Durante el Midsumma Festival, que tendrá lugar en Melbourne en este mes de enero, la artista Lisa White va a exponer su colección Beautiful LGBTI Women, compuesta de retratos de mujeres LGBT entre 25 y 70 años. El objetivo de esta muestra es doble: por un lado, enseñarnos que no todas las mujeres LGBT son iguales, y que muchas se alejan de las normas de feminidad y perfección que parece que la sociedad nos pide, pero que, eh, no pasa nada porque son igual o más felices.
Pero el segundo objetivo es, quizá, más importante. White, con esta exposición, está ayudando a Breast Screen Victoria, una organización sin ánimo de lucro, a concienciar a las mujeres australianas a que cumplan sus calendarios de mamografías, y a educar a los servicios médicos del país para que sepan cómo tratar con pacientes LGBT.
En 2015, un paper publicado en Women’s Health Issues señalaba que las mujeres heterosexuales eran más dadas a autoexaminarse los pechos y a hacerse mamografías que las mujeres LGBT. En España, los calendarios de mamografías son controlados por las comunidades autónomas, y se ponen en marcha automáticamente a partir de los 45 – 50 años, variando según el territorio. Si estás dentro de este grupo de edad y no sabes si te corresponde, por favor acude a tu médico de atención primaria y consúltale.
Las fotografías de esta exposición serán utilizadas como reclamo publicitario para que las mujeres de Australia tomen conciencia de la importancia que tiene el irse controlando y el pasar las revisiones indicadas por los médicos.
Mediaset ha puesto en marcha un programa literario en Be Mad, ess canal que le sirve de cajón de sastre de cosas como el fútbol femenino y los realities de subastas. Bajo el título de Convenzeme, Mercedes Milá invita a famosos y no tan famosos a que le recomienden un libro y le pongan verde como una hoja de laurel otro, por eso de equilibrar la balanza. En una de las ediciones de noviembre, una de las invitadas eligió como diana de sus iras Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría.
De él dijo que «No se lo recomendaría leer a nadie. Es un libro presuntuoso y aburrido, que seguramente intenta abordar todas las etapas vitales de una mujer, en la adolescencia… pero que se queda en la vida de una niñata pija que no sabe lo que quiere. Odia a su madre como la gran mayoría de los adolescentes, se va a buscarse a sí misma a otra ciudad, se encuentra con una amiga que le presenta las drogas…» El video se puede ver en la web del programa.
Días después, la propia Lucía acudió al espacio, y por supuesto Mercedes le preguntó sobre la opinión de la anterior invitada sobre su libro. La escritora fue muy honesta al decir que sí, que la novela tiene fallos, porque la escribió cuando era muy joven, pero que hay un aspecto capital en ella, y es que se publicó en 1998, y nunca un libro de tanto alcance había tenido una protagonista bisexual.
Estas navidades he aprovechado para releer el libro, algo que no hacía desde hace por lo menos una década, y no era cómo lo recordaba. Cuando lo leí, siendo una adolescente, todo lo que contaba me atrapó irremediablemente. La protagonista estaba enamorada de su mejor amiga, la protagonista tenía una relación con otra chica en un país extranjero, la protagonista molaba una barbaridad. Y yo, que debía tener trece años, alucinaba en colores porque nunca había leído algo tan fresco, y posiblemente porque jamás había leído nada que implicara que una mujer pudiera estar interesada en otra de un modo romántico o sexual.
Ahora, que algún libro más he leído en esta vida, es verdad que la historia ha perdido, que Beatriz es de esa clase de personas que parece que es mejor mantener lejos que admirar con la boca abierta, y que bueno, Lucía Extebarría ha escrito cosas mejores y con más ritmo.
Pero tiene mucha razón la autora cuando habla de la importancia que tuvo el libro en su momento. En 1998, y en años posteriores también, si un libro tenía una protagonista lesbiana o bisexual o estaba editado en La sonrisa vertical o Egales, o las referencias a su orientación sexual eran tan veladas que no se podía hablar de él como un libro LGBT. Los libros LGBT no estaban en las estanterías de las librerías generalistas porque no se vendían. Pero Beatriz y los cuerpos celestes no sólo no era una novela erótica, sino que encima ganó el premio Nadal, que junto al Primavera y el Planeta (que, por cierto, también ha ganado Etxebarría), conforman el trío de premios más prestigiosos de España.
El Nadal no sólo da prestigio, el Nadal hace que tu libro esté en todos los escaparates de las librerías. De repente, una novela con una protagonista bisexual, que habla abiertamente de cómo se siente sobre ello, que tiene relaciones con hombres y mujeres, que te mete del ambiente LGBT, y que no lo hace desde una óptica de pudor y vergüenza, sino de libertad y despreocupación, copaba los primeros puestos de ventas.
Veinte años después, es cierto que esta historia parece estar más que superada, y que la literatura LGBT ha crecido como género en sí mismo, pero nunca está de más echar la vista atrás y mirar con perspectiva todo lo que hemos ido dejando en el camino. Beatriz y los cuerpos celestes es importante en la historia de la literatura LGBT en español, marcó un hito, y gustos aparte, es injusto negarle el papel que tuvo. Fue la primera experiencia que muchas mujeres (y hombres) tuvieron con una historia así, y eso cambia vidas.
Hace unos meses, además hablando también de Orange is the new black, os explicamos cómo se medían las audiencias en Estados Unidos en los canales tradicionales o por cable: 5000 medidores de audiencia se reparten con un criterio demográfico por todo el país, y de ahí salen las cifras que salvan o condenan a nuestros shows favoritos. Los canales de streaming no se medían así, y de hecho, las cifras de audiencia se hacían públicos a discreción de la compañía concreta: Netflix, Hulu o Amazon.
Por primera vez una empresa, Symphony Advanced Media, ha conseguido juntar los datos de las tres plataformas y ha dado a conocer los shows más vistos del 2016. El criterio que ha utilizado es el de comparar los datos desde el estreno de la serie en cuestión hasta 35 días después, y lo que le ha salido en la coctelera es que la cuarta temporada de Orange is the new black ha sido vista por nada más y nada menos que 23 millones de personas. Este dato suponemos que es a nivel global, ya que el número de suscriptores de la plataforma dentro y fuera de Estados Unidos es de 87 millones.
Si dividimos, para sacar una media, esos 23 millones de personas por los 13 episodios que compusieron la temporada, nos sale una media de 1.7 millones por episodio. ¿Mucho? ¿Poco? Como dato para que comparéis, el final de temporada de Anatomía de Grey lo vieron 8 millones de personas. Vale, es tv en abierto y no hay que pagar una suscripción mensual, vale. Pero es obvio que las cifras quedan un poco lejos todavía de los canales tradicionales. El resto de series que han entrado en el ranking de lo más visto son las siguientes:
Las series de Shonda llegarán un poco más tarde este enero. El estreno de los tres buques insignia de la productora estaba previsto para el 19 de enero, pero la cadena ha decidido retrasarlo unos días para poder emitir un especial informativo con motivo de la toma de posesión de Donald Trump en la Casa Blanca.
Las tres series volverán el jueves siguiente, 26 de enero, cargadas de drama. Shonda, vaya. How to get away with murder nos dejaba con un interrogante del tamaño de Guadalajara, y que seguro va a conducir esta segunda parte de la temporada. No es para menos. Mientras, en Anatomía de Grey, estamos más que pendientes del tonteo que se llevan Arizona y la nueva doctora, Eliza, interpretada por Marika Dominczyk. Lo último que supimos fue que iban a tener una cita. ¿Habra sido con final feliz?
Supongo que si sois personas de bien estaremos de acuerdo en que The good wife es una de las mejores series de la historia de la televisión. Muchas son las virtudes de la ficción creada por el matrimonio King, pero si algo hay que destacar es su capacidad de reinventarse para evitar caer en el aburrimiento máximo del caso por semana. Por eso, The good fight es una vuelta de tuerca más en la historia, una serie que las fans vamos a disfrutar muchísimo, porque tiene (casi) todos los ingredientes que nos fascinaron de la original. ¿Qué nos falta? El elenco original, claro. ¿Cómo lo van a suplir? Con unas protagonistas que tienen mucho que decir.
El elenco de la serie estuvo en la rueda de prensa de invierno de la Television Critics Association’s, y contaron un montón de cosas sobre el desarrollo de la serie. Ya habían contado antes que, bueno, todos pensaban en el equipo que Hillary iba a ganar las elecciones, lo que iba a dar una forma determinada a la serie, siempre pendiente de la actualidad política como ya estuviera The good wife, pero la victoria de Trump ha obligado a dar una vuelta a todo lo que habían pensado contar.
The good wife era una sátira sobre algunas mentes liberales, porque Chicago es una ciudad muy liberal. El nuevo show no es sólo anti-Trump, anti-Trump, anti-Trump. También busca contar cómo los liberales están reaccionando. La administración Trump va a darle forma al nuevo show. Todo va a cambiar. Algunos dicen que para mejor, otros que para peor.
La primera jornada de rodaje tuvo lugar el día de la victoria electoral republicana, y Christine Baranski, protagonista de la serie, habla del ambiente que había en el set.
Estábamos en caída libre. Lo interesante es que tienes un personaje interesante que es en caída libre moral y práctica del mismo modo en que está el país ahora mismo.
La cadena presentó un nuevo trailer en el que pudimos ver también algo más de los personajes de Rose Leslie y Helene Yorke, quienes interpretan a Maia, socia del nuevo bufete de Diane Lockhart, y su novia.
https://youtu.be/Sv7BEXo0YjI
Su relación va a estar en el punto de mira desde prácticamente el primer episodio, ya que la familia de Maia va a tener un papel determinante en cómo se va a desarrollar la trama. Mira, no tenemos a Kalinda, pero tenemos una pareja croqueta en primer plano. El trato me parece fenomenal.
Como otra cosa no, pero las chorradas nos flipan, el año pasado nos dimos cuenta de que el 16 de enero es el Día internacional de la Croqueta. Y, ¿acaso hay mejor forma de celebrarlo que entregando un galardón? Por supuesto que no. En la pasada edición, el reconocimiento a Croqueta del año se lo llevó la blogger, y trendsetter, y muchas cosas más, Dulceida. Para este año, las candidatas son las siguientes:
Lauren Jauregui: La cantante de Fifth Harmony salió del armario como mujer bisexual, lo que la convierte en una de las más visibles a nivel internacional, además de, probablemente, la más conocida entre las jóvenes.
Sara Ramirez: Tras interpretar durante varios años a la doctora bisexual más conocida de la televisión, la propia Ramirez contó que ella, a su vez, también era una mujer orgullosamente bisexual.
Samira Wiley: La actriz lesbiana vive una de las relaciones más públicas de Hollywood, y su trabajo en la última temporada de Orange is the new black merece esta mención.
Ruby Rose: Amada y odiada a partes iguales, Ruby es un referente en visibilidad. Este año ha copado portadas por ser un icono de la moda y, sobre todo, por el videoclip de The Veronicas que ha compartido con su novia.
Mara Wilson: La actriz se convirtió en todo un simbolo al salir del armario con motivo de la victoria de Trump. Fue la primera de muchas.
Maria Such: La valenciana es la diputada más joven del congreso, y además una mujer orgullosamente visible.
Las chicas del beso anti-Trump: En una manifestación en contra del presidente electo, el fotógrafo Hennessy Vandheur captó esta imagen, que se ha convertido en todo un símbolo.
Kaitlyn Alexander: Kaitlyn se ha convertido en un referente de las personas no binarias a través de su trabajo en la webserie Carmilla, además del resto de proyectos que tiene en marcha.
Gema Hassen Bey: La atleta paralímpica fue la única famosa española en salir del armario en 2016.
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Un año después de su estreno, Carol, la película de Todd Haynes basada en el libro de Patricia Highsmith, sigue dando titulares y alegrías a propios y fans. Tras haber recibido más de 250 nominaciones y haberse alzado con 70 victorias, ahora hay que sumar una más a la lista. Y es que la Unión de Críticos de Cine de Bélgica la ha alzado a la primera posición de su ranking de lo mejor de 2016.
Dejando atrás a otras cintas de gran calidad como Paterson, de Jim Jarmush, Hell or High Water, de David Mackenzie, Frantz, de Francis Ozon y Truman, de Cesc Gay, Carol ha superado siete rondas antes de ganar.
Podéis consultar la lista de éxitos de la cinta en este enlace. ¿Estamos ante la película de temática LGBT más premiada de la historia? Brokeback mountain recibió 85 premios de sus 137 nominaciones, y Milk fue nominada a 137 premios, de los que ganó 59. Carol, pues, no va a superar a la cinta de Ang Lee, pero sí se convierte en la cinta de temática lésbica con más galardones. Yay!
La semana pasada os contábamos que Ellen había cancelado la entrevista con la cantante Kim Burrell tras hacerse público (y viral) un video en el que la intérprete de gospel no tenía reparos en contarle a su congregación lo mucho que le disgustaban los homosexuales y lo pecadores que éramos. Burrell iba a acudir a The Ellen show para promocionar la película Hidden figures, en cuya banda sonora aparece junto a Pharrell. Éste último acudió ayer a su cita, y Ellen aprovechó para poner en contexto todo este asunto.
Tenemos que hablar de esto antes de seguir… se suponía que ibas a actuar con una canción diferente, y se suponía que lo ibas a hacer con Kim Burrell. Ella hizo unas declaraciones y dijo cosas no muy agradables sobre los homosexuales, así que sentí que no era bueno para mi tenerla en mi show y darle una plataforma después de que ella dijera cosas sobre mi. Como alguien que ha recibido mucho odio y prejuicios y discriminación por quién he escogido amar, no entiendo a nadie que ha experimentado esa clase de opresión. Sólo me provoca más compasión, yo quiero a todo el mundo y no quiero que nadie se sienta herido por ser diferente.
Pharrell le dio la razón:
No hay sitio para esa clase de prejuicio en 2017. Todos tenemos que acostumbrarnos a las diferencias de todos, y entender que es un gran, gigante, bonito y colorido mundo, y que sólo funciona con inclusión y empatía.
Tras una sequía de un año sin Doctor Who, hace poco pudimos disfrutar del especial de Navidad y, en nada ya, de la nueva temporada, que será la décima de la serie desde su regreso en 2005 y la última de Steven Moffat.
Puede que no conozcáis a Steven Moffat, showrunner multipremiado y aclamado de Doctor Who y Sherlcok, o puede que sí, pero lo dudo, porque como dice él, en lo único en que invertimos el tiempo es en buscar marido (algo que fijo, fijo estáis buscando todas fuertecito), y claro, no tenemos tiempo para invertir viendo series de televisión. Pero que oye, igual os suena. Si además sois bisexuales, con total seguridad no os diga nada el nombre, ni las series a cargo de las que está, estáis tan ocupados pasándooslo bien, que a ver de dónde sacáis cuarenta minutos para ver un capítulo aunque sea.
Dentro de su larga lista de éxitos al frente de dos de las más exitosas series de la televisión actual, cuenta en su currículum con haber hecho a Irene Adler, la mujer que derrotó a Sherlock Holmes en el universo de Conan Doyle, croqueta. Otra cosa que también hizo fue hacerla olvidadiza, porque como esto del lesbianismo debe de ser sólo una fase que se nos pasará cuando encontremos al hombre adecuado (spoiler: no), a Irene, que nos había dicho textualmente que era lesbiana, se le olvidó cuando vio a Sherlock Holmes, de quien se enamoró cual colegiada quinceañera. Moffat, al menos la próxima vez acuerdate que también puede ser bisexual, y que no pasa nada. Sobre la sexualidad del detective, por cierto, no es asexual, porque es no sería nada divertido, y olvidaos de que lo suyo y John pueda funcionar, eso sería sexualizar su relación de manera raruna y Moffat no está por la labor.
La película protagonizada por Ryan Goslin y Emma Stone arrasó ayer noche en la ceremonia de los premios de la Asociación de la prensa extranjera, los Globos de oro. Siete nominaciones se convirtieron en siete estatuillas, entre ellas Mejor actriz para Emma Stone, coronándose así como la cinta más premiada de la historia de estos premios, sobrepasando los seis galardones de Alguien voló sobre el nido del cuco y Expreso de medianoche.
La mejor película de drama fue Moonlight, de Barry Kenkins. Casey Affleck se llevó mejor actor de drama por Manchester by the sea, y la sorpresa de la noche vino de manos de Isabelle Huppert, que contra (casi) todo pronóstico le arrebató su estatuilla a Natalie Portman gracias a su trabajo en Elle.
La ceremonia, con un Jimmy Fallon lento y sin chispa, estuvo marcadísima por los acontecimientos políticos que está viviendo, en presente, Estados Unidos. Por un lado, las reivindicaciones de la comunidad negra. Por otro, la nueva presidencia. Moonlight está dirigia e interpretada por un elenco negro. Atlanta, ganadora de mejor comedia de televisión, también. The People v. O.J. Simpson: American Crime Story, que se alzó con el premio a mejor serie limitada, habla sobre las tensiones raciales en los Estados Unidos de los 90. Y la mejor actriz de comedia en televisión, Tracee Ellis Ross, ha visto su trabajo en la comedia negra Black-ish recompensado, por encima de una Julia Louis Dreyfus que, por una vez, no se lo ha llevado.
La visibilidad LGBT no ha estado para echar cohetes este año, seamos sinceras. En la alfombra roja hemos podido ver a una Evan Rachel Wood, nominada a Mejor actriz de drama en tv (premio que se llevó Claire Foy por The Crown), con un smoking de Altuzarra que ha sido de lo más comentado de la gala.
Esta es mi tercera nominación y he estado seis veces en los Globos de Oro. He llevado vestidos siempre, y amo los vestidos. No estoy tratando de protestar en contra de ellos, pero quiero asegurarme de que las chicas y las mujeres jóvenes sepan que no es una obligación
Sarah Paulson estuvo acompañada no por su novia, Holland Taylor, sino por su mejor amiga, Amanda Peet.
Paulson, una vez más, se llevó a casa el premio a Mejor interpretación en una serie limitada, por dar vida en la pantalla a la fiscal Marcia Clark en American Crime. Este papel le está reportando tantas satisfacciones como a nosotras, vemos.
Pero si por algo serán recordados estos Globos de Oro, estoy casi segura de que no será por ninguno de los premios, sino por el discurso que Meryl Streep dio al recoger su premio a toda una carrera, el premio Cecil B. Demille. La actriz, nominada 29 veces a los Globos, habló sobre la actuación que más le conmocionó en los últimos tiempos, una que no fue en la pantalla. Habló de cuando el presidente electo de EEUU se burló de un reportero con una discapacidad mientras los asistentes a su mitin le reían la gracia.
Todos los que estamos en esta sala pertenecemos a dos de los sectores más vilipendiados, extranjeros y prensa (…) El único trabajo de un actor es sacar a la luz la vida de personas diferentes (…) Si expulsan a los extranjeros solo veremos fútbol y artes marciales. La falta de respeto provocará más falta de respeto. La violencia invita a la violencia.
La persona que pidió sentarse en el asiento más respetado de nuestro país imitó a un reportero discapacitado, alguien a quien supera en privilegios, poder y la capacidad de defenderse. Me rompió el corazón ver aquello y aún no me lo puedo sacar de la cabeza, porque no era una película, sino la vida real. Este instinto por humillar a alguien en público, por un poderoso, se filtra en la vida de todos, porque de alguna manera da permiso a otra gente a hacer lo mismo (…) Cuando los poderosos usan su posición para abusar de otros, todos perdemos.
El momento más emotivo de la gala fue, como no podía ser de otro modo, el homenaje a Carrie Fisher y Debbie Reynolds. Muy, muy corto. Demasiado corto. Pero necesario.
Y aunque Stranger Things no se llevó nada… ¡la gala nos devolvió a Barb!