
El cortometraje, dirigido por Peter Lindbergh y Stephen Kidd, se complementa con una sesión de fotos que podéis ver íntegra aquí. Nos encantan las modelos croquetas, no lo podemos evitar.
Vía: W

El cortometraje, dirigido por Peter Lindbergh y Stephen Kidd, se complementa con una sesión de fotos que podéis ver íntegra aquí. Nos encantan las modelos croquetas, no lo podemos evitar.
Vía: W

Katie Mathewson es una estadounidense de 26 años que no había salido del armario en casa, y mucho menos con su abuela de origen coreano. Ella pensaba que su tradicional familia no iba a aceptar a su novia. Pero claro, cuando tu novia te pide matrimonio, tienes que gritarlo a los cuatro vientos, y por supuesto contarlo en casa, aunque como ella misma dice, no tengas una relación muy estrecha con ellos, y ellos permanezcan en su burbuja heterosexual y fantasiosa.
Katie les mandó una carta diciendo que estaba comprometida con una mujer, y que nunca en su vida se había sentido más feliz, más segura y más enamorada en toda su vida. Cual fue su sorpresa cuando, al cabo de unas semanas, recibió una carta de su abuela, una carta llena de amor y buenos deseos.
Querida Katie:
Gracias por compartir tus buenas noticias con nosotros. La cosa más importante es tu felicidad con Mackenzie para el resto de tu vida. El resto del mundo seguirá las ideas con el tiempo, y es su problema. Sé comprensiva con los que no lo son.
He estado buscando tarjetas de compromiso para ti pero no tuve éxito. Lo siento.
Tu abuelo y yo nos estamos haciendo mayores. El humor cambio, y los dolores están ahí, aunque algunos días todavía nos sentimos con energía y preparados para cualquier cosa. Así que veremos para el 28 de agosto de 2016. Queda mucho todavía.
Te mandamos nuestras felicitaciones y nuestras bendiciones y que seas feliz. Y sobre todo, no importa lo que venga, nosotros te queremos mucho.
Katie ha compartido la carta en internet para que todo el mundo pueda verla. A nosotras nos ha alegrado el día.
Vía: Buzzfeed






Pero, ¿es suficiente el interés de ver a Angela Basset y a Lady Gaga enrollándose salvajemente, y la venganza posterior de Ramona para enganchar a la audiencia?
No. La serie de FX pierde espectadores semana tras semana, como si a una piscina le hubieran quitado el tapón. El último episodio sólo fue visto por 3.2 millones, perdiendo, ojo al dato, 2.6 millones con respecto al estreno de temporada, y con peores cifras generales que Freak Show. Mal asunto.
Si bien la relación de Ramona y La Condesa parece ser la única que muestra unos mínimos sentimientos más allá de la pasión, la lujuria y el cortar cuellos para beber la sangre de los incautos, la aparición ahora, justo ahora, del personaje de Angela Basset se antoja absurdo y sin mucho sentido. Aunque, bueno, estamos intentando encontrar algo de sentido en algo que parece salido de una coctelera, y que cada episodio que pasa es más y más inconexo, porque no se paran de introducir personajes que no terminan de encajar en las tramas, unas tramas que, en fin, vamos a ser suaves y vamos a decir que nos interesa más ver crecer a un geranio.
Pese a todo, si obviamos el motivo y el tiempo de la venganza, Ramona se antoja un personaje interesante, fuerte, y el único capaz de despertar un mínimo interés en el numerosísimo reparto, por ser el único que parece capaz de hacerle una mínima sombra a Lady Gaga, que por obra y gracia de Murphy se come la escena. Habrían hecho bien en llamarlo (y creo que no me equivoco si creo que ya lo han promocionado alguna vez de este modo) American Horror Story: Lady Gaga.
No cancelarán la serie porque viene de mano de quien viene, pero Murphy haría bien en moderar los ejercicios de estilo, y quizá, sólo quizá, encontrar un hilo interesante del que tirar.
Somos una familia. Nuestra unión es fruto del amor. Voy a quedarme embarazada y estamos preparándonos para eso, incluso financieramente. La legalización es una manera de que el bebé y ninguna de nosotras se quede desamparada. Queremos disfrutar de los derechos que todo el mundo tiene, como la licencia de maternidad

Estas son las declaraciones de una empresaria brasileña de 34 años que acaba de oficializar ante notario su relación con otras dos mujeres en el país carioca. Como informa El País, las reconoce como familia, establece la separación de bienes y da potestad a cada una de ellas para decidir sobre posibles cuestiones médicas de sus cónyuges. Brasil reconoce el matrimonio igualitario desde 2013, y aunque esta es la primera vez que tres mujeres manifiestan su intención de casarse, no es la primera vez que un matrimonio poliafectivo se celebra en este país: Anteriormente uno compuesto de dos mujeres y un hombre se celebró ante notario.
Por supuesto, como era de esperar, las voces en contra no han tardado en alzarse, esgrimiendo que la Constitución brasileña establece la figura legal del matrimonio entre dos personas, no más. Así, pues, no sabemos bien qué validez tendrá esta ceremonia a tres bandas, aunque bien es verdad que el debate sobre el poliamor y su reconocimiento administrativo está cobrando más relevancia no sólo en latinoamérica, sino en todo el mundo. Como prueba de ello, la inclusión en tramas de ficciones televisivas como Avenida Brasil o Las Aparicio. Las relaciones poliafectivas han venido para quedarse.
Vía: El País
Ayer noche se celebró la gala de los VMAs, esos premios que otorga MTV y que, mal que nos pese, han ido perdiendo lustre con el paso de los años, sobre todo desde que ya no los promociona la incomensurable Sara Montiel. Dediquemos unos minutos a recordarla.
https://www.youtube.com/watch?v=4a6dK9LKDjY
Qué grande Saritísima.
En la edición de este año, que tuvo lugar en Milán, los presentadores fueron Ed Sheeran y Ruby Rose, una chica que a lo mejor os suena porque alguna vez la hemos nombrado aquí. Alguna vez, muy pocas, una o dos. ¿No? Es esta:
La australiana estaba ayer especialmente guapa. Bueno, o eso nos parece, ¿no creeis?.
En muchas ocasiones Ruby ha declarado que no siente que encaje en ningún género. Buzzfeed rescata sus declaraciones para Elle, en la que lo explicaba perfectamente claro:
Ser genderfluid no es realmente sentir que estás al borde de un espectro con el otro. En la mayor parte no me identifico con ningún género. No soy un chico. No me siento como una mujer, aunque obviamente nací mujer. Así que estoy en alguna parte del centro, que, en mi imaginación, es como tener lo mejor de los dos sexos
Y ayer, nada más comenzar su participación en los MTV EMAs, hizo consciente al mundo entero (o, al menos, al que estaba viendo la gala en ese momento) de que hay realidades más allá de binomio hombre-mujer:
Ladies and gentleman and everyone in between
Señoras y caballeros y todo el mundo enmedio
Para muchos este comentario habrá pasado desapercibido, pero es un hito en la visibilidad genderfluid. Bien por Ruby.

El punto principal para entender que Scream Queens sea tan adictiva es lo poquísimo en serio que se toma a si misma. ¿Que hay que matar a unos cuantos protagonistas? Pues se matan, claro, y cuanto más ridícula sea su muerte, mejor. ¿Que los personajes son clichés? Lo son, pero al cubo. Emma Roberts está estupenda como Chanel Oberyn, exactamente el mismo papel que tuvo en Coven, pero pasadísimo de vueltas. La Chanel #3 es la más excéntrica entre las excéntricas, la bloguera de velas es un WTF continuo, y la lesbiana asiática es un estereotipo con patas, que además no deja escapar ninguna oportunidad de proclamar su orientación sexual, como cuando dice que su película favorita es, claro, La vida de Adèle.

La serie es un absurdo. Si intentáramos encuadrarla en un género, tendría que ser el del mamarrachisimo más absoluto, porque ni es de terror, ni es de fraternidades, ni es adolescente. O sí, pero todo junto y sin ningún orden. ¿Trascendencia en un futuro? Ninguna. En cuanto acabe nadie se acordará de Scream Queens. ¿De culto? Totalmente. Es la típica serie para ver móvil en mano, comentando los puntos completamente absurdos que, como una metralleta, van apareciendo en pantalla. Mención especial a los cold openings, con Chanel explicando en qué consiste su Chanel-o-ween, y al que nos presenta a la nueva mascota del instituto. Oro.
Inexplicablemente, y pese a que la cadena apostó muy muy fuerte por ella, las audiencias no están siendo todo lo altas que sería deseable. De hecho, cada semana bajan un poquito más. Pero Ryan Murphy, en un evento para fans que tuvo lugar este fin de semana, dejó caer que su renovación para una segunda temporada era algo que daba por hecho.
He lanzado a FOX la segunda temporada, a todo el mundo el mundo le ha encantado la idea, que consiste en tres o cuatro de los protagonistas sobrevivan. EN el último episodio la máscara de Red Devil cae, y descubrimos quién era, y por qué lo hizo, y entonces la historia ya estará. No volveremos a ella. En la segunda temporada los supervivientes se van a un sitio nuevo, un sitio nuevo terrorífico, y tendrán que luchar con un nuevo asesino, un nuevo villano, una nueva amenaza.
Así, pues, la segunda temporada, de la que no hay confirmación de la cadena, así que ya veremos, será una continuación de la primera, y no una antología como se había rumoreado. Murphy, por su parte, ya está buscando el cast para la segunda temporada. Ha asegurado que su nueva mejor amiga Lady Gaga estaría encantada de participar, y ha confirmado un fichaje sorprendente.
Es un cantante. Una gran estrella del pop. No puedo decir más o me matará. Es un chico.
Vía: Nerdcoremovement
Allá por el mes de febrero os hablaba de Life is Strange, el videojuego narrativo de Dontnod con viajes en el tiempo. Pero si estáis aquí creo que no hace falta presentarlo otra vez.
Con «Polarizada», el juego llega a su final y deja un regusto algo amargo en muchas de las que hemos ido jugando episodio tras episodio. No voy a hacer una resumen completo del mismo, creo que lo mejor es jugarlo o, en su defecto, mirar uno de los muchos vídeos que hay en youtube. Bajo este cartel rojo tan bonito, me voy a dedicar más bien a señalar lo que más me ha gustado, lo que no, y las posibles intenciones de los guionistas.

Hasta el quinto capítulo habían logrado distraernos del asunto ese del tornado con varios misterios y saltos espaciotemporales. Pero el tema de las desapariciones y el asesinato de Rachel Amber se soluciona con relativa rapidez en este episodio y me atrevería a decir que pasa a ser algo anecdótico. Se genera tensión cada vez que acabamos en la «habitación oscura», sí, pero la historia no tarda en volver a poner el foco en la relación entre las dos protagonistas, nuestras elecciones y sus consecuencias.
Así llegamos a una de mis partes favoritas de Polarized, la secuencia onírica. En ella se entremezclan las diferentes realidades y accedemos a la psique de Max para darnos un paseo por varios de los miedos, inquietudes y recuerdos de la protagonista. Es curioso como los centrados alrededor de Chloe suman al miedo de Max a «no ser aceptada o ser infravalorada por su amiga» una carga sexual importante. Es como si nos estuvieran diciendo que si hemos querido tirar hacia el romance con las dos chicas, no nos hemos equivocado. El detalle, pese a que opino que podrían haber orientado mejor, me gustó. Y la verdad es que te acabas riendo con el desfile de parejas alternativas para Chloe.

No hay mucho más que destacar hasta que llegamos al final. Ya sabemos que en Life is Strange lo que prima es la toma de decisiones, desde la más banal, como tomarte unas tortitas, a encrucijadas de las que dependerá la vida de varios personajes y, en teoría, el transcurso y desenlace del juego. Y digo en teoría porque la realidad es que, hagas lo que hagas y al más puro estilo Mass Effect, tus opciones finales son limitadas. Tan limitadas, que sólo tienes dos, formuladas de la peor forma posible: sacrificar a Chloe o sacrificar Arcadia Bay.
Quizá lo más interesante es poder darle la vuelta a tu partida. Me explico. Si has jugado como una paladina de brillante armadura salvando a todos los arcadianos que te salían al paso (mi caso), la opción lógica sería aceptar el sacrificio de Chloe y salvar el pueblo. Pero esta última dicotomía permite que aunque hayas pasado tres kilos de todos (no te culpo), aún puedas «hacer lo correcto» y llegar a lo que parece el final canónico para los de Dontnod: el gran poder conlleva una gran responsabilidad, el destino es inevitable y bla, bla, bla. Entre canción indie melancólica número veintitrés.

O puedes hacer como yo y mandar el pueblo al carajo. Os diría que me jode, hablando en plata, haber dejado que el tornado arrase Arcadia Bay después de cuatro capítulos y medio dejándome la piel por salvar a cada habitante del maldito pueblo… pero mentiría. Podéis llamarme desalmada pero a la hora de la verdad, el único personaje al que quería salvar era ella. Son cinco capítulos de recuperar la amistad con Chloe, rechazar al pesado de Warren, tontear con Chloe, volver a rechazar a Warren, besar a Chloe, salvarle la vida a Chloe (más veces que besarla me temo). Como para matarla al final.

Hay otras dos razones que para mí justifican salvar a Chloe: una, es fascinante que en una última vuelta de tuerca puedas hacer a Max egoísta justo cuando su amiga punk decide ser altruista; y dos, está abierto al debate si es justo hacer responsable a Max de todo el fenómeno meteorológico por usar unos poderes que llegan de la nada. Además, ya se encarga Dontnod de castigarnos dejándonos sin beso final, aunque sea uno culpable. No deja de ser curioso que después de molestarse tanto en desarrollar la amistad y virar poco a poco hacia el romance, decidan darnos una «lección de humildad».
En conclusión, a pesar de que el desenlace es algo tramposo, de que ningún final es completamente satisfactorio y de que el juego sufre altibajos, considero que el viaje merece la pena. Nos involucramos en la aventura de Max y Chloe, sufrimos, reímos, nos exasperamos recogiendo botellas y nos quedamos con una nueva pareja lésbica para la historia de los videojuegos. Son buenas razones para coger el mando.
Una de las últimas parejas en ocupar nuestro croqueta corazón. Las fans de esta pareja tienen el corazón en un puño con la vuelta de la serie. ¿Qué pasará?

Hace un par de fines de semana me atreví a salir ahí fuera, es decir, a socializar con amigos que a priori encajan en los cánones sociales del patriarcado, y me topé con dos realidades de índole opuesta.
Primero llegó el jarrón de agua fría cuando una amiga me dijo que quería encontrar a su “príncipe azul”. Quizá penséis que soy una exagerada, que lo que en el fondo ella quería expresar era que ansía encontrar a un hombre cariñoso, que la valore y que respete sus deseos e intereses. Y seguro que pretendía decir eso. Pero yo me quedé con las ganas de replicarle que los príncipes azules no existen, que debe ser ella quien se salve a sí misma, que ella ha demostrado una fuerza y entereza que pocas personas, sean del sexo que sean, podrían tener. Y me podríais decir: ¿por qué callaste? Mi excusa es que nos quedaba apenas un minuto para despedirnos antes de que yo me bajara del tren y en ese lapso de tiempo no me veía capaz de abordar el tema. Sin embargo, en mi conciencia se remueve inquieta la sensación de que, aun disponiendo de más tiempo, quizá tampoco habría hablado porque no me habría visto capaz de conseguir que fuera ella la que se bajara del tren de los hombres salvadores, poderosos, que nos protegen a la vez que —irremediablemente— nos limitan.

Por suerte, y admito que para mi sorpresa, al día siguiente fui testigo de la existencia de futuras mujeres “distintas”, de esas que no quieren ser princesas y que renuevan mi esperanza de que algún día podremos quitarnos los corsés del género que tanto nos aprietan. Las hijas de una amiga, menores de seis años, jugaban con cochecitos y a dar brincos, a subirse a la moto o al caballito e incluso recuerdo que, en otra ocasión, una de ellas blandía una espada. Mientras, el hijo de otra amiga se ponía una diadema (que también las había) y, aunque me pareció percibir alguna mirada incómoda, nadie se opuso a que se vistiera de esa forma (excepto la benjamina, claro, que echó a llorar para recuperar su diadema).
Reconozco que yo siempre he sido más de salvar que de ser salvada; pero, si me tuviera que salvar alguien, quiero que lo haga una princesa azul. Si aún no podemos acabar con el concepto medieval y feudal de hombre galante, caballeroso y protector, desterremos como mínimo la idea también medieval de la mujer como un ser bello y frágil que necesita protección.
Las mujeres también somos fuertes, psicológica y físicamente, también podemos erigirnos en salvadoras… y en líderes. Tal vez todo pase por el gesto aparentemente inocuo pero decisivo y francamente difícil de, ya desde la más tierna infancia, dejar elegir: permitir que niños y niñas tengan juguetes de todo tipo, permitir que escojan otros colores más allá del azul y el rosa. Esa es la primera piedra (que deben poner padres, marcas comerciales, agencias publicitarias) para construir el castillo republicano en que, por fin, vivamos felices y comamos perdices y destronemos a los príncipes y princesas de cualquier color.