo frecuente en televisión.





Alguna vez hemos hablado de Empire, de cómo tiene una trama gay entre dos chicos que funcionaba perfectamente, y de la diferencia que había con la lésbica, que no valía un pimiento, ya que fue algo episódico y completamente eye candy para una audiencia masculina, además de que desapareció sin dejar rastro. En la segunda temporada introdujeron el personaje de Mimi, interpretado por la ganadora de un Oscar (cof) Marisa Tomei, y parecía que al fin teníamos un personaje un poco más digno, pero… no. Espejismo total. Al final de la temporada descubrimos que su esposa había sido todo el rato Naomi Campbell, a quien conocíamos como la novia de Hakeem. También vimos como Mimi trataba a las mujeres bastante regular y bueno, en fin, que mal. Soy consciente de que hay lesbianas así, que no todas somos hermanitas de la caridad ni nada por el estilo, pero parece mentira que alguien como Ilene Chaiken, que supo crear una serie como The L word haga unos personajes tan chapuceros y grotescos en el presente.


Elliot apareció en el episodio de ayer noche, dirigido por el director de Transparent Silas Howard. Lo hizo en el papel de Noah, un chico transgénero (Elliot es transgenero a su vez) que rápidamente establece una relación de amistad con Shane. Noah es cantante, y se une a una banda con Shane y Karma. Al principio es un poco… como Shane, el rey del cinismo, pero poco a poco veremos su lado suave.

Creíais que no se podía querer más a Daisy Ridley, pero sí se puede. Y es que Daisy hace méritos a diario para ganarse nuestro amor y no nos lo puede poner más fácil. Lo que ha hecho ahora, es ponerse a rapear en los extras del DVD y Blu-Ray de El despertar de la fuerza y ha conseguido superar su ya de por si alto nivel de adorabilidad (y sacar a bailar a Carrie Fischer) con rimas tan poéticas como We all up in the desert and we filming Star Wars / because of our diet we can eat no Mars bars (Estamos en el desierto y estamos rodando Star Wars/ Por culpa de nuestra dieta no podemos comer barritas Mars).