Que el cine es sexista, no es algo que nos pille de nuevas. Lo tienen claro algunas de nuestras lectoras, indignadas por el tratamiento que se le da a las lesbianas en La Vida de Adèle, y lo tienen también claro las estadísticas a lo largo de la historia. Y es que los fríos números nunca mienten. Solo el 9% de las 250 películas más taquilleras del año pasado fueron dirigidas por mujeres. Y en 85 años, han sido cuatro las ocasiones en las que una mujer ha sido candidata al Oscar a la mejor dirección. ¿La única que lo ganó? Kathryn Bigelow, y para eso tuvimos que esperar hasta 2010.
Si nos vamos a otros certámenes, la cosa tampoco mejora. El de Cannes es ya tristemente conocido por lo que algunos catalogan de machismo, una muestra más de que, detrás de las cámaras, las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer. ¿Pero y delante? Pues un poco más de lo mismo. Estamos acostumbradas a ver a las mujeres en la alfombra roja. Ellas son, también, la novia del héroe, la madre, la amante, la mejor amiga… pero pocas veces (Los juegos del hambre no cuenta) son las absolutas protagonistas.
¿Deberíamos estar preocupadas? Probablemente. Sin embargo, ahora hay un sistema para detectar el sexismo en la pequeña y gran pantalla. Y es curioso porque procede de un cómic creado por una croqueta mundialmente conocida: Alison Bechdel. Lo que empezó siendo prácticamente una broma ha acabado convirtiéndose en todo un sistema para hacer más visibles las desigualdades de género. Denominado el Test Bechdel, el primer país en adoptarlo ha sido Suecia, en donde algunos cines de Estocolmo y la televisión por cable lo están aplicando para clasificar las películas.
¿En qué consiste el Test Bechdel? Fácil. Es una prueba muy simple cuyo origen se remonta a una novela gráfica de 1985, titulada The Rule, que se publicó en la serie de tebeos que llevaba por subtítulo Dykes to Watch Out For (Unas bollos de cuidado, en español). En él dos personajes están debatiendo qué película quieren ir a ver al cine, pero una de las protagonistas se niega a comprar una entrada para ninguna que no reúna estos tres requisitos:
1. En la película deben aparecer por lo menos dos mujeres y sus personajes han de tener nombre, no ser una aparición más.
2. Esas dos mujeres tienen que hablar entre ellas.
3. El tema de conversación no puede ser un hombre.
Si hacéis la prueba, os sorprenderá ver cómo casi ninguna película o serie cumple con estas tres simples normas. Incluso obras que hemos encumbrado a lo largo de los años, cojean cuando se les aplica el Test Bechdel. Por supuesto, como cabía esperar, ya han surgido voces críticas en Suecia, dado que muchos consideran esta maniobra como parte de una pensada campaña de márketing y también es cierto que muchas de las películas que sí cumplen los requisitos del test Bechdel no aportan absolutamente nada a la igualdad de géneros. No obstante, parece un buen paso para catalogar y denunciar una práctica tristemente común en el séptimo arte. En Internet incluso existe ya una base de datos llamada The Bechdel Test Movie List en la que aparece un listado de las películas que superan esta prueba con garantías.
En cuanto a algunos de los shows que todas seguimos y adoramos, estos son los resultados que nos han dado cuando les aplicamos el test creado por la novelista gráfica:
ORANGE IS THE NEW BLACK
No solo lo cumple, lo dinamita. Es una serie de mujeres, con protagonistas mujeres, que raramente hablan de hombres. Los personajes masculinos quedan en un segundo plano. Por cierto, a las españolas: os recordamos que hoy comienza a pasarse por Canal +
ORPHAN BLACK
Le damos también un pase. ¿Cuenta como dos personajes hablar con una misma? Habría que preguntárselo a Tatiana Maslany.
TIERRA DE LOBOS
La serie española cae en la trampa de que están hablando todo el día de los hombres de su vida. Las chicas viven un poco en un “ay, ay, ay, que nos pillan”, así que lo dejamos que juzguéis por vosotras mismas.
THE FOSTERS
Sobra decir que le damos el ok en los tres puntos. Hurra por las fosters moms!
LOST GIRL
Visto bueno a la serie de fantasía porque 1. Hay mujeres. 2. Tienen nombre. 3. Los hombres no son lo que les preocupa. Estas chicas hablan de cómo salvar el mundo y del equilibrio de fuerzas.
GLEE
A pesar de Ryan Murphy y de su más que evidente misoginia, la relación de Santana y Dani también cumple.
LAST TANGO IN HALIFAX
Suspenso. Solo aprobará cuando Caroline deje de estar tan preocupada por lo que hace su ex y se centre más en Kate.
MISTRESSES
La última de la fila. No os vamos a hacer spoilers, las que la hayáis visto, comprenderéis el porqué de su mala nota.
Ya veis que incluso las series en las que hay personajes croqueta, suspenden irremediablemente esta prueba. No obstante, también es cierto que si la aplicásemos a La Vida de Adèle, por ejemplo, la película de Kechiche aprobaría el test Bechdel, lo cual no implica que algunos la sigan considerando más sexista que un fin de semana en la mansión de Hugh Hefner. ¿Qué opinas sobre este sistema? ¿Estarías a favor de que el modelo se exportara y se aplicara en otros países?
La semana pasada os trajimos un artículo sobre la pareja lésbica que habían metido en ‘The Walking dead’, algo que fue tan rápido y con tan total ausencia de una presentación de los sentimientos por parte de cualquiera de las dos, que a algunas incluso nos costó darnos cuenta de que estaba ocurriendo de verdad y no era, una vez más, nuestra mente que ve cosas donde no las hay, que es lo que todas nuestras amigas hetero dicen que hacemos siempre. Sin frases, besos o caricias, de pronto Alisha y Tara compartían cama y todas nos quedamos con la boca abierta, pero alegres porque siempre es bueno que un show con tanta audiencia meta una pareja lésbica en nuestras casas cada semana y, aunque de momento no habíamos visto nada real entre ellas, estaba claro que eran pareja y esperábamos ver algo más en los siguientes episodios. Ilusas…
Voy a intentar no hacer un resumen de la historia de estas dos croquetas, porque con los pocos minutos de pantalla que han tenido, si lo resumo, esta entrada ya estaría terminada y la idea es que el blog se lee. En el episodio de la semana pasada, el 4×07, Tara llegó a un campamento junto con su hermana, su sobrina, y el Gobernador Tuerto, y en ese campamento fue donde conoció a Alisha, otra lesbiana (o bisexual, a saber, porque a la pobre apenas y la dejan hablar en la serie. Vamos, que le pusieron nombre porque de alguna forma había que llamarla en el rodaje) que formaba parte del ejercito, una tía dura a la que le gustaban las armas grandes y las mujeres de armas tomar. Tras una mirada entre ellas de esas que dicen “Sé que entiendes… Y yo también…” y como esto es un apocalipsis zombie y no hay que perder el tiempo porque hace ya como dos años que no se encuentran con otra mujer a la que le gusten las mujeres, pues no pierden el tiempo y las vemos compartiendo colchón bien apretadas. Y nosotras, aunque deseábamos algo de introducción, pues lo aceptamos porque pensábamos que después podríamos ver algo más. Repito de nuevo; ilusas.
Las ilusas esperando ver acción entre Tara y Alisha.
A ver, que todas sabíamos que esto era una serie de zombies, no somos tan idiotas, pero es que, tal y como reza el título, hemos tenido el ‘lesbiana feliz, lesbiana muerta’ más rápido de la historia de la televisión y, para tocarnos aún más la moral, ni un triste beso nos han dado. Vale que no es que hayan tenido mucho tiempo ellas, ¿pero acaso eso es culpa nuestra? No. Es de los malditos guionistas de la serie. Yo sé que la serie no va de eso, pero vamos, después de lo que nos hicieron con Michonne y Andrea, que había algo entre ellas tan claro que hasta los heteros se dieron cuenta, ahora esto. ¿Y qué es esto? Pues es nada, porque no hay otra forma de resumir la relación de estas dos.
Yo intuyendo cómo iba a terminar el episodio.
Para las que no seguís la serie (os aconsejo que no lo hagáis) aquí va un resumen de cómo ‘The Walking Dead’ se convierte en ‘Plants vs Zombies’ y, tal y como nos plantaron la pareja lésbica, nos la quitaron. Básicamente la gente intenta sobrevivir como sea, y eso incluye el tener una moral muy baja con respecto a otros seres humanos, tanto que cuando uno tiene un buen sitio en el cual guarecerse de los zombies, pues no lo quiere soltar ni loco. El grupo protagonista vive actualmente en una cárcel, y el malo de la temporada pasada, (un tuerto con muy mala leche y tantos trastornos mentales que los zombies no quieren hincarle el diente vaya a ser que lo suyo se puede trasmitir por ingestión de masa cerebral) que ha encontrado un nuevo grupo en el cual hay una niña que le recuerda a su hija muerta, convertida en zombie, y re-muerta de nuevo, quiere quitarle la cárcel a los protagonistas para proteger a su nueva familia. Y aunque ellos le ofrecen convivir todos juntos porque en la cárcel hay sitio para todos, él mata a uno de los suyos como señal de lo loco que está y se desata la guerra entre ambos bandos.
Yo cuando el Gobernador mata a Hershell.
Y es en ese fuego cruzado cuando nuestra amiga Alisha demuestra su valor y Tara demuestra que tiene algo de sentido común y corazón y que cree que no está bien matar a gente por una cárcel, sobre todo cuando ellos te han propuesto compartir el sitio. El shock de ver morir a Hershell en manos del Gobernador con una katana es tan fuerte para ella, que se queda sin poder hacer nada mientras intenta pensar en si está bien o no lo que está haciendo. Y es entonces cuando Alisha, que no sabe nada sobre el género slasher y las tres reglas de oro de las películas de miedo, decide decirle a Tara algo que nunca se debe decir en ese tipo de situaciones.
¿Recordáis las tres reglas de las películas de terror? En Scream las nombran y siempre es bueno tenerlo en cuenta.
1- No se pueden tener relaciones sexuales, ya que las personas vírgenes pueden ser más astutas que el asesino al final.
2- No se debe beber o consumir drogas, ya que como regla #1, son pecados.
3- Nunca diga “enseguida vuelvo“.
Y si nos basamos en eso, y tal y como Randy dice en Scream los pecados son puntos para morir, y Alisha tenía muchos puntos. Pero a pesar de eso, aunque esperaba que muriera, esperaba algo más que lo que nos han dado. ¿Por qué? Llámame ingenua, o lo que quieras, pero es que la forma en la que se la han quitado de encima… O sea, he tenido que pausar la serie para poder reírme.
¿Ridículo, verdad? Decidme que sí os parece de lo más ridículo y algo así como una broma de mal gusto, porque no puedo ser la única que piense eso. A ver, que realmente yo iba con el otro bando, y al final Alisha realmente como que me daba algo de igual; total, ni se han molestado en hacer que el personaje llegara a gustarme un poco. ¡No ha dado tiempo! Ni el personaje ni la pareja en sí misma, porque ha sido todo tan de pasada y tan superficial, que ni nos ha dolido. Aún así, en cuanto más lo pienso, más me cabreo. O sea, una puta pareja lésbica que nos ponen en la serie, ni un beso o un ‘te quiero’ y nos matan a una… Es que es para cabrearse. Porque, ¿para qué traerla entonces? ¿Para qué molestarse en hacer un personaje lésbico y presentarlo como tal, luego meter a otra, crear una relación y venderla sin habernos dado tiempo siquiera a digerir que una era lesbiana? Yo no lo entiendo… Y me indigna y me cabrea.
Yo pensando en la muerte de Alisha.
Para hacer esto, sinceramente, que no la hubieran traído. Sé que es una serie de zombies y que muere mucha gente siempre, pero en serio que no entiendo para qué se han molestado en traer y meternos con un embudo una pareja lésbica, para esto. Y bueno, ahora hay un parón de la serie hasta febrero, así que nos dará tiempo a las que aún seguimos viendo la serie y cada día nos vamos preguntando más y más cuál es el motivo por el cual lo hacemos, sin encontrarlo, podemos plantearnos de verdad si vale la pena perder una hora de nuestras vidas cada semana en ver este show. Yo, de momento, sólo diré dos cosas.
Hace nada os hablábamos de los vaivenes que están sufriendo nuestras lobas en un post que nos llevó a plantearnos una duda: ¿Es realmente posible un final feliz para Cristina e Isabel? Esta es una pregunta que todas nos hemos hecho y ahora que estamos por lo menos a mitad de la última temporada de la serie (lo desconocemos porque seguimos sin saber cuántos episodios tendrá), parece un buen momento como otro cualquiera para echar el freno y analizar los posibles finales que pueda tener esta pareja.
“Tranquila, mujer, que va a salir todo bien”.
De entrada, lamento deciros que analizando el derrotero que está tomando la trama de Cristina e Isabel no auguramos nada bueno. Si hemos de ser sinceras con nosotras mismas, todas las señales apuntan a que la cosa no acaba bien. Y es que está claro que a favor, a favor… no tienen practicamente nada.
Para empezar, son lesbianas y ya sabemos lo que ocurre con las parejas de croquetas medianamente felices o enamoradas: lesbiana feliz, lesbiana muerta. Pero además tenemos que tener en cuenta que en el siglo XIX tolerancia, lo que viene siendo tolerancia… andaban escasitos. De hecho, la palabra lesbiana no sería de uso extendido hasta siglo XX. Es decir, que ni había una palabra de uso común para definir el amor entre dos mujeres porque, simplemente, no se concebía como posible. La propia Adriana Torrebejano (Isabel) se ha ocupado de remarcar esto en varias entrevistas, recordándonos, de una manera velada, eso sí, que las relaciones lésbicas no solían tener un final feliz en esa época. Salvo, bueno, si le echabas morro, acababas casándote por la iglesia y huías a otro continente como hicieron estas dos mujeres en 1901. Un final así sería lo ideal, ¿verdad?
“No seas tan pesimista, Isabel”.
Pero, por desgracia, no solo la época en la que se desarrolla la serie juega en contra del Crisabel. Si además tenemos en cuenta que…
Han intentado matar a nuestras lobitas en unas cuantas ocasiones y de algunas han salido por los pelos.
Que ya hemos sufrido la muerte de algún protagonista, que nos ha dejado esperando una resucitación milagrosa.
Que Isabel está casada y tiene un padre posesivo y autoritario.
Y que viven en un pueblo minúsculo donde las paredes tienen ojos… (sí lo sé, como cheerleader no tendría precio), pues apaga y vámonos, que no queremos sufrir más.
…la cosa se complica.
Es decir, que si sumamos factores y nos ceñimos a la realidad, acabamos concluyendo que nos vamos a pasar varios episodios moqueando, llorando, pataleando y odiando a los guionistas por darnos un final ultratrágico.
¿Pero es posible un final feliz aún teniéndolo todo en contra? Pues sí, contra todo pronóstico nosotras decimos que sí, porque somos así de chulas, porque nos va el riesgo y porque ¡viva el amor croqueta, coño!
Tras mucho pensar, tuve la brillante idea de preguntar a las chicas qué finales alternativos al trágico podrían tener nuestras #Crisabel y, claro, desaté el croquen (kraken croqueta) y eso fue un no parar:
Que si Buffy viviera en Tierra de Lobos abriría la boca del infierno, esta se tragaría a todos los habitantes excepto a Cristina e Isabel y vivirían felices para siempre en el bosque (porque no se sabían el nombre de ningún pueblo cercano, así que decidieron que lo mejor es que viveran en el bosque, no me pregunteis por qué)
Prueba de que en realidad no están en el S.XIX y nos podemos quedar tranquilas.
Lobo y Ruiz son abducidos por los extraterrestres de Los Simpsons. Y claro, problema resuelto.
Cristina e Isabel en realidad trabajaban en un parque de atracciones tipo Port Aventura o Warner Bros, en la zona del Salvaje Oeste, y de estar vestidas así todo el día han enloquecido y piensan que viven allí. Tenemos documento gráfico al respecto, ahora solo necesitamos convencerlas para que salgan de allí:
Todo es un sueño de Isabel, que un día paseando por el bosque se encuentra semienterrada la estatua de la libertad y se da cuenta de que están en EE.UU. en un futuro muy lejano. (Eeermm, no me hagais que os lo explique porque entonces no acabamos nunca…)
Aparece Marty McFly en el Delorean para traerlas al presente. Y de ahí que si en vez de Marty McFly que directamente se teletransportaban (pero la verdad no me quedó muy claro cómo pensaban teletrasnportarlas).
“Aquí pone condensador de flu… zo”.
Encuentran un armario en el bosque (¡qué fijación con el bosque!) que era como la Puerta de Narnia, pero que en lugar de Narnia acababan por fin en Marina D’Or.
Y así todo el rato… Con lo que llegué a la conclusión de que estamos fatal (quién me mandaría preguntar….) y de que lo de escribir guiones no es lo nuestro. Aunque, siendo francas, prefiriría un final absurdo como estos al final que por desgracia todas sospechamos que vendrá. Así que como lo de darle cordura a la cosa corre de vuestra cuenta, que no estais tan mal como nosotras (o eso esperamos): ¿Qué final imaginais para nuestras chicas en Tierra de Lobos? ¿Estáis convencidas de que terminará como el rosario de la aurora? ¿Creéis que es posible un final feliz?
Mediante un artículo en The New York Times, la actriz Maria Bello, conocida por sus papeles en Urgencias y El bar Coyote, reveló este fin de semana que lleva años saliendo con la que era, y es, su mejor amiga, Claire Munn. La actriz, que estuvo emparejada con el productor Dan McDermott y con el que tiene un hijo de doce años. Maria cuenta en el artículo cómo se dio cuenta de que la persona con la que realmente quería estar era con ella:
Mientras miraba las fotos, me encontré con una en blanco y negro de una de mis mejores amigas y yo, tomada en Nochevieja. Parecíamos tan felices que no pude evitar sonreír. Hasta ese momento no se me había ocurrido que pudiéramos amarnos de una manera romántica. […] Le expresé mis sentimientos y comenzamos el largo, doloroso y a la vez maravilloso proceso de tratar de averiguar cómo tenía que ser nuestra relación. ¿A qué había estado esperando todos esos años? Ella es la persona con la que más me gusta estar, con la que soy más yo misma.
En el texto, titulado A modern family, nos cuenta cómo fue explicarle a su hijo que su nueva pareja no sólo era una mujer, sino que era su madrina:
Tomé una respiración profunda, sabiendo que mi respuesta, y su respuesta, tendrían un impacto en nuestras vidas durante mucho tiempo. Él me contestó: mamá, el amor es el amor, seas lo que seas.
La actriz revela que ella, su novia, su hijo y el padre de éste, al que sigue considerando su ‘pareja’, se han convertido en una familia moderna que cena junta, ve partidos de fútbol y comparten actividades.
Me gusta considerarme una ‘lo que sea’: a quien quiera que ame, de la forma que lo ame, duerma en mi cama o no, haga con él los deberes o comparta la crianza de un niño, el amor es el amor. Y amo a mi familia. Tal vez, al final, una familia moderna sea sólo una familia más honesta.
Esta chica siempre me ha tenido en un dilema, porque a veces la miro y la veo guapísima y en otras ocasiones la miro y pienso “Su cara es rara”, aunque creo que su belleza consiste precisamente en eso, no tiene una cara común y no deja a nadie indiferente, y cuando me llamó mi madre el jueves para darme su nombre para que la pusiera en el blog, supe que no podía retrasarlo más. Hoy es el domingo de Lily Cole.
Que no os engañe su aspecto de niña, esta inglesa pronto cumplió veinticinco años el pasado catorce de mayo, así que a pesar de esa carita redonda y dulce, estamos ante toda una mujer de armas tomar que no tiene ningún problema en dejar claro que ya no es una niña. Obviamente ha sido su aire de Lolita el que le ha abierto muchas puertas, pero recordad que es mayor de edad hace ya mucho tiempo y, por lo tanto, podemos encontrarla todo lo sexy que queramos sin tener que flagelarnos después porque la culpa nos corroe.
Y lo cierto es que, en cuanto más y más la miro, más guapa la veo… Y también un poco más Mérida, pero de eso no hablaremos hoy. Supongo que todas sabéis que la chica es una supermodelo inglesa, pero ha tenido ya varias incursiones en el mundo del cine. Aunque antes de hablar de lo que ha hecho en el cine, hablemos un poco de lo que ha hecho en este videoclip del grupo Yeah Yeah Yeah, en el cual parece que la va a asesinar medio pueblo por ser incapaz de resistirse a sus encantos. Atentas al minuto 3:03, que viene con sorpresa de las agradables.
[youtube=http://youtu.be/jmRI3Ew4BvA]
No tiene desperdicio, verdad… Lo sé, lo sé. Es hasta injusto que tenga esa cara inocente y esas tetas que hacen que perdamos el juicio. Y no me digas que a ti sus tetas no te impresionan, porque no me lo voy a creer, que aún recuerdo cuando la vi en ‘El imaginario del Doctor Parnassus’ tumbada en aquella canoa en ropa interior, que ufff… Mejor no lo digo, os dejo que lo veáis.
¿No os ha parecido super interesante lo que dice Lily en los gifs…? ¡JA! Os he pillado que aquí ninguna se ha dado cuenta de que está hablando porque no habéis sido capaces de mirar más allá de ese pecho de Diosa que tiene. Os comprendo perfectamente, hay que estar por encima del hecho de ser humano para poder verlo, yo lo sé porque vi la película y me di cuenta de que, en esa escena, había una voz como de diosa que me invitaba a pecar mientras la miraba, y me di cuenta de que era ella. Os juro que Lily Cole es pecado en estado puro, porque no se puede parecer tan mona y adorable y estar tan jodidamente buenorra como lo está ella. ¡No es justo!
No sé qué es lo que pensáis de ella, si os parece guapa o sois de las que la veis algo rara, pero sea lo que sea, creo que está más que claro que la chica se ha ganado a pulso un hueco entre nuestras pelirrojas sexys de los domingos, y de no ser así, pues ya está hecho porque escojo yo. A ver si os creéis que esto es una democracia; pues no, ¿o es que no nos lo ha dejado ya bastante clarito el presidente?
Como yo no soy la que viene al blog a contar sus miserias, seguramente sois muchas las que no sabéis hasta qué punto odio mi trabajo, que es mucho, pero creo que ya he comentado alguna vez que me aburro mucho y se me ocurren ciertas entradas mientras estoy ahí. Y esta ha sido una de las entradas que se me han ocurrido. Esta noche vengo a hablaros de una película que nadie debería perderse.
Jennifer’s Body
No me gustaría entrar en si la película es buena o de qué genero es, porque son preguntas que no creo poder llegar a responder en esta vida. La película se supone que es algo así como de terror, pero os dejo una pequeña sinopsis para que saquéis vuestras propias conclusiones.
Jennifer (Megan Fox) y Needy (Amanda Seyfried) viven en un pueblo tranquilo de una zona rural de estados unidos en el cual nunca pasa nada y lo más emocionante que hay es un cutre concierto de un cutre grupo en un cutre bar, así que ambas van. El grupo, que está cansado de ser cutre, quiere empezar a vender discos como churros, pero como carecen de talento y padrino, deciden ofrecer una virgen en sacrificio a un demonio para que éste les conceda la fama. Y así es como Jennifer acaba asesinada por el grupo de música mientras ellos creen que ella es virgen. Pero no lo es. ¿Y qué pasa si ofreces a una no virgen en un sacrificio humano? Pues aparentemente que ésta vuelve convertida en un demonio que tiene la necesidad de asesinar. Lo malo es que Needy no ve con buenos ojos que su mejor amiga de pronto asesine gente y decide que, sea como sea, tiene que pararla.
¿Qué os ha parecido? Por si muchas os lo estáis preguntando ahora mismo; os juro que no es coña. Y si no me creéis, os dejo el trailer para que veáis que no miento. Ah, una nota añadida. Se supone que Amanda Seyfried hace de la amiga FEA de Megan Fox. Sí, fea, y esto tampoco es coña.
¿Y ahora qué me decís? Porque, ¿os habéis fijado en la forma en la que Needy mira a Jennifer? Sé que sí… A nadie le dejan indiferente esas miradas de amor. Porque son miradas de amor e idotralación máxima, que no es quepa duda alguna.
Pero seguramente muchas aún os estéis preguntando si realmente vale la pena el perder casi dos horas de vuestra vida con esta película por unas miradas. Mi respuesta es clara y contundente: Sí. De acuerdo que muchas ya sabéis de mi amor por el cine malo, pero es que esta película está por encima de ser buena o mala, por encima de los géneros, por encima de la clasificación por edades y por encima de ver algo bueno en la televisión un sábado por la noche, que todas sabemos que eso no existe. Además…
Y por si fuera poco, esta película tiene tanto subtexto lésbico que es como para echarla de comer aparte. No diré que es una película LGBT, porque no. O sea, si ni tan siquiera se puede decir que es una película de terror, ¿cómo voy a decir que es LGBT? ¿¡Estamos locas o qué!? Pero hay tema. De hecho le pedí a M como regalo una navidad un dibujo de Jennifer y Needy en pleno asunto por cómo estaba cuando terminé de ver la película: Shippeando a machete.
Así que os la traigo, junto a algunas escenas para que acabéis completamente convencidas de que tenéis que ver esta película sí o sí. Atentas, los gifs, obviamente, contienen spoilers, así que si alguna ya está convencida de querer ver la película sin haberlos visto, que no siga bajando (aunque estos de ahora no son muy spoilers), los gifs seguirán aquí cuando la vea y vuelva al blog para darme las gracias por haber hecho esta entrada.
Y ahora, la parte que de verdad no os quiero chafar si vais a verla. He aquí el motivo por el cual di saltitos en mi asiento cuando vi la película la primera vez #porelargumento y repetí y repetí y repetí de nuevo un poco más, de hecho, es posible que en cuanto acabe esta entrada, la vea de nuevo porque es sábado por la noche y no tengo nada mejor que hacer. Así de triste es mi vida. Atentas, los gifs interesantes vienen ahora.
¿Entiendes ya por qué tienes que verla? ¿Y por qué Jennifer diferencia entre ‘matar gente’ y ‘matar chicos’? Pues porque es más que obvio que entre Jennifer y Needy hay algo más que simple amistad, o si no de qué se le tira encima Needy de esa forma a Jennifer después de que ésta la bese… Buenas noches y disfrutad la película, ya sabéis #porelargumento.
Actriz, escritora, guionista, fan de Tierra de Lobos, a Paz Quintero (Sevilla, 1984) es posible describirla de muchas maneras, pero hay dos con las que todas la identificamos rápidamente. La primera, por ser un torbellino de vida, extrovertida, divertida, Paz está siempre que no para. Y la segunda, por ser una de las autoras LGBT de referencia en España, ganadora de la II edición del Premio Tercenci Moix de narrativa gay y lésbica. Hoy le dedicamos este espacio para charlar un poco con ella sobre sus dos últimas obras, el estado actual de la literatura lésbica y sus planes de futuro.
Has dicho en alguna ocasión que el día debería tener más de 24 horas. ¿Cómo haces para ser una todoterreno?
Beber mucho Red-Bull y tener a mano un desfribrilador. No, en serio, hago lo que puedo. Miro demasiado el reloj y voy aflatada de un sitio a otro. Soy un culo de mal asiento…
También vemos que eres una fiel seguidora de ‘Tierra de Lobos’. Siempre tuiteas sobre ello cuando la están pasando por la tele. ¿Eres más de Adriana o de Berta?
Me pones en una situación más apretada que la faja de Angela Merkel, porque en realidad tengo el corazón partío. Reconozco que hasta la fecha me interesaba más el personaje de Adriana, porque es la McGuiver de Villegos, pero Cristina últimamente se ha arremangado las enaguas y tiene más importancia en las tramas que antes. Adoro a las dos, porque sin ellas no sería posible que existiera Crisabel, el tuiteo gamberro y no habría tomado contacto con gente maravillosa como las que lleváis sitios como Hayuna lesbiana en mi sopa.
Tú estudiaste Arte Dramático, ¿a quién te hubiese gustado interpretar en esta serie?
Sin duda, el personaje de Lola. Me parece el más cuqui, divertido y tierno de todos, así que un ole por Elisa Matilla, porque lo borda. Una lástima la salida de Juan Mari, porque eran Pin y Pon.
¿Qué otras series sigues actualmente? ¿Y qué libros estás leyendo?
Ahora que he hecho un parón, porque me iba a dar una embolia, estoy disfrutando de series como CougarTown, Orange is The New Black, Revenge, Homeland y How I Met Yout Mother. Y en tema de libros, estoy por el cuarto volumen de la saga de Canción de hielo y fuego, de R. R. Martin: Festín de cuervos.
Ahora dejemos los libros de otros y hablemos del tuyo. ‘Un vuelo con escalas’ es una historia de amor, pero en ella encontramos también conflictos que suceden a mucha gente en la vida diaria, como enfrentarse a una pérdida, el mobbing o el enchufismo que domina las relaciones profesionales en España. ¿Te ha tocado sufrir alguna de estas situaciones o has tenido la suerte de poder evitarlas?
No todas, pero algunas sí. Un escritor no deja de reflejar, de alguna manera, sus experiencias vitales. Y aunque mis novelas no son biografías, sí tienen retazos de realidad, los cuales, bien disfrazados, se convierten en ficción. He experimentado, para mi desgracia, una pérdida muy importante en mi vida. Y sí, tengo allegados que han sido pisoteados en el trabajo y a los que han impedido ascender por el “juego de tronos” que hay en los puestos intermedios de una empresa.
El libro comienza con un accidente aéreo. ¿Por qué elegiste esta situación tan excepcional y no un accidente más común?
Porque ya que iba a escribir una historia de amor, quería hacerlo con un arranque potente. Me gustan las historias de acción que comienzan in media res, en plena tensión, dejando al espectador en shock para que piense: “¿Pero este libro no iba de besitos y caricias?”.
¿Tiene cura el enchufismo español?
No. Soy de las que piensan que es humano enchufar a familiares necesitados. Pero también pienso que, si vas a enchufar a alguien, que no sea un completo inútil.
Durante casi toda la novela, el enfrentamiento entre Patricia y Helena es tan tenso que se podría cortar con un cuchillo. ¿Crees que hay una competitividad latente en muchas relaciones entre mujeres? ¿Incluso en las sentimentales?
Va a sonar a topicazo, pero cuando has trabajado con hombres y mujeres ves perfectamente cómo actúan ellas y ellos en relación a ti… Las mujeres maquinamos, urdimos, cotilleamos más que los hombres. Ellos son más se salir a su hora a echarse un cigarrito, comentar cuatro cosas y volver a conectarse a internet para ver cómo va la Liga. Pero también es cierto que, como profundizamos más en esos lazos, las mujeres somos muy dadas a hacer buenas migas entre nosostras.
En las relaciones sentimentales, no sé. Tampoco es que yo haya hecho ningún estudio. Supongo que en ese caso más que por ser mujeres, por ser incompatibles en carácter. Porque la competitividad existe en hombres y mujeres.
Paz Quintero, junto a Mónica Martín.
Patricia carga con una mochila muy pesada de su anterior relación. ¿Intentabas mandar un mensaje de esperanza y superación a través de su personaje?
Cuando escribí Un vuelo con escalas mi intención desde el principio era hacer un libro positivo. Que contara algo duro pero que diera esa luz a la penumbra que a veces se nos planta encima a todos y no nos deja ver. De cualquier experiencia mala se puede sacar algo bueno, todo se puede relativizar. Cuando pasamos por el trance ya no somos las mismas personas que cuando lo empezamos. Lo importante es crecer con lo que has aprendido y saber contra lo que has luchado.
No queremos destripar la trama del libro, pero hemos de reconocer que echamos de menos una escena más íntima entre las protagonistas. ¿Qué te llevó a no incluirla?
No soy una escritora que sea explícita en ese tipo de escenas. Hay varias autoras que escriben varias de esas escenas en sus libros, algunas son hasta expertas en literatura erótica. Pero mi estilo no es así. Para mí la relación sexual no es de lo más importante. Sino todo lo que han tenido que superar para encontrarse a sí mismas. Quizás en eso soy muy de cine. Las pongo en situación, se van arrimando en plan cucharilla y… fundido a negro. No sé, es como darles intimidad a los personajes. Todo el mundo se imagina lo que van a hacer una vez se apaga la luz de la mesilla de noche…
¿Consideras que se sexualiza demasiado la ficción lésbica? ¿Las lectoras estamos tan acostumbradas a las escenas eróticas que choca cuando no se encuentra con varias en un libro?
Creo que hay diferentes estilos. Eso es muy bueno, porque cada lectora podrá elegir, en cada momento, lo que quiere leer. Y me gustaría pensar que, por lo que anteriormente he comentado, soy de otro estilo distinto al que me indicas en tu pregunta. Quizás ahora esté en boga hacer historias sin tapujos, pero es que hay novelas que demandan esa frescura sexual. Cada autora sabe el porqué las cuela en sus obras. Por ejemplo, en Siete Tentaciones, las protagonistas de Fan Fatal, el relato que escribí, se presentan en medio de un polvo (por cierto, en ese relato hago un homenaje a Adriana Torrebejano y a Berta Hernández en la página 197). Por la temática del libro y las bases planteadas a la hora de escribirlo, sí me sentí a gusto metiendo una escena sexual. Lo que está claro es que, en general, no soy muy de descripciones milimétricas ni excesivamente explícitas. Insisto, a veces es mejor sugerir que mostrar. Y yo prefiero ser sutil, fundir a negro, que si no, se me resfrían.
¿Por qué se publican tan pocos libros de temática lésbica?
Esa pregunta mejor plantéasela a las editoriales. Aunque te imaginarás que es, básicamente, por el nivel de ventas. La cosa ha cambiado, en estos últimos años. Hay más autoras y más variedad. Pero sigue vendiendo más el hombre, por ser un perfil más consumidor.
La ficción nacional está viviendo un momento dulce en cuanto a cantidad de obras. Cada vez hay más, si bien es cierto que muchas autoras se decantan por la autoedición. ¿Se puede llegar igualmente al público prescindiendo de la editorial tradicional?
Está claro que el apoyo de una editorial que saque tu obra en papel es muy importante. Pero el e-book es el gran competidor de un sistema de ventas injusto, en el cual la mayor parte se lo lleva el distribuidor. Si un autor hace su propia estrategia de marketing en redes sociales y medios on-line, puede llegar a tener más impacto. Además, el precio del libro electrónico es más bajo, por eliminarse los costes de intermediarios, con lo cual lo hace más atractivo para el lector potencial.
¿Tiene margen de mejora este mercado en España? ¿Qué crees que le hace falta a la literatura lésbica española?
Precisamente creo que habría que apostar más por ella, creer más en las autoras españolas. El 80% de la literatura lésbica es importada y traducida del inglés. Así que desde aquí animo a todas las escritoras en potencia a que saquen sus manuscritos del disco duro y los presenten a las diversas editoriales LGTB. ¡Que aquí tenemos para negra, a ver cuándo nos lo creemos de una vez!
Hablemos de ‘Nos vemos en Chueca’. Es la primera obra teatral cómica LGBT en formato Kindle y en español. Nos plantea algo tan cotidiano como los encuentros que se producen a diario a la salida del metro, en la plaza de Chueca. ¿Qué te motivó a escribirla?
¿Sabes esa etapa de la vida en la que te apetece divertirte sin más? La mía fue el año pasado. Salí mucho, viajé por España, asistí a eventos, me invitaron a fiestas y conocí a mucha gente y muy, muy diversa. Viví situaciones surrealistas y locas. De toda esa mezcla, de esa montaña rusa, nació la idea de Nos vemos en Chueca.
En tus obras, el humor es un elemento que está muy presente. ¿Es un reflejo de tu propia personalidad? ¿Veremos algún día a una Paz oscura y dramática? ¿Existe esa Paz?
Me gusta el humor. Me encanta que la gente tenga sentido del humor. Que desdramatice. La vida ya es lo bastante seria como para añadirle más drama. Eso sí, no significa que yo vaya por la calle vestida como el payaso de Micolor… Pero de ahí a que de repente me vuelva un cuervo, lo dudo. He escrito cosas más serias, como una obra que hice para microteatro y que se representó este año, titulada Frank. A la hora de escribir soy versátil, pero la cabra tira al monte y en donde me siento más a gusto es en la comedia (o en la mezcla de comedia y drama, para que no sea todo un mar de lágrimas).
Háblanos de los proyectos que estás preparando actualmente. ¿Con qué planeas sorprendernos a corto plazo?
Continúo preparando obras de microteatro para 2014. Igualmente, ando reescribiendo el que será mi tercer corto, el cual espero que se llegue a filmar en unos meses. ¡Ah! ¡Se me olvidaba! Y en el mes de febrero del próximo año impartiré clases de iniciación al guión en un espacio multidisciplinar que han abierto en el centro de Madrid (www.quintadelsordo.com). Espero encontrarme allí con aquellas lectoras a las que les guste escribir cine.
PAZ QUINTERO EN 10 SEGUNDOS…
Un lugar para escribir.
El sofá de mi casa, con una taza de té y buena música de fondo.
Un lugar para inspirarte.
La calle. Cuando camino sola y paseo por Madrid se me dispara la imaginación.
¿Tiene nombre tu musa?
No creo en las musas. Tengo momentos de creatividad y de bloqueos horribles, como todo el mundo. No escribo pensando en nadie ni para nadie. Escribo por placer o por la necesidad de contar algo que he imaginado en mi cabeza y que deseo compartir.
Tu mayor fan.
Espero que mi novia. (La cual se va a reír al leer esto.)
Tu mayor crítico.
Mi novia. (La cual se va a reír más que antes, leyendo esto, y de forma maligna.)
Un libro.
Te diría muchos, pero el primero que ahora mismo se me viene a la cabeza y que me encanta: Cinco horas con Mario.Un autor.
Matilde Asensi.
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No os vamos a mentir: hasta ahora el nombre de Mike & Molly nos sonaba a nombres de vendedores de la teletienda. Pero ya que estamos dándoos pistas (o más bien luces de neón) sobre todos los shows en los que aparece una escena lésbica, aunque sea breve y poco importante para la trama, no podíamos pasar por alto esta serie en la que en el último episodio Susan Sarandon hace un cameo de lo más croquetil y besa a Melissa McCarthy. Y es que es Susan Sarandon. Que aunque en el apartado de pelirrojas maduritas, algunas somos más de Julianne Moore (repetid conmigo: oooh, Julianne!), a esta gran dama que es la Sarandon nunca le hacemos ascos.
Pues en el último episodio, nos cuenta AfterEllen que Molly (Melissa McCarthy) está en un supermercado con su marido cuando ve a una escritora a la que admira con toda su alma. Se trata de J. C. Small (Susan Sarandon) y rápidamente se acerca para tener una conversación con su ídolo, mientras la autora rellena su carrito de la compra hasta los topes con botellas de vodka. Dado que el horno no está para bollos (ni para croquetas, aparentemente), la escritora desdeña las atenciones de Molly y la manda a paseo diciéndole “ve a casa y escribe”, un consejo lleno de sarcasmo que la protagonista se toma al pie de la letra.
Al día siguiente, Molly aparece con un manuscrito en la casa de J.C., y a causa de un tropiezo con unas botellas en la entrada, el estruendo provocará que la escritora salga del inmueble, lo que llevará a una conversación sobre lo que ha escrito la protagonista y a un nuevo consejo: ahonda más en tus experiencias personales, cava, llega hasta el fondo. Mal consejo, por lo que se ve. De nuevo, Molly se lo tomará al pie de la letra y acabará peleándose con su madre durante la cena de Acción de Gracias. “¡Arruinaste mi niñez!”, le espeta, antes de largarse a casa de la escritora, en busca de consuelo.
El resto, es historia. El beso se produce de una manera totalmente cómica, en línea con el tono de la serie, en una especie de forcejeo bastante absurdo. El personaje de Susan Sarandon se pone a tono con su vodka y empieza a lanzar pedacitos de comida al pelo de Molly con la esperanza de ensuciarla lo suficiente para que se den un baño juntas. Y Molly está dividida entre ser racional y rechazar esa extraña oferta de una desconocida o complacer a su escritora favorita. Ni lo uno ni lo otro. Al final el beso es una especie de forcejeo de contorsionistas, orientado a caricaturizar el personaje de Sarandon. Podéis ver la promo del episodio para captar todavía más el tono humorístico en el que se desenvuelve todo:
Por veinticinco pesetas: nombres de actrices que han interpretado papeles lésbicos… y han repetido. Seguro que os vienen algunos (muchos) nombres a la cabeza . En su día os hablamos de Natasha Lyonne, que tiene el récord mundial de croquetopapeles, pero hoy os traemos a una candidata a arrebatarle el título: Jaime Murray. Porque ella lo vale y porque te mereces alegrarte la vista, hacemos un recorrido por sus papeles lésbicos.
Espartaco: Sangre y arena
En esta serie, Murray interpreta a Gaia, una socialité romana que consigue, con su encanto y su personalidad manipuladora, seducir a su amiga Lucretia, que no es otra que… ¡Lucy Lawless! Así, bajo el influjo del opio, las dos nos regalan las escenas que Xena nos dejó pendientes.
Ringer
El guilty pleasure por excelencia: no hay serie que me trajera más satisfacciones la temporada pasada. En ella, Jaime interpreta a Olivia, la socia de Andrew. Y en twist que le dio bastante vidilla al asunto, terminó liándose con… la ex mujer de Andrew. Así es Ringer, una caja de sorpresas.
Warehouse 13
En el subtexto menos subtexto de la historia, Jaime es H.G. Wells, una escritora del siglo XIX que, por azares del destino, termina encerrada en un almacén donde el gobierno guarda todas las criaturas sobrenaturales que existen. La encargada de detenerla es Myka (Joanne Kelly), una agente con la que empezará una relación más que estrecha.
Aunque en la serie no llega a suceder nada, las dos actrices se han encargado de avivar el asunto, con declaraciones como: “El futuro romance de Myke sólo puede ser con HG” o “Myka siempre amará a HG” y también “estamos enamoradas”, a lo que un compañero añadió “pero no en modo tijeras”, aunque Kelly respondió “DEFINITIVAMENTE en modo tijeras”. Clack, clack, clack. Más claro, agua:
Defiance
Como no hay dos sin tres, tampoco hay tres sin cuatro. Defiance se estrenó esta primavera pasada, y, claro, Murray tiene interpretación croquetil, nada más y nada menos que con Jenny Schecter Mia Kirshner. En esta serie ambientada en un futuro en el que coexisten humanos y extraterrestres, Jaime es Stahma, una alienígena casada con el hombre más poderoso de Defiance, y Mia es Kenya, la madame (sí, regenta un prostíbulo intergaláctico, no me mires así) de la ciudad. Así que, como imagináis, la historia es de lo más emocionante. Y las imágenes, también.
Fright Night 2: New Blood
He de confesar que no he tenido modo de ver esta película de vampiros, pero mi intución no me ha fallado y, viendo el tráiler, nos encontramos a la actriz croqueteando discretamente frente a la ventana con una pelirroja. Hell yeah! ¡Jaime si que sabe mantener una fanbase en condiciones!
Uno pensaría que por la profesión que he elegido y mis experiencias previas con el mundo de la ginecología estaría mucho más tranquila e iría con mucha naturalidad y lo afrontaría como una persona adulta y madura. Lo pensaría si no me conociera, asumo.
Si por algo me caracterizo es por no afrontar las cosas con madurez y por hacer EL DRAMA, (vuelvo a decir que en otra ocasión hablaremos sobre ello), así que puede decirse que yo iba bastante predispuesta a que la experiencia fuera digna de una primera vez.
La cosa empezó mal.
Un consejo os voy a dar, ginecólogos: STOP A LAS ESPERAS. Quiero decir, bastante me jode esperar de normal (¿podemos decir jode aquí?), pero puedo aceptarlo si es por algo que quiero hacer. Hacer cola para un concierto: me vale. Esperar para pedir un café en un sitio con café bueno: lo puedo sobrellevar. Cuarenta minutos sentada en una sala esperando a abrirme de piernas delante de un extraño: INACEPTABLE.
Es que me parece fruto de una mente perversa: “Sí, vamos a tener a esas mujeres allí esperando para que puedan pensar en una exploración ginecológica con detalle y puedan reproducirlo una y otra vez en su mente”. Es tortura psicólogica.
El creador de las salas de espera para el ginecólogo.
Y hasta aquí la parte común con las heteros. Porque ya sé que ir al ginecólogo es algo que en general le parece incómodo a todas las mujeres, pero sinceramente creo que si eres lesbiana la cosa se multiplica.
Todo empieza con la historia clínica. Te preguntan lo típico: nombre, edad, antecedentes familiares, antecedentes médicos, etc. Y DE REPENTE EMPIEZA LA TORTURA REAL:
—¿Usas protección?
—Ehhh no. Tu mente te grita desesperada por que le expliques la razón, pero tú estás en shock, paralizada, respondiendo a sus preguntas como una autómata.
—¿Pero tienes relaciones sexuales?
—Ehhh sí.
—¿Y no usas protección?
—Yo, eh, bueno, no.
—¿Usas la píldora, entonces?
—No. Ahí ya te das cuenta de que para él es incómodo interrogarte de esa forma y que estás quedando como si fueras gilipollas, así que decides salir del armario (otra vez. ¿No os da la sensación de que os pasáis la vida saliendo del armario?).
—Yo, bueno, es que, eh, yo, soy lesbiana.
Aquí me pongo colorada como un tomate y el médico me mira como dándose cuenta por primera vez de que efectivamente tiene delante a una tía que es imbécil.
Nunca había deseado tanto ser un avestruz.
Yo pensaba en mi ingenuidad que la tortura se había terminado y que a partir de ese momento todo iba a ser coser y cantar. Y entonces, cuando yo ya estaba relajada (o todo lo relajada que puedes estar en una de esas sillas que hacen que te sientas lo más expuesta que te has sentido en tu vida… y tened en cuenta que lo dice alguien que no duda en contar sus miserias cada dos jueves), el ginecólogo me mira desde al lado del ecógrafo y me pregunta, así a bocajarro y sin anestesia:
—¿Usas juguetes como consoladores en tus relaciones sexuales?
—¿Disculpe?
(Esto es una cosa que me pasa, que cuanto más incómoda me siento más educada tiendo a ser).
—No, bueno, eh, yo, esto, era por saber si puedo usar el ecógrafo transvaginal —dice el tío con la mayor cara de incomodidad que he visto en mi vida.
Y ahí te das cuenta de que, probablemente los ginecólogos odian casi tanto como nosotras esas visitas.