Buenas a todas y a todos, por si hay algún rezagado. Hoy os vengo a contar cómo ayer un monólogo me hizo reír, reflexionar y casi llorar. Como podéis intuir por el título, hablo de Nanette, nombre del monólogo que la comediante chef y lesbiana le dio a su relato.

Para empezar, debo decir que Hannah Gadsby se ríe de sí misma. Esa es la base de su humor y debería ser la base del humor de todo el mundo: reírse de uno mismo. Se ríe de su condición como mujer lesbiana y como mujer que no sigue los roles de género. Hasta ahí yo me sentía conectada con ella porque estamos, salvando las distancias, en la misma situación.
Al principio del monólogo, todo son risas. Yo diría que, en parte, es gracias a su vis cómica. Según avanza su relato, el contenido se vuelve más oscuro. Se vuelve una crítica hacia la homofobia, la brecha salarial («No soy un hombre. Si lo fuera, me pagarían más») y el machismo en la sociedad. Arremete contra Trump. Se posiciona a favor de Monica Lewinsky.
También, se sirve del arte (como historiadora de arte) y de Picasso para hacernos una metáfora muy bonita. Dice que Picasso decidió que los cuadros debían mostrar todas las perspectivas, pero que Picasso cometió el error de querer representarlas todas. En la vida, deberíamos mirarlo todo desde distintas perspectivas y dejar a cada una que cuente la perspectiva que le toca. Es decir, deberíamos dejar a un lado el individualismo y unirnos entre nosotras.

A mí me emocionó concretamente cuando dejó de hacer comedia sobre el minuto 45 y cuenta su historia: la historia de abusos sexuales y de cuando le dieron una paliza por ser lesbiana. Ahí se me llenaron los ojos de lágrimas. Me parece muy emotivo ver cómo alguien que ha sufrido tanto ha hecho de tripas corazón y comparte con nosotras su historia, en ocasiones a través de chistes, para que no se pierda ni quede en el olvido. No quiere que chicas que hayan pasado por lo que ella se sientan solas, porque todas necesitamos algo o alguien que nos conecte.
Parar cerrar este artículo, os dejo con la frase que más me gustó de su monólogo y que algún día me tatuaré.
there is nothing stronger than a broken woman who has rebuilt herself












Hace como un par de semanas comencé a ver Skins. La serie inglesa tiene como diez años, quizá alguno más, y aunque la llevaba casi al día en su momento, cuando la volvía ver no era capaz de recordar los detalles. La verdad es que me lo he pasado bastante bien con la primera generación: Tony es uno de los personajes más perversos de la historia de la televisión, y en general la serie tiene ritmo y las suficientes extravagancias para que me guste más que Física o química, que ya es decir.
La historia de Emily y Naomi, pese a todo, es una de las relaciones entre dos chicas mejor contadas de la televisión. Y lo es porque es realista, y porque todas podemos ser en algún momento de nuestra vida cualquiera de las dos. Cabe la posibilidad de apostar todo a alguien, y que esa otra persona no lo tenga claro. Se puede sentir tanto rencor como amor, y que este último no sea suficiente para continuar, aunque se quiera. Alguien se puede sentir tan mal por algo que ha hecho como para que eso lo fracture todo. Y, por supuesto, se puede ser feliz como Naomi y Emily en el río. Todo cabe.
Y ahí estaba yo, tan a gusto con la segunda generación, que ayer decidí saltarme la tercera y ver los episodios finales, esos que idearon a modo de cierre de la serie. El caso es que conforme iba viendo a Effy vender acciones, todo me iba sonando más. Sí, es verdad, vivía con Naomi en Londres. Ah, vale, Emily estaba en Nueva York, me acuerdo. «Me tienes que acompañar al médico».


Pues nada, esperaremos todas. A ver qué ponen ahora en la placa.
Este impulso legal tiene un nombre propio detrás: Mariela Castro, hija de Raúl Castro y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Durante los últimos años se ha encargado personalmente, a base de propuestas y de gestos más simbólicos pero no por ello menos importantes, como aparecer encabezando la marcha del Orgullo de La Habana este mismo año, de que la comunidad LGBT encuentre aceptación e igualdad en la isla. Cuba es el único país del mundo que cuenta con bares de ambiente estatales, administrados por el mismo Estado.
Por supuesto, y como viene siendo habitual, la principal voz en contra del matrimonio igualitario es la iglesia. El arzobispo de Santiago y presidente de la Conferencia de Obispos de Cuba, Dionisio García, ha cargado contra esta modificación de la Constitución, apelando a que es 
