No me gusta la Navidad y no me gustan las películas navideñas, pero debido a mis obligaciones como sufrida podcaster en Fan Grrrl, he tenido que verme un porrón este año.
Dejando a un lado el hecho de que creo que me ha subido el azúcar y tengo estrés postraumático que se desata al oír un villancico, me he dado cuenta de una cosa: ¿Y las personas LGBT?
No es que la representación LGBT en el cine sea una maravilla, pero en el sector “películas navideñas” es inexistente.

He visto todo tipo de variaciones de romances heterosexuales. En serio, buscad en Netflix. Poned Antena 3 un domingo. El otro día vi una película en la que una mujer que es adicta al trabajo y nunca se ha enamorado, pasa las fiestas en un hotel que tiene que vender y ¡Oh, Milagro de Navidad! Se enamora de un fantasma. ¡Un fantasma! ¡Que solo aparece en Navidad! Y lo más flipante de todo es que ¡ACABA BIEN!
En ese momento dije, ¡basta ya! Yo quiero todas estas películas pero con señoras enamorándose. Quiero películas malas, terribles, de presupuesto mínimo y actrices reguleras que hablen de enamorarse en Navidad; para poder verlas bajo una manta con un chocolate caliente y evadiéndome de la auténtica Navidad, la que tienes en casa y no es para nada tan guay.
Así que me he puesto a preparar un argumento posible, a ver si alguien se anima a hacer una película con él.Y ya si tal, me llamáis.
Una Navidad sin ley (A Lawless Christmas)* (*Título pendiente de revisión).
Sarah es una abogada adicta al trabajo que nunca celebra la Navidad. Ni siquiera pone un árbol en su casa, no tiene tiempo, está trabajando. Este año le han prometido un ascenso en el bufete y está más comprometida que nunca.
Le asignan un caso de un cliente muy rico, que trata mal a todo el mundo. El cliente se llama Dick Rogers, tiene una constructora y quiere construir un rascacielos monstruoso en medio de un barrio cálido y acogedor. Si no lo ha hecho todavía es porque no tiene el terreno suficiente, para ello necesita que el refugio de animales sea desalojado.
Sarah tiene que ir al refugio a negociar con la abogada de la protectora, Lisa. Al principio Sarah y Lisa se odian, pero se ven forzadas a pasar un día entero encerradas discutiendo sobre cláusulas y precedentes. Cuando salen, sin haber logrado nada, están preparando la fiesta navideña para recaudar fondos del refugio. Lisa le dice que es tarde, pero que pueden comer un perrito vegano en un sitio cerca, que de todas formas algo tendrán que cenar. Al principio Sarah se muestra reticente, aunque al final va. Lisa la invita y a Sarah le parece que, aunque sea vegano, está muy bueno.
Al día siguiente tienen que seguir las negociaciones. Sarah aparece con dos cafés, uno con leche de soja para Lisa. Y así varios días.
Una noche salen y acaban las dos debajo del muérdago, y Robert que está por ahí con un cachorrito de pastor alemán, les dice que tienen que besarse. Las dos mujeres se ríen y dicen que es una tradición absurda. “Es una tontería”, “a mí me da igual”, “a mí no me importa”, “deberíamos besarnos no sea que nos de mala suerte”. Robert dice “Venga, ¡es Navidad!”. Sarah y Lisa se besan con los ojos cerrados, mucho más tiempo del que deberían para ser un beso de compromiso, y al separarse se miran, se ríen nerviosas y se despiden hasta el día siguiente.

Sarah vuelve a casa sonriendo, suenan villancicos navideños y le da dinero a un músico callejero.
El jefe de Sarah le llama muy enfadado porque el asunto no avanza y la amenaza con despedirla si no consigue cerrar el Refugio inmediatamente.
Tras dudar, Sarah decide dejarse invadir de espíritu navideño y acude al día siguiente a la fiesta de la protectora. Saca a Lisa a bailar y le dice que le ha mandado todas las irregularidades que está cometiendo su cliente en un email, que impedirán que pueda hacerse con el refugio y construir su edificio. Lisa, sorprendida y emocionada, le pregunta si se ha vuelto loca y le da las gracias.
Sarah, sin embargo, le dice que gracias a ella. Llevaba mucho tiempo sin que nada la llenase y ha entendido que tiene que defender algo en lo que realmente cree, así que va a empezar su propia firma. Para agradecérselo quiere invitarla a cenar, si ella quiere.
Lisa dice que le encantaría. La última escena son ellas dos besándose en medio del baile.

Fin.
¿Cursi? Sí, de morirse. De eso se trata.
Parece que Kristen Stewart ya se ha animado y nos va a dar una bollopelícula navideña, así que por si acaso, ahí dejo la idea para futuros proyectos.











Ha trabajado también con fotógrafos como Guy Aroch, Guy Lowndes, Harper Smith, Mark Seliger y Mark Squires. Su trabajo ha sido publicado por los medios más prestigiosos, como Vogue Russia, Interview y L’Uomo Vogue.
Masha tiene dos hijos: Rumi, de dos años, y Julian, de cinco. Según apuntaba TMZ, Demi y Masha se están ocupando juntas de la crianza de la pequeña, ya que las dos llevan juntas aproximadamente ese tiempo, dos años, aunque las dos mujeres se conocen al menos desde 2014, cuando coincidieron en una fiesta del fotógrafo Brian Bowen en West Hollywood.
Su búsqueda se convirtió en un asunto nacional. Por primera vez se emplearon aviones, alrededor de mil policías escudriñaron hasta el último centímetro de la isla, e incluso Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, se hizo con un guante de su colega para hacérselo llegar a una medium y comprobar si lo sobrenatural podía hacer aquello que de otro modo no estaba siendo posible.
La historia de su búsqueda llenaba los tabloides, y es que la realidad superaba a la ficción. Se encontró su coche, accidentado, cerca de un lago donde dos niños habían aparecido ahogados, y la nube del suicidio empezó a revolotear sobre el caso, pese a que nada podía haber hecho pensarlo: su sexta novela, The Murder of Roger Ackroyd, acababa de salir al mercado, y era, una vez más, un éxito. Por ello, algunos hablaban de táctica publicitaria.

Las protagonistas de esta miniserie serán Ruth Bradley (


Como una ola, la noticia de que 


