Pornhub, uno de los mayores portales de porno del mundo, hace publicas al final de cada año una serie de informes sobre el comportamiento de sus visitantes alrededor del mundo, esto es, qué categorías prefieren las personas que ven videos en su plataforma. Un año más, «lesbiana» es la categoría más buscada alrededor del globo.


Las mujeres buscan un 151% más videos porno de lesbianas que los hombres. Me atrevo a aventurar, sin ser yo psicóloga, que tiene algo que ver con no ser un mero sujeto pasivo, algo que sí me da la sensación que sucede en el porno heterosexual, confeccionado para hombres heterosexuales. Pero no quiero hablar de eso hoy, sino de un asunto que me crea cierta preocupación, y es el que atañe a la visión de las lesbianas como objetos hipersexualizados y mostrados únicamente para el disfrute erótico.
Las mujeres, como sujetos, estamos sometidas a un escrutinio y unas exigencias sociales de ser permanentemente deseables que, afortunadamente, se están diluyendo en la medida en que la sociedad está tomando conciencia del machismo imperante. Pero surge un problema cuando a las lesbianas solamente se nos identifica como objetos de placer, que existimos en la medida en que somos útiles para despertar la líbido del espectador (o espectadora), negando que seamos individuos, y desterrando nuestra identidad al dormitorio y nada más.
Veréis, hace unos meses salió la noticia de que Epi y Blas eran novios, y eso nos dio la excusa para hablar de que lo LGBT, las personas LGBT, se veían como algo «no apto para niños» porque se nos relacionaba eminentemente con el sexo, y sacar a relucir nuestra orientación sexual o identidad de género fuera de nuestras casas era, básicamente, hacer alarde de algo que pertenecía a nuestra intimidad.
Pues esto es lo que nos encontramos prácticamente a diario en todos los buzones que tenemos disponibles (facebook, mail, etc). La sexualización de las mujeres lesbianas y bisexuales es INSOPORTABLE. pic.twitter.com/BxerztbykE
— Hay1LesbianaEnMiSopa (@HULEMS) August 22, 2018
En nuestra cuenta de Twitter hemos hablado a veces de cómo nos retiran publicidad porque nuestra web «tiene contenido sexual», de las veces que nos piden porno por mensaje directo, dando a entender que como somos lesbianas y bisexuales estamos permanentemente en ropa interior jugando con nuestras amigas a darnos con la almohada, y de que la mayoría de anuncios que nos piden tienen que ver con sexshops.
El sexo forma parte de nuestras vidas, pero ni en mayor ni en menor medida que lo hace en la vida de cualquier persona que no sea LGBT. Cuando un hombre y una mujer se dan la mano en la calle no están haciendo algo moralmente reprobable que puede afectar a lo que piensen nuestros hijos. ¿Por qué nosotros y nosotras si? En el caso de las mujeres, porque estamos hipersexualizadas. Y el porno tiene muchísimo que ver.
No trato de hacer un alegato antiporno, porque no me corresponde en absoluto ni lo siento así, pero me da la sensación de que se nos permite existir solamente como una fantasía, algo irreal, algo que sólo tiene cabida en internet, para disfrute personal en nuestra habitación. Fuera de ahí, no somos más que una ostentación, y algo que sólo se reduce a mi orientación sexual y lo que haga con ella. No soy médico, escritora, divertida o amiga de mis amigas. Soy lesbiana. Y ya. Y eso me cabrea muchísimo.
¿A dónde quiero llegar? Yo qué sé. Quizá este texto es sólo producto de un cabreo mal llevado, pero sí creo que este es un tema del que tenemos que tomar consciencia y hablarlo. Me interesa muchísimo más esto que encendidos (y absurdos, y ofensivos) debates sobre quién está meando en el cubículo de al lado.

















Ha trabajado también con fotógrafos como Guy Aroch, Guy Lowndes, Harper Smith, Mark Seliger y Mark Squires. Su trabajo ha sido publicado por los medios más prestigiosos, como Vogue Russia, Interview y L’Uomo Vogue.
Masha tiene dos hijos: Rumi, de dos años, y Julian, de cinco. Según apuntaba TMZ, Demi y Masha se están ocupando juntas de la crianza de la pequeña, ya que las dos llevan juntas aproximadamente ese tiempo, dos años, aunque las dos mujeres se conocen al menos desde 2014, cuando coincidieron en una fiesta del fotógrafo Brian Bowen en West Hollywood.
Su búsqueda se convirtió en un asunto nacional. Por primera vez se emplearon aviones, alrededor de mil policías escudriñaron hasta el último centímetro de la isla, e incluso Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, se hizo con un guante de su colega para hacérselo llegar a una medium y comprobar si lo sobrenatural podía hacer aquello que de otro modo no estaba siendo posible.
La historia de su búsqueda llenaba los tabloides, y es que la realidad superaba a la ficción. Se encontró su coche, accidentado, cerca de un lago donde dos niños habían aparecido ahogados, y la nube del suicidio empezó a revolotear sobre el caso, pese a que nada podía haber hecho pensarlo: su sexta novela, The Murder of Roger Ackroyd, acababa de salir al mercado, y era, una vez más, un éxito. Por ello, algunos hablaban de táctica publicitaria.

Las protagonistas de esta miniserie serán Ruth Bradley (


Como una ola, la noticia de que 