Como en todos los países donde se aprueban derechos sobre las personas LGBT, en Australia hay un debate muy potente entre los partidarios de que todos tengan los mismos derechos, y los que no porque random razón que puede ir desde que vamos a acabar todos casándonos con nuestros perros a que la Tierra se va a abrir y nos vamos a ir al infierno. Hay un aspecto muy particular dentro de la escena australiana que, a priori, puede parecer algo sin mucha trascendencia, pero en realidad encierra algo bastante profundo: renombrar espacios públicos.

El Melbourne Park Stadium, pista de tenis en la que se juega el Open de Australia, cambió de nombre en 2003, y actualmente se llama Margaret Court Arena. Court es una leyenda del tenis, con unas cifras que no dejan duda ninguna sobre la calidad de su juego: es una de las tres jugadoras en ganar todos los torneos de Grand Slam en todas las modalidades, 24 en individuales, 19 en dobles femeninos, y 21 en dobles mixtos. Después de su carrera en el deporte, orientó su vida hacia la fe, y ahora es pastora de una congregación. Hasta aquí, todo ok. Pero claro, Court alberga muchísimo odio hacia las personas LGBT, y sus declaraciones sobre este colectivo son atroces.

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La homosexualidad es la lujuria por la carne, también lo es el adulterio, la fornicación. No es Dios y creo que ellos también lo saben. Es por eso que quieren casarse, porque es autosatisfactorio. Creo que saben que va en contra del cristianismo.

Billie Jean y Emma Stone, quien la interpreta en La batalla de los sexos

Esto son solamente dos perlas de las muchas que Court no tiene reparo en soltar cada vez que tiene un micro delante. Cree firmemente que las personas LGBT lo son porque han sufrido abusos en su infancia, y que serlo está mal. Esto ha molestado a mucha gente, también del mundo del tenis, como Martina Navratilova, que está casada con una mujer, Casey Dellacqua, que también, y sobre todo a Billie Jean King, otra leyenda del deporte, que además también es lesbiana. Esta ultima propuso que las pistas que llevan su nombre cambiaran de denominación.

Es realmente importante que si va a poner su nombre en algo, sea hospitalario, que sea inclusivo, abra los brazos a todos los que van. Es una instalación pública

Cuando un edificio público recibe el nombre de una persona, se tienen en cuenta criterios de lo más variopinto, como que esa persona haya nacido ahí, tenga relevancia en un área determinada, o, simplemente, haya puesto la pasta. Pero como bien dice Billie Jean (it’s not my lover), los espacios públicos son, precisamente, públicos. Abiertos a todos. También, en este caso, a las personas LGBT, a las que esta señora desprecia a diario.

Pero más importante que eso, todavía más, me parece el asunto de la ejemplaridad. El mensaje que se transmite dejando el nombre de una persona LGBTfoba en unas pistas tan importantes (o aunque fuera el frontón de su pueblo, esto es lo de menos), es que da igual que vayas esparciendo tu odio hacia un grupo entero de personas, que creas que son errores de la naturaleza, o peor aún, que buscan activamente que se les haga daño, porque eras muy buena en otra faceta de tu vida, como jugar al tenis.

Los espacios públicos, según mi punto de vista, deben ser un recordatorio constante de la vida en comunidad. Nombres de escritores y escritoras, personas célebres, incluso, como en Zaragoza, películas disfrutadas por todos. Algo que, desde luego, no te haga sentir incómoda, ni te haga pensar que tú importas menos que otra persona que sabes que ha trabajado por destruir esa comunidad.

Laura Robson, anterior número 1 del ranking británico, se ha pronunciado al respecto, y seguramente no será la única.

Sí, me inclinaría por cambiarle el nombre. Es difícil porque obviamente logró mucho, pero si a alguien se le pide que juegue en esa cancha y tal vez no se sienta cómodo, o la gente se sienta un poco incómoda al sentarse allí, entonces la gente necesita tener más de una opinión al respecto y decidir qué es lo mejor.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos con respecto a las pistas de Melbourne.