Teníamos muchas esperanzas puestas en los SAG Awards, los premios que otorga desde 1995 el Sindicato de Actores de Estados Unidos. Los actores y actrices afiliados a la organización eran los encargados de darnos una alegría y conceder a Cate Blanchett y a Rooney Mara los premios a mejor actriz protagonista y de reparto por sus interpretaciones en Carol, pero los actores y actrices han sido, al final, los encargados de darnos otro disgusto: Cate y Rooney se han vuelto a quedar con las manos vacías, en una de las últimas citas de los premios del cine antes de llegar a la meta final de los Óscar de 2016.
Brie Larson, como ya ocurrió en los Globos de Oro, ha pasado por encima de Cate Blanchett y se ha hecho con la estatuilla de mejor actriz protagonista por su papel en Room. En la categoría de mejor actriz de reparto, donde competía Rooney Mara, los afiliados al Sindicato de Actores han elegido como mejor intérprete a Alicia Vikander por su trabajo en La chica danesa. Pero aunque los SAG Awards han dejado un sabor amargo en sus premios dedicados al cine, en el apartado de televisión nos hemos llevado más de una alegría: Jeffrey Tambor fue reconocido con el Premio a mejor actor en comedia, y Queen Latifah consiguió el de mejor actriz en un filme televisivo por dar vida a la cantante de blues Bessie Smith en Bessie.
El reparto de Orange is the New Black se impuso a las veteranas Modern Family y The Big Bang Theory y consiguió el Premio del Sindicato al mejor elenco en comedia, y Uzo Aduba, aka “Crazy Eyes”, ha ganado la estatuilla de mejor actriz en su categoría. La encargada de recoger el galardón al mejor elenco, rodeada de algunas de sus compis, fue nada más y nada menos que una guapísima Laura Prepon, que aprovechó su discurso para mandar un sutil recadito para los señores de la Academia y las polémicas sobre la poca diversidad de los Óscar:
Mirad a este escenario. Quiero decir, a esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de diversidad: diferentes razas, colores, credos y orientaciones sexuales.














La situación actual de Italia en cuanto a derechos LGBT es poco menos que sonrojante. Se trata de una de las potencias económicas del mundo, pero todavía no ha legislado lo más mínimo sobre derechos LGBT. No reconoce los matrimonios de otras partes del mundo, y ni siquiera cuenta con una ley de parejas de hecho que contemple también a los homosexuales. Por no tener, no tiene ni una ley que pene los delitos por homofobia. #Vergogna. El caso es que el Senado ha comenzado estos días por primera vez en su historia a estudiar un proyecto de ley para la legalización de la unión civil entre parejas del mismo sexo, un tema que está separando al país porque en fin, todo lo que os imagináis y más.



